EL PROBLEMA DE LOS MIGRANTES: UN ASUNTO DE RAIZ

Las pavorosas imágenes que se transmitieron hace algunos días desde Iquique, Chile, en contra de grupos de migrantes venezolanos, se han tornado cada vez más recurrentes. Mientras las escazas pertenencias de los migrantes ardían en hogueras azuzadas por la saña y el reconcomio, circulaba por las redes un mensaje atribuido a un candidato peruano que con exagerada teatralidad amenazaba con actuar contra los venezolanos, envenenado sus palabras con epítetos, falsedades y hostilidad. Todo ello se une a las funestas declaraciones de la alcaldesa de Bogotá que, en los aprietos en los que se mete, no encuentra otra carta de salida que exacerbar la xenofobia, queriendo ocultar con la supuesta culpabilidad de los venezolanos, sus torpezas y desatinos.  Ante los abusos que se cometen contra los venezolanos en el exterior vemos un cada vez mas disminuido servicio exterior venezolano, sumido es una especie de estado catatónico. El drama migratorio venezolano es alarmante y se equipara a las funestas realidades de Siria y el África subsahariana. Improvisadas embarcaciones rumbo a las Antillas, caminatas riesgosas para llegar a Colombia, Brasil o Guyana –bien sea para quedarse allí o seguir a otros destinos- y largos periplos en autobús o caminando, son el escape que encuentran muchos para tratar de conseguir en otras latitudes las condiciones mínimas para vivir y tratar de ayudar a sus familias, mientras la región habla bonito, pero pone trabas para cualquier inserción migratoria plena.   El gran inconveniente es que la comunidad internacional y los analistas solo están observando el asunto concreto del impacto que tiene la llegada de migrantes a sus regiones, sin entender que el problema radica en las causas que provocan dicho éxodo. Mientras en Venezuela se mantenga un régimen que recurre al empobrecimiento de la población como mecanismo para someterla, utilizando la represión, a la censura y al terror para mantenerse en el poder, atornillado además por unos poderes mal constituidos que no permiten la institucionalidad necesaria, la salida de ciudadanos se seguirá incrementando ante la mirada indiferente de quienes usurpan el mando, que a la larga, parecieran actuar con interés de que se marchen los individuos, para de esta manera tener que atender menos población y también para atestar los servicios de naciones cercanas, buscando que internamente se generen caos y desorden contra las administraciones de dichos Estados. Toca a la comunidad internacional seguir presionando para una salida rápida y lo menos traumática posible a la crisis que afronta Venezuela, De lo contrario continuara siendo imposible evitar que los venezolanos continúen huyendo de su trágica realidad. Los enseres ardiendo de los venezolanos en Iquique, es la evidencia de que si el problema no se atiende, experiencias humanitarias como las del Medio Oriente, la antigua Yugoslavia o África, serán cada vez menos lejanas. Lo fundamental pasa por entender que si no cambia, para bien, la situación interna de Venezuela, las cumbres internacionales, los recursos de la cooperación internacional y las declaraciones, no serán más que sentidos deseos y cosméticos exhortos. 

Paradojas chinas ¿Siempre grande?

Por Agustin Urreiztieta Evergrande Group, el grupo inmobiliario chino al borde de la quiebra se ha salvado, por ahora, mediante negociaciones tras bambalinas. La mano del gobierno chino impide in extremis la insolvencia inminente del gigante de pies de barro y mantiene por los momentos la tapa sobre una olla financiera y social en ebullición. Esta es una de las curiosas paradojas que el mundo postmoderno nos estruja en la cara. China, “siempre grande” digna de admiración por su progreso y objeto de temor y estupor ante su crecimiento desmesurado. El mundo sufre de escalofríos ante su poderío económico, militar, científico, demográfico, pero también tiembla de miedo cuando es frágil y temblorosa, como lo demuestra el caso del conglomerado Evergrande. Evergrande es el segundo grupo inmobiliario más grande de China, un coloso en un país de 1.400 millones de habitantes que se urbaniza a un ritmo acelerado. Su portafoliode negocios es impresionante. Para ello los números son más elocuentes que las palabras: 100 millardos de dólares americanos en ventas en el 2020, 12 millones de propietarios/clientes,132 millones de metros cuadrados en proyectos en construcción, 231 millones de metros cuadrados de parcelas para construcción, solo por brindar algunos datos de acceso público. Asimismo, produce vehículos eléctricos, invierte en temas de salud, en bancos, es dueño de un equipo de futbol y mucho más. Pero bien dice el viejo adagio, no todo lo que brilla es oro. A pesar del nombre pomposo y trascendente, Evergrande: siempre grande y, si lo leemos sin la “e” al final, siempre grandiosa, la empresa pretendía ser un reflejo de la majestad eterna del Imperio Celeste, la gran China moderna bajo el estoico diktat del neomandarinato. Pero la realidad es cruel y muerde. La acción de Evergrande pierde 90% de su valor y se encuentra al borde de la quiebra. Aplastada bajo el peso de una montaña de deuda de unos 300 millardos de dólares americanos. Léase bien la cifra, es un número 3 con 11 ceros a la derecha (300.000.000.000 dólares americanos) de deuda. Un hedor de riesgo sistémico al estilo 2008 sacudió los mercados globales de capital. Enseguida se temió un “Lehman Brothers chino”, en trágica referencia a la quiebra del banco americano que disparó la Gran Crisis financiera de 2008. Al borde del abismo, Evergrande anunció que podrá saldar un primer tramo de la deuda vencida. Paliativo que logró calmar los excesos por el momento. Aunque nada definitivo pues la burbuja inmobiliaria china permanece intacta. Esta situación merece varias lecturas paradójicas. La primera, nos muestra que una de las grandes diferencias entre la Guerra Fría con la Unión Soviética y la que se está formando con China es la globalización económica y financiera. En los días de la Unión Soviética, habría sido imposible que los aprietos financieros de una empresa soviética motivaran una caída de los mercados de capital occidentales. Sorprendentemente, los banqueros hiper capitalistas del mundo occidental, pierden el sueño por la salud de un grupo inmobiliario chino. Al mismo tiempo, Demócratas y Republicanos en Washington se quiebran la cabeza para frenar la expansión e influencia de Pekín. Mundo de curiosas paradojas. La segunda y, probablemente la más importante lectura, es que el Partido Comunista Chino no puede permitirse un “Lehman Brothers” nacional. El riesgo sistémico es palpable. El tamaño de Evergrande y su impacto en millones de clientes, familias y modestos propietarios podrían verse perjudicados si el conglomerado cierra las puertas definitivamente. Es extremadamente peligroso y políticamente imposible. Otra cifra nos muestra el tono del problema: se calcula que la empresa tiene pendiente la entrega de un 1.6 millones de apartamentos en construcción para los cuales los compradores hicieron adelantos, contrataron deudas y compromisos con bancos y prestamistas. Fácilmente se intuye el efecto dominó de una debacle. En la economía híbrida china, a pesar de las apariencias capitalistas, la política siempre tiene la última palabra. China es un bastión sobreviviente del capitalismo salvaje. Sin sindicatos, sin derecho a protesta, sin libertad de expresión ni libertades y garantías al estilo occidental. Al mismo tiempo, con un poderoso capitalismo de Estado que ha amparado el crecimiento vertiginoso de un enorme sector privado. Sin embargo, permanece sujeto al gobierno central del Partido Comunista Chino. Por ello, el mismo tinglado burocrático que de un plumazo decide apartar al magnate del Internet Jack Ma, sin mayor trámite y debate se permitirá rescatar a Evergrande de la bancarrota irreversible, mientras aplica castigos ejemplares a sus ejecutivos. Es la tónica del momento en China, moderar el entusiasmo de sus capitalistas salvajes. Así se ha hecho en los últimos meses con los casinos, la educación, los mercados financieros, las criptomonedas, los medios, el precio de los inmuebles, los servicios banqueros informales “bajo la sombra” y tantos otros sectores. En efecto, la convivencia del capitalismo y el comunismo en China ha dado lugar a extremos. Por un lado, enriquecimiento súbito y actividad empresarial galopante y por el otro los desajustes legales y regulatorios propios de un sistema comunista no diseñado para el control y supervisión de un motor económico privado increíblemente dinámico. Por ello, el neomandarinato decide en su estilo totalitario imponer el orden. No con negociaciones, ni diálogos entre partes interesadas, como sucedería en una verdadera democracia, sino con imposiciones, medidas perentorias y castigos ejemplares. Aún estarían pendientes las consecuencias para el presidente ejecutivo de Evergrande, Hui Ka Yan, quien según la revista Forbes desde el 2009, recibió unos 8 millardos de dólares americanos en dividendos mientras la empresa apilaba su montaña de deuda y se iba al garete. Y las sorpresas no se agotan por esas remotas latitudes. Se trata de un régimen comunista totalitario, donde se desconocen libertades básicas, la gente no protesta y no exige sus derechos individuales. Sin embargo, son los problemas de una empresa capitalista china en un régimen comunista, los que provocan las protestas de inversionistas frente a su sede en Shenzhen. Singulares paradojas evocadoras de la novela “Cambios” del premio Nobel de literatura chino, Mo Yan. Este es el peor escenario que

La Diplomacia y el Golf

Por Ignacio Arcaya “La mejor credencial para un diplomático es un hándicap de un solo digito en el Golf” (Ego dixit)  Siguiendo la pasión  de mi padre  por el golf,  me  inicié  con  él a los  10 años  de edad en el Caracas Country Club, el cual fue fundado  el  1919,  inter  alia  por  mi  tío abuelo Pedro Manuel Arcaya y del cual donde  todavía  soy  miembro  y  jugador activo (Mi hijo y mi nieto  han  continuado  con  la pasión,  mejorando  considerablemente a las dos generaciones anteriores) Mi primer destino diplomático  fue en 1966 como Tercer Secretario  en Ginebra,  allí solo jugué, un par de veces cuando acompañé al entonces embajador venezolano de turno, a la antigua sede del Golf Club de Genève Estando en Ginebra  me trasladé a Caracas  a presentar  el Concurso  de Oposición  para ingresar a la Cancillería  como  Diplomático  de  Carrera  y casarme.  Cosas  que  hice, regresando a Ginebra como funcionario de carrera, con Lilí ya que sin ella no hubiera llegado ni a primera base. En 1968. re g re s e a la Cancillería, como Jefe de la Oficina ( Segundo Secretario) de los Comisionados de Venezuela en La Comisión Mixta de Limites con Guyana y jugué golf con cierta regularidad en el Caracas Country Club y en La Lagunita.  También  tuve oportunidad jugar durante los viajes a las reuniones de la Comisión en México, Barbados, y Trinidad. Luego de mi paso por el Servicio Interno, fui nombrado, en 1969 , Primer Secretario en la Delegación Permanente ante la OEA en Washington, donde comencé a usar el golf como un instrumento diplomático. Ingresé al Bretton Woods Golf Club, creado por al Fondo Monetario Internacional (FMI)  para  la comunidad  internacional  de Washington, i.e.  el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM), la Organización de Estados Americanos (OEA) y donde los diplomáticos acreditados en esos organismos podían ser miembros.  mientras  tuvieran  esa  calidad.  Allí tuve  la oportunidad  de jugar  con  diplomáticos de distintas misiones permanentes, acreditados ante esas Instituciones,  así como  con funcionarios de las mismas En 1972 fui trasladado a  Caracas  como  Consejero  en  el Instituto  de  Comercio Exterior (ICE). Continúe jugando golf con regularidad en el Caracas Country  Club  y La Lagunita, así como en los viajes a reuniones en el exterior que me tocaba asistir como Jefe de Relaciones Internacionales del ICE, como sucedió en visitas de trabajo, a Colombia, Perú, Chile, la India, México, Suiza y Estados Unidos. Volví al exterior en 1975 como Ministro  en la Embajada  en Paris.  En vista  de que el Golf Club de Saint –  Cloud,  mi preferido,  solo admitía  como  socios  diplomáticos  a embajadores,   me hice miembro de Saint Nom La Breteche Golf Club, donde jugué, durante mi permanencia en Paris,  con diplomáticos  acreditados  en Francia,  la UNESCO  y la OTAN,   así como  también con funcionarios gubernamentales, principalmente del Quai D’Orsay En 1978, fui designado Embajador en Australia con jurisdicción en Nueva Zelandia y Fiyi. Fue para mi un alto honor pues ello significaba que era el primer Funcionario de Carrera en la historia republicana de nuestra Patria que llegaba al Rango de Embajador Apenas llegué “Down Under” me hice  miembro  diplomático  del Royal Canberra  Golf Club donde verdaderamente comencé a usar al máximo el Golf como un instrumento diplomático. Los embajadores y altos comisionados golfistas, con la ayuda de la Dirección del Protocolo organizaban torneos de golf seguidos  de actividades  sociales.  Al poco tiempo  de mi llegada tuvo lugar el primer Torneo en que participé y fue con el Primer Ministro Malcom Fraser y miembros de su Gabinete, seguido de una  recepción  en la Embajada  de Francia.  Luego vinieron  otros  torneos,  ya que se trataba  de tener  ese evento  una vez al año. Participé   en tres de esos torneos Con igual formato se hicieron torneos anuales de golf y tenis, con los miembros del Parlamento. Tuve la oportunidad    de participar en cuatro  de ellos.  La informalidad característica del golf hacia que la relación  personal  entre  los embajadores  y los altos funcionarios y parlamentarios fuera mas fluida y cordial, lo cual facilitaba enormemente la labor diplomática Cuando presenté credenciales en Nueva Zelandia, aproveché para jugar con unos amigos golfistas en el Royal Wellington Golf Club En una visita Oficial del Primer Ministro de Fiyi, Ratu Sir Kamisese Mara, a Canberra,  el Protocolo  australiano  le organizó  una partida de golf y fui invitado  a participar  en  ella. Cuando me tocó ir a Suva a presentar credenciales al Gobernador  General,  de Fiyi,  después del acto protocolar el Primer Ministro me invitó a jugar en el Fiji Golf Club con los Altos Comisionados de Vanuatu y Tonga, para luego a cenar en su Residencia Oficial. Terminadas mis funciones diplomáticas en Australia, cuando  me fui a despedir  de las autoridades fiyianas, el Protocolo fiyiano organizó para que la ceremonia tuviese lugar en El Pacific Harbour Golf Resort, después de dos partidas “four ball” con el Primer Ministro,  los titulares de Relaciones Exteriores, Defensa y Turismo, así como los embajadores de Francia, Australia y Japón. Luego del golf y de la ceremonia, el Embajador francés nos invitó a todos a un agasajo que ofrecía a bordo de un destructor francés en Suva de visita en Fiyi. Allí terminó mi relación diplomática – golfistica en ese país Estando en Australia tuvo lugar en Manila la V Conferencia de la UNCTAD, como yo había formado parte de las delegaciones de Venezuela  en dos  de las cuatro  conferencias anteriores, (Delhi y Santiago) y dado que muchas veces participé, como delegado de Venezuela en los comités y comisiones de esa organización, fui incorporado a nuestra delegación Al final de la primera semana de la Conferencia,  el Gobierno  Filipino  organizó  un torneo  de golf de dos días (sábado y domingo, Shutgun – mejor pelota por pareja) en el Manila Country & Golf Club y en el Wack  Wack  Golf Club.  Por  el ser el Delegado  con menor  hándicap  (8), me tocó jugar de pareja con el Presidente Ferdinand  Marcos  (hcp.4).  El primer  día jugamos

Tres historias en el trajinar diplomático

Por Oscar Hernández Bernalette Con gusto reacciono a la   cordial invitación del Profesor Juan Francisco Contreras quien me pidió escribiera un artículo para la página web del Colegio de Internacionalistas de Venezuela, sobre “algún tema relacionado con tu experiencia en el Servicio Exterior Venezolano o algún otro tema”. Pues confieso que había preparado un articulo relacionado a los retos del los Organismos Internacionales a partir de la Pandemia, pero reconsiderando, pensé  que no todos los días tenemos la oportunidad de recordar situaciones relacionadas con quehacer diplomático y dar a conocer esas historias a una audiencia amplia e interesada en estos temas. Me decidí, por enviar estas tres historias entre tantas otras que suman el acervo de la vida en el servicio exterior y que se desarrollaron a lo largo de más de 30 años  de carrera diplomática. Algunas de ellas se convierten de situaciones que obligan a la debida actuación que se resume en estar preparado para las alertas tempranas y saber hacer control de daños cuando ello así se requiere. En ese sentido , a lo largo de nuestras carreras diplomáticas no son pocos los episodios de alta política  y  hasta sencillas anécdotas que se producen como parte de nuestro ejercicio profesional en distintas categorías del servicio, en disímiles  países y por el hecho de vivir en culturas diferentes, no es extraño que funcionarios diplomáticos cumplan responsabilidades o sean testigos de excepción de hechos que muchas veces quedan atrapados en los archivos de nuestras cancillerías, sean como papel en viejos muebles arrumados, o ahora en  la data en donde quedan registrados episodios, anécdotas y situaciones que solo el historiador acucioso a veces desempolva cuando se trata de alguna investigación históricas. Muchas otras situaciones se nos presentan como resultado de vivencias, encuentros con personalidades nacionales o extranjeras o también como parte del inevitable recorrido que hacemos por la burocracia internacional. En esta oportunidad, les quiero ofrecer estas tres   “anécdotas del oficio”, de un grupo mayor de notas que resumo como parte de mi ejercicio profesional. Para este medio y como homenaje a cientos de colegas que a lo largo del tiempo han dejado lo mejor de sus capacidades para servir a su país, cuento estos episodios aislados, pero parte de los recuerdos que florecen del ejercicio de una actividad noble y llena de vivencias que hoy recordamos con nostalgia. El asilo que fue negadoEs el año 1985. República Dominicana. Tengo como responsabilidad en la Embajada la Sección Política. El Embajador era Abel Clavijo Ostos, diplomático de larga trayectoria y con quien había servido en Egipto años antes. Un martes, si mal no recuerdo. Un día más en la rutina de una Embajada. Me había correspondido revisar el télex en mi oficina y enviar algunos cifrados a la Cancillería. La embajada era una vieja casona en una avenida de bastante circulación en la capital, Santo Domingo. Desde mi oficina escucho unos gritos y salgo corriendo a la recepción. Me encuentro con un grupo de gente saltando las paredes de la Misión Diplomática mientras un policía de seguridad con  su fusil reglamentario estaba seriamente dispuesto a disparar a los intrusos. Lo obligo a no hacerlo y ordeno que deje que terminen de saltar a la sede. En esos momentos el Embajador se encontraba fuera de la capital. Se trataba de una treintena de ciudadanos haitianos que ingresaron violentamente para pedir asilo. Se le informa de inmediato a todo el personal lo que ocurría y se le pidió a los solicitantes que tuvieran calma y respetaran la sede diplomática. Su primera demanda es que querían hablar con el Embajador. Vía telefónica, éste, quien se encontraba fuera de la ciudad instruye al consejero de la Embajada -para aquel entonces Vasco Atuve- y a mi persona, que les pidiéramos que se retiraran de la entrada y esperáramos a que regresara a final de la tarde. Los exaltados aceptaron educadamente, nos acompañaran a la parte posterior de la Misión. El embajador se incorpora, nos reúne al personal diplomático incluyendo al agregado militar, el coronel Level y se comunica de inmediato con la Casa Amarilla, sede de nuestra Cancillería en Caracas, en donde ya un personal de la Dirección de Política Internacional monitorea y evalúa  la situación en la sede diplomática. El canciller para aquel entonces era Simón Alberto Consalvi, intelectual y político, quien fue un hombre de gran significación para la democracia venezolana. Las instrucciones y recomendaciones de Caracas eran las de que el Embajador no se apersonara para hablar con los demandantes y que recayera el contacto en mi persona como responsable del área política y  en ese momento el tercero en la  línea de precedencia de nuestra Embajada. Inicié así un proceso de negociación con los solicitantes. Todos ciudadanos haitianos dirigidos por un teniente retirado del ejército de Haití y quien desde ese momento y hasta la fecha en que se retiraron se convirtió en el único portavoz del grupo. Su demanda era simple. Querían salvoconducto para ser trasladados a Caracas en condición de asilados políticos. Su justificación era que a pesar de ser huéspedes como extranjeros del Gobierno de RD se consideraban perseguidos por las autoridades de ese país, cuyo Presidente era Joaquín Balaguer y el de Venezuela era Jaime Lusinchi. Su presencia duró 25 días mientras esperaban se les otorgara asilo. Me correspondió ser el único funcionario de la embajada que los trataba. Nos afectaba el trauma humano que su presencia significaba dentro de la Misión. Confinados a un patio trasero sin mayores facilidades y sometidos todos a presiones que incluían actos de desesperación y amenazas de su parte. Mi contacto con ellos tenía altibajos, entre  simpatías por su demanda, hasta sinsabores por su actitud violenta y amenazante a mi persona, toda vez que las autoridades de Caracas no otorgaban el asilo ni las de RD el salvoconducto respectivo. Después de mucha negociación, evaluación con nuestra cancillería y la de Santo Domingo, el Gobierno de Venezuela por primera vez negaba otorgar el correspondiente asilo. Me correspondió la dura tarea de comunicárselos y pedirles que se retiraran pacíficamente de nuestra Misión.

Souvenir de Cuba

Por Agustin Urreiztieta Una amigo europeo se quejaba de las restricciones impuestas por el gobierno de Cuba. Simulando candidez pregunté si era por el Covid o por las protestas que recientemente sacudieron el país. La respuesta podía anticiparse: “las del Covid … ¿Protestas? leí algo, pero ese no es mi problema, solo quiero irme de vacaciones, igual esa gente nunca cambiará”. Lapidario. Previendo la falta de interés que pudiera vivirse del otro lado del Atlántico, hice una búsqueda en Google sobre Cuba y no encontré nada reciente, silencio en las redes y en las fuentes noticiosas. ¿Es Cuba un “periódico de ayer”? Y así es la civilización del espectáculo. Una noticia es rápidamente remplazada por otra, por otra y por otra. Inundaciones en Alemania y Bélgica, los americanos abandonaron Afganistán, Nairo Quintana no ganó el tour de Francia, comenzaron los juegos olímpicos de Tokio y agosto llegó preñado de vacaciones… Con indiferencia se pasó la página y allí quedaron los cubanos, víctimas de la dictadura, de los sueños revolucionarios, saturados de proclamas y slogans sesenteros que ya no hablan a nadie desde hace años. Solo por algunos días de julio sonaron con estrépito los medios, volaron fotos y videos, verdaderos y falsos. Se encendió una luz de esperanza en la isla mártir. Un resplandor maravilloso al final del túnel de la dictatura y la quimera revolucionaria cubana. Desde la llegada de los barbudos de la Sierra Maestra el 1ero de diciembre de 1959 hasta julio del 2021, han pasado 62 años. Demasiado sufrimiento. Los admiradores de la Revolución Cubana se apresuraron en culpar a las sanciones estadounidenses reinstauradas por Donald Trump y dejadas intactas por Joe Biden. Por su parte, los críticos del castrismo lo ven como la quiebra de un régimen, una revolución agotada después de 62 años de dominio absoluto. La realidad es, sin duda, la suma de las dos, porque si bien es obvio que las sanciones económicas y financieras estadounidenses complican la vida de los cubanos, sí estamos ante un sistema que se muestra incapaz de regenerarse. Las manifestaciones en veinte ciudades de Cuba, y más espectacularmente en el Malecón, la famosa avenida frente al Caribe en La Habana, cobraron una escala casi sin precedentes desde la revolución cubana o al menos desde los disturbios de 1994 que habían provocado la salida de decenas de miles de balseros hacia Florida. El detonante inmediato fue la grave escasez de alimentos que se suma a una ya profunda crisis económica y social, un serio resurgimiento de la pandemia y su calamitosa gestión, en un país que continúa elogiando su sistema de salud, incluidas sus vacunas. Pero el contexto histórico también es esencial. Por primera vez en 60 años ya no es un Castro quien gobierna Cuba. Fidel murió y Raúl con 90 años fue sustituido por Miguel Díaz-Canel, quien no cuenta con el aura de un pasado guerrillero mítico. Mas bien se trata de un burócrata de la nomenklatura, formado como ingeniero electrónico y quien dispone de las garras necesarias para trepar la enredadera espinosa del Partido Comunista de Cuba. Para gran decepción, este relevo generacional no viene acompañado de ningún cambio político. En nada se vislumbra a un Gorbachov tropical. No se le nota el aleteo espiritual necesario para un cambio profundo en la sociedad cubana, como tampoco el olfato del pragmático para olisquear la oportunidad y sobrevivir con ella. A principios de año, el poder comunista lanzó reformas económicas, en particular las monetarias, a expensas de una devaluación del 2400% del peso cubano y un mayor margen de maniobra para el sector privado, pero por ahora, la población solo está sufriendo los efectos negativos, en particular la inflación de tres dígitos. Y, sobre todo, nada de “glasnost” o “perestroika”, como decían en Moscú, no hay apertura política. Los manifestantes marcharon al grito de “libertad”. Es decir, más allá de las penurias y dificultades de la vida cotidiana, también había una demanda de respiro de una sociedad demasiado tiempo empapada de consignas. Bandera de esta aspiración libertaria, un rap compuesto por jóvenes cubanos de La Habana y Florida, muy popular en la web fue entonado a coro por los manifestantes en las calles. Se trata de “Patria y Vida”, una desviación de la consigna revolucionaria “Patria o Muerte”, que es en sí mismo un crimen considerado “Castricida” y por tanto de alta traición a los intereses de la dictadura. El llamado urgente a la movilización de militantes comunistas lanzado por el desdibujado sucesor de los hermanos Castro, puede augurar lo peor, una represión bárbara de este movimiento popular acusado de estar a sueldo de los americanos. Desgraciadamente, y así lo han probado a través de 62 años, la dictadura comunista es capaz de sobrevivir a las peores situaciones, pero en el contexto de una crisis tan profunda como la que atraviesa la isla, y sin la legitimidad de los padres de la Revolución, la situación no se les presenta fácil. Para sostener su economía en harapos, Cuba reconoce la situación calamitosa de Venezuela después de haberla saqueado por 20 años y ante la evidente falta de interés de Rusia, emprende un sigiloso giro hacia otras fuentes. Por ello, ante las cámaras y las luces, intenta medir el uso de la fuerza para no comprometer sus relaciones comerciales con la Unión Europea y Canadá. El control de las manifestaciones aparentemente se hizo sin mayor brutalidad y sangre. Sin embargo, el adverbio “aparentemente” escondería las peores prácticas de la represión de la dictadura cubana. De eso y más son conscientes los manifestantes, del uso indiscriminado de los infames Avispas Negras, de la hiperactividad de los Comité de Defensa de la Revolución quienes “peinarán” todas las calles de la isla en busca de contrarrevolucionarios y de la aplicación de una justicia sesgada, parcial e instrumental para el mantenimiento de los jerarcas y su revolución de consignas. Estas tácticas probablemente contendrán esta ronda de protestas, al menos por ahora, pero no es una solución definitiva para Díaz-Canel. La interminable crisis

La profundidad del silencio

Por Hugo Álvarez Pífano Tres anécdotas para reír, en las que el silencio es protagonista elocuente, en sendos conciertos de música venezolana: 1.- Concierto auspiciado por la embajada de Venezuela en Brasilia (1977); 2.- Retreta en la plaza Bolívar de Cocorote, estado Yaracuy (1950) y 3.- Espectáculo de ballet en el Teatro Juáres de Barquisimeto (1983).                                                                      I                                               El silencio de una tecla del piano Si existe un silencio absoluto, sepulcral, en un concierto, ha sido -por lo que atañe a mis recuerdos- el que tuvo lugar en Brasilia, en el año de 1977, en un concierto auspiciado por la embajada de Venezuela en la capital de Brasil. A la sazón el embajador de Venezuela era un general de división de la fuerza aérea: Humberto de Jesús Moret Arellano, quien venía de ser jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, yo me desempeñaba como Ministro Consejero de la Embajada de Venezuela. El embajador me encargó la tarea de organizar un concierto de música de cámara con el Trío Nacional de Venezuela: Lina Parenti (piano), Carlo Suzi (violín) y Alberto Calzavara (violonchelo). El piano de concierto que se encontraba en la residencia del embajador debía ser trasladado al lugar de la presentación. En el primer ensayo, la pianista comprobó que una tecla del piano estaba sorda. Inmediatamente lo comuniqué al embajador, quien me espetó: Álvarez Pifano ¿Cuántas teclas tiene un piano? Señor, le respondí, un piano tiene teclas blancas, que corresponden a los sonidos naturales y teclas negras que constituyen las alteraciones cromáticas, bemoles y sostenidos. Me disponía a continuar mi disertación sobre el piano de conciertos cuando el embajador me interrumpió: -Álvarez Pifano, déjese de tonterías, yo no le estoy preguntando eso, conteste a mi pregunta: ¿Cuántas teclas tiene un piano? Bueno, le dije, en este momento no sé cuántas teclas tiene un piano, pero puedo asegurarle que tiene alrededor de unas noventa, digamos más de ochenta y menos de noventa. Entonces, me dijo, si un piano tiene más de ochenta teclas, y solamente una no funciona, porque esa vieja necia no puede tocar ese piano. No acepto que se suspenda un concierto, porque una sola tecla no funciona, cuando las otras ochenta y pico están en perfecto estado. El concierto se realiza y usted responde que mis órdenes se cumplan. Usted es también responsable de que esa vieja no se acerque a mí con esas necedades. El concierto tuvo lugar y al parecer nadie se percató de que una sola tecla del piano estuvo en permanente silencio durante el mismo. Al día siguiente del concierto los músicos debían partir a Venezuela, fueron a la embajada a despedirse del embajador, a quien no habían visto ni una sola vez, expliqué al general: ellos solo quieren saludarlo, solo estrechar su mano y eso nada más, me respondió: Yo no tengo tiempo de atenderlos, ya bastantes atenciones usted les dispensó, tengo entendido que les dio una cena en su casa, usted no pretenderá que yo le pague los gastos de esa cena, pues usted no me ha pedido autorización para hacer esa comida. Le respondí, señor no le estoy pidiendo dinero, solo que reciba a los músicos, la respuesta fue: retírese inmediatamente de mi despacho. Cuando a un diplomático se le encomienda la misión de organizar un concierto y este es muy exitoso -como ocurrió en Brasilia- lo mínimo que el organizador espera de su embajador es que le dé las gracias, más aún, si el embajador es una persona decente, que le dé las gracias y lo felicite, todavía más aún, si es una persona responsable, le da instrucciones de preparar un informe sobre la excelencia artística de la ejecución de los músicos, la crítica de la prensa y la reacción del público de Brasil a esta manifestación cultural de Venezuela, pues los músicos contratados por la Cancillería  tienen derecho a que se informe como fueron sus actuaciones, buenas o malas, para la elaboración de su currículo y el prestigio de su fama. Tres músicos insignes, que merecían consideración y respeto. Por esta razón fui echado del despacho del embajador. Dos días después le fui a dar cuentas: -el concierto fue muy exitoso y muy aplaudido por el público, asistieron unas mil quinientas personas, el aforo total del teatro. Por lo demás, las críticas en la prensa han sido muy positivas. El embajador parecía sentirse bien con la noticia y aprobó mis palabras con un movimiento de su cabeza. Al final, en forma muy comedida le pregunté: -General, si un avión de la fuerza aérea debe volar y uno de sus instrumentos está en mal estado -digamos, el altímetro- ¿ordenaría usted que volara en esas condiciones? Entonces me dijo, con su inconfundible acento andino: -Álvarez Pifano, en donde tiene usted la cabeza ¡Cómo puede hacer esa comparación! Volar un avión de guerra es algo muy serio, tocar un concierto de piano es una soberana pendejada. Si alguna vez en su carrera, usted llega a ser embajador -vaina que dudo, pues usted no tiene cabeza para notar la diferencia que existe entre las cosas- debe aprender a distinguir entre asuntos importantes y otros que no lo son, fíjese que yo a esa tochada de concierto ni siquiera asistí. Eso lo dejé por cuenta suya. Gracias a Dios, contrariamente a la opinión del general, hice una carrera de 36 años en el Servicio Exterior de Venezuela, fui Embajador durante 17 años y en todo ese tiempo, entendí porque Juan Sebastián Bach es el más grande músico de la historia de la humanidad, he disfrutado de la música de Antonín Dvorak, uno de mis favoritos y he aprendido a sentir admiración por Inocente Carreño, un músico ejemplar de Venezuela procedente de la isla de Margarita, todos ellos constituyeron el programa de concierto, que ofrecimos en Brasil, con un piano en mal estado y una tecla sorda, pero inspirados en el inmenso deseo de todos los venezolanos residentes en ese país, de compartir y hacer partícipes a otros pueblos de nuestros

Dos paises y dos experiencias distintas

Mi labor como Embajador de Venezuela- Lapso 1.989 1.999 Por Lisan Stredel Balliache Durante mi carrera como diplomático en el Servicio Exterior, tuve la oportunidad de vivir y trabajar en varios países, con los cuales Venezuela mantenía relaciones diplomáticas.  Puedo afirmar que fueron excelentes destinos. El país receptor te ofrece alternativas para desarrollar un buen trabajo, y a la vez, uno mismo las puede profundizar y optimizar. Un cargo o destino diplomático lo moldeas  para hacerlo mejor, de ello depende mucho que la gestión bilateral sea efectiva     En cada uno de estos países, los vínculos y relaciones con los diversos sectores locales en los cuales ejercí el oficio, fueron positivos. Con las Cancillerías, con el sector público, así como con el privado.  Educación. Universidades. Partidos Políticos. Arte y Cultura. Me gustaría referir mi experiencia en dos de los países, en los cuales trabaje. En la Federación   de San Cristóbal y Nevis, fui Embajador durante el periodo 1989- 1995. La Federación fue colonia británica hasta cuando se declaró su Independencia, en 1983. Forma parte del Commonwealth y el Gobernador General representa a la Reina de Inglaterra, quien es el Jefe de Estado. El Jefe de Gobierno es el Primer Ministro.  En la oportunidad de mi designación como Embajador en SKN, tenía como respaldo el haber trabajado en la Dirección de Cooperación con el Caribe y Centroamérica, del Ministerio de Relaciones Exteriores. De manera que esta experiencia me ayudo muchísimo para establecer una buena relación con el país receptor. En la Cancillería, en la Dirección de Cooperación siempre se contó con un personal de Carrera o de Comisión, que se ocupaba de elaborar una programación anual de asistencia técnica, con los países del Área. Este  se realizaba en base a las necesidades y prioridades de cada Estado.  Es decir, en El Ministerio se diseñaba un plan que contenía áreas de cooperación prioritarias, con los diferentes Estados de la Región. Estos programas o se llevaban a cabo en el Estado receptor, o en Caracas. En este caso la Cancillería asumía todos los gastos de viajes y manutención de los beneficiarios.  Estos planes se hacían en colaboración con distintos entes de la administración publica, de la cultura, universidades, del sector privado y con profesionales, de manera individual, de acuerdo a la especialidad requerida. Es importante indicar que Venezuela era miembro  donante del Banco de Desarrollo del Caribe, con sede en Barbados. Venezuela tenía un Representante Principal (FIV-BCV) y un Alterno, de Cancillería.  Yo tuve esa responsabilidad, cuando trabajé en la Dirección de Cooperación con el Caribe. Asimismo, en todos los estados independientes del Caribe funcionaban Institutos para la Cultura y la Cooperación.  En estos centros se ensenaba el castellano, el titular era un profesor egresado del Pedagógico Nacional, o de las Escuelas de Idiomas de universidades venezolanas. Asimismo, se contaba con el apoyo de profesores, con conocimientos del español contratados localmente.  En las sedes de los Institutos también se organizaban y dictaban los cursos aprobados, en la programación anual, del Ministerio de Relaciones Exteriores. La fuente financiera para realizar estas actividades, formaba parte del presupuesto anual de Cancillería, PROCA. Con todo este apoyo, pudimos realizar un buen trabajo de equipo, en la Embajada de Venezuela en San Cristobal y Nevis. ( SKN)  En esa época  en la capital de la Federación Basseterre, la otra Misión Diplomática residente  era la de Taiwán. Durante mi permanencia en SKN,1992, hizo una visita oficial el entonces presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez.  Fue invitado por el Caricom, para la Cumbre Anual de esa Organización. En esa oportunidad se firmó un Acuerdo de Cooperación Técnica, sin reciprocidad, entre Venezuela y Caricom. En estos años de gobierno de la Revolución Bolivariana, no conozco como procede la relación bilateral con los Estados del Caribe Oriental. Embajadas, Institutos de Cultura y Cooperación, y Banco de Desarrollo del Caribe. Con anterioridad, el vínculo con los Estados Independientes del Caribe Oriental se fundamentaba en la cooperación, la solidaridad y sobretodo una relación soberana y de respeto, con esos países. La política de Cooperación de Venezuela con la Región, fue pionera y de referencia, en el Continente. En ese periodo éramos el único país con Embajadas residentes en todos los estados independientes del Caribe Angloparlante. Después creo, hubo iniciativas bilaterales por parte de Colombia y México. Mi Jefatura de Misión finalizo a mediados de 1995 2- El siguiente destino fue un país nórdico, Finlandia. Diferente y  una experiencia en mi caso, optima. 1995-1999. Las relaciones diplomáticas entre Finlandia y Venezuela se establecieron en 1954.  A nivel de Embajadores residentes, en ambos países, se formalizaron en 1968. Tanto en Helsinki  como en Caracas , la dos Embajadas funcionaron con un Embajador como Jefe de Misión, hasta hace poco tiempo. Para mi ciertamente fue un reto servir en un país tan lejano y distinto.  En mi caso pase “del calor, al frio” con mayúsculas, sin intermedios, ni pausas. Fue una oportunidad única. Incluso la posibilidad de al menos aprender conocimientos básicos de ese idioma tan complicado, como es el fines. En todo caso creo que entre con buen pie y en el momento adecuado. Finlandia recién entraba como miembro pleno, en la Unión Europea, y esto significaba no solo meterse en Europa de lleno, sino también abrirse más, al mundo más allá de ese Continente. En el periodo en el cual serví en ese país, el Jefe de Estado era el Sr. Marti Ahtisaari, 1994-2000, quien tiempo después fue galardonado con el premio Nobel de la Paz 2008, por sus gestiones, contribución   y resolución, en África, Asia y Europa. Es decir en Namibia, los Balcanes y Aceh –Indonesia. El presidente Ahtisaari había sido designado, en 1978, Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas, para Namibia. Entre 1989 y1990 jugó un papel fundamental en la Declaración de Independencia de Namibia. Venezuela formo parte del Consejo de Namibia, de Naciones Unidas, razón por la cual el presidente Ahtisaari  conoció y trabajo  con altos funcionarios diplomáticos venezolanos.  La Ministro de Relaciones Exteriores era la Sra. Tarja Halonen. 

Los sancochos de gallina de mi primo Carmelo Pífano Garrido

 Por Hugo Álvarez Pífano Cinco días antes de morir me llamó vía telefónica, hablamos largo rato sin aires de una despedida, entre otras cosas, me confió que quería revelarme su secreto para la preparación de los sancochos de gallina, le dije que no, me negué a escuchar esa receta de cocina que para mí tenía el carácter de una confesión ¿Por qué tomé esa actitud? Lo narro a continuación en esta crónica. Cinco días antes de morir me llamó vía telefónica, hablamos largo rato sin aires de una despedida, entre otras cosas, me confió que quería revelarme su secreto para la preparación de los sancochos de gallina, le dije que no, me negué a escuchar esa receta de cocina que para mí tenía el carácter de una confesión ¿Por qué tomé esa actitud? Lo narro a continuación en esta crónica. El sancocho de gallina es un plato emblemático de la cocina venezolana, ha tenido tal aceptación en todos los estratos sociales de nuestro país, que cada estado tiene su propia receta y cada familia guarda como un secreto su forma muy particular de prepararlo. Esto ocurre, porque el sancocho de gallina es como un vals: cuando escuchamos uno tocado con acordeón a las orillas del Sena, lo reconocemos por su indiscutible sabor francés, típicamente parisino; al sentir otro en las márgenes del Danubio, lo identificamos como un vals vienés y cuando oímos un valse del Maestro Antonio Carrillo, interpretado por la Orquesta Pequeña Mavare, casi nos parece que tocamos con un dedo el crepúsculo de la tarde en la ciudad de Barquisimeto. Cada vals como cada sancocho tiene su sabor único, como corresponde a cada región de nuestro afecto. Hubo un tiempo en que este plato se preparaba los días domingos, para deleite de la entera familia, en otras ocasiones cuando se debía honrar a huéspedes muy distinguidos, pero por encima de todo esto, solía usarse para alimentar a las parturientas que habían traído al hijo que daba alegría en los hogares de la familia venezolana. A Carmelo Pifano Garrido –aparte de su destreza para la buena cocina, tocar el órgano, criar pájaros y otras amenidades humanas y divinas- se le suele conceptuar como abogado de múltiples recursos, uno de los más hábiles litigantes de la zona centro-occidental del país, capaz de ganar un juicio sin escatimar esfuerzo alguno, en las artes de la sapiencia legal, doctrina, jurisprudencia, hermenéutica jurídica, práctica de tribunales y pare de contar, para no arruinar este panegírico. Trabajó durante más de dos décadas como abogado de las Empresas Polar, en especial en la rama del derecho laboral: fue abogado en la discusión de los contratos colectivos de trabajo en el estado Yaracuy (no es de olvidar que la más importante fábrica de Harina Pan se encuentra en Chivacoa, estado Yaracuy). Se comenta que, en 35 juicios resolvió todos los problemas contenidos en los mismos a favor de las Empresas Polar. En otro ángulo de su personalidad, desde muy joven a manera de hobby, practicó el arte de la buena cocina,  de la rama italiana y española, sin olvidar en ningún momento los platos venezolanos, en especial su sancocho de gallina, que gozó de merecida fama en todo el Yaracuy. Cuando se retiró del ejercicio del derecho, abrió un restaurante de comida italiana, que aún hoy en día es uno de los mejores de Barquisimeto. De seguidas me permito ofrecer su receta magistral:  Sancocho de Gallina de Carmelo Pífano Garrido, para 12 personas: Una joven gallina de engorde (no ponedora vieja, destinada al sacrificio por incapacidad) criada en libertad, pica tierra como se suele decir. Mazorcas de maíz jojoto, papa, zanahoria, auyama, plátano verde, apio, yuca, ñame, chayota y ocumo. Cebolla, ajo porro, pimentón, ají dulce y ajos. Buque de hierbas: cilantro, laurel, romero y celery. Sal, pimienta, comino, al gusto. Siempre estuvo en contra de usar cubitos de gallina o pollo, sazonadores u otras sustancias químicas para mejorar los sabores. Naturalidad en la preparación, ese era su slogan. Su sancocho se caracterizaba por mantener el sabor natural de todos sus ingredientes: el olor a montaña fresca del cilantro, perejil y celery; el sabor a tierra recién cultivada del ocumo, ñame, apio y batata; el gusto precolombino de las mazorcas de maíz tierno y la papa criolla; y a lo lejos un delicioso aroma para acompañar el disfrute de un plato gourmet –este era su sello característico- un genuino sancocho de autor. Una vez le pregunté: En qué consiste ese toque inigualable que das a tu sancocho y me respondió: cocino la gallina –no sin antes limpiarla con jugo de limón y vinagre de manzana- para obtener su caldo un día antes, a continuación, lo meto al refrigerador para así desengrasarlo –la grasa en el caldo de gallina no da buen sabor- luego añado unas pocas hojas de pasota, pero hay que dosificarla, en muy baja escala por su gusto muy fuerte. Ese es el secreto de mi sancocho, nada más. Algo genuino, delicioso y muy sano. Nuestra historia comienza en el año de 1978, yo me encontraba desempeñando el cargo de Ministro Consejero de la Embajada de Venezuela en Brasilia, entonces viajé a San Felipe para pasar vacaciones, esa fue ocasión propicia para que mi primo me echara uno de esos grandes vainones a que me tenía acostumbrado, muy propios de su fértil imaginación: hacer un sancocho de gallina VIP en mi honor. Se trataba de una reunión de entorno familiar y viejos amigos, allí estaban: mi hermana Frella y su marido Salvador Saturno Bello; mi prima Thais Mora Álvarez y su esposo Manuel Alcalá Palencia; Luis José Silva Luongo y Mireya Alcalá de Silva; el economista Juan Contreras Morales y su esposa Ligia Arrieche, compañera de colegio y amiga inseparable de mi hermana Frella; un grato vecino Inocencio Garrido; otros, tan gratos como el que más: Sergio y Maruja; Carlos Igor y Susana, acompañada de su hermana de impactante belleza: Angelina Olmeta; un coleado, quien no había sido invitado, pero como suele ocurrir fue

Postales de Pyongyang (Corea del Norte)

Remembranzas Norcoreanas Por Fernando Gerbasi El 27 de septiembre de 1967, nueve agentes de la policía política entraron en el apartamento que ocupaba el poeta venezolano Alí Lameda, en la ciudad de Pyongyang, capital de la República Popular Democrática de Corea, donde trabajaba como traductor en el ministerio de relaciones exteriores de ese país y, se lo llevaron preso bajo la acusación de haber actuado como enemigo del pueblo democrático de Corea del Norte. Día por día, siete años después, fue liberado el 27 de septiembre de 1974 tras sufrir torturas, simulacros de fusilamiento y otras atrocidades. La razón verdadera de ser de su encarcelamiento fue la ruptura del PCV venezolano, al cual pertenecía, con la lucha armada propiciada por Fidel Castro. Toda esta historia la conocí directamente de la boca de Alí, quien me acompañó en la República Democrática Alemana, a mediados de los años ochenta del siglo pasado, en calidad de Ministro Consejero. Para obtener la liberación de Lameda varios gobiernos venezolanos realizaron las gestiones correspondientes. El primero de ellos fue el del presidente Leoni, pero sin éxito. El segundo el del presidente Caldera I, quien aprovechó la visita oficial a nuestro país, en septiembre de 1973, del dictador rumano Nikolai Ceausescu, quién mantenía excelentes relaciones con el líder norcoreano Kim il-sung para solicitarle interviniera en favor de Lameda; está intervención tuvo como efecto mejorar las condiciones carcelarias del poeta. Finalmente, quien logró su liberación fue el presidente Carlos Andrés Pérez, pero para ello tuvo que reconocer, a la República Popular Democrática de Corea (del Norte) como un Estado soberano. No se designó ningún representante diplomático venezolano en Pyongyang y los norcoreanos nombraron embajador concurrente al que residía en La Habana. Lameda fue liberado y enviado a Rumania, donde se constató su deteriorado estado de saludo razón por la cual pasó tres meses recuperándose. A finales de agosto de 1978, ocupando el cargo de Embajador ante la Organización de las Naciones unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, recibí una llamada del canciller Simón Alberto Consalvi para instruirme que viajara, en calidad de embajador en misión especial, a la ciudad de Pyongyang, capital de la República Popular Democrática de Corea pues habíamos sido invitados a conmemorar el 30º aniversario de la fundación de esa República, que tendría lugar el 09 de septiembre de 1978. Me explicó que la invitación era de ellos y tenían todo organizado; debía trasladarme a la ciudad de Ginebra de donde partiría el avión rumbo a Pyongyang. Decidido a cumplir la instrucción recibida tan solo le comenté que no me gustaría ir solo “al mundo del silencio”, a lo que me preguntó qué quería decir con eso y entonces le indiqué que me gustaría ir con alguien con quien conversar pues no sabía, y él tampoco, cuánto duraría mi estancia en norcorea. Le propuse llevar a mi esposa, lo cual aceptó pues todo corría a cargo del país celebrante. En Ginebra tomamos un avión Ylyushin 18, de cuatro motores turbohélices que tardó 24 horas en llegar a su destino luego de dos paradas en la URSS, una en Moscú y la otra en Omsk. En el avión solo viajaban, con la excepción de nosotros que íbamos en misión gubernamental, delegaciones de partidos políticos africanos y europeos. Entre éstos últimos se encontraba Danielle Miterrand, esposa de François Miterrand, para la época secretario general del Partido Socialista francés, acompañada de sus dos hijos de una veintena de años.  En la cola del avión había una especie de reservado, que estuvo cerrado durante todo el vuelo, en el que viajó, tanto de ida como de vuelta, el secretario general del Partido Comunista español, Santiago Carrillo. Debo destacar que mucho antes de aterrizar nos pidieron nuestros pasaportes y supuse, como era lógico, que lo hacían para facilitarnos los tramites de inmigración, pero no fue así. Solo nos los devolvieron en nuestro viaje de regreso y cuando ya habíamos entrado en el espacio aéreo chino. Aterrizamos en Pyongyang el 05 de septiembre y fuimos recibidos por unos miles de niños que ondeaban banderitas de Venezuela. Uno de ellos me tomó por la mano y otro a mi esposa Irene y nos llevaron a saludar a las autoridades que nos esperaban a un centenar de metros. Después de las salutaciones de rigor nos trasladamos al hotel en dos automóviles marca Volvo último modelo. En el primero me acompañaban, además del chófer, un miembro (sic) del politburó norcoreano, quien estuvo a mi lado durante toda mi estadía y un intérprete de apellido Kim, muy agradable y simpático que había aprendido el español en Cuba. En el otro coche venía mi esposa, que fue declarada la “delegación” desde que pisamos suelo norcoreano, acompañada de una intérprete. Serían alrededor de las cuatro y media de la tarde cuando nos dejaron en el hotel. Un edificio de dos pisos y sin mayor gracia. Tres cosas, que ocurrieron una detrás de la otra, me indicaron inmediatamente dónde nos encontrábamos y cómo debíamos actuar mientras estuviéramos en Pyongyang. La primera fue que al mostrarnos la “suite”, el gerente del hotel me dijo que lamentaba que yo no le hubiera avisado que venía acompañado de mi esposa pues hubiera dispuesto dos suites en lugar de una. La segunda, fue que nos ofrecieron ir al restaurante para comer algo, pero mi esposa no quiso; no obstante, al rato cuando desempacábamos las maletas me dijo que había cometido un error pues en realidad si tenía algo de hambre. En menos de un minuto sonó el teléfono y una voz me dijo, en perfecto castellano, “bajen que se les ha preparado un refrigerio para ustedes”. Nos estaban escuchando.  La tercera, fue que al terminar el refrigerio nos dirigimos hacia la puerta del hotel pues queríamos ver los alrededores y particularmente caminar para despejarnos las piernas después de un viaje tan largo. No habíamos dado sino un par de pasos por el jardín del hotel cuando fuimos rodeados por una veintena de individuos, bien vestidos, quienes nos obligaron a

Pobre Perú

Por Luis Daniel Álvarez V. Ha transcurrido poco más de un mes y ya el gobierno del presidente peruano Pedro Castillo pareciera dar pasos acelerados hacia su descomposición. Un gabinete que se tambalea ante los resquemores de una sociedad que nota que contradictorios actores dogmáticos ocupan espacios en lo que sugiere ser un orquestado plan para establecer una sociedad diferente, o en su defecto, destruir la existente. Lo más delicado es que bajo el sombrero del primer mandatario parecieran pulular cúmulos de planteamientos que van desde las reminiscencias de la dictadura de Velasco Alvarado, pasando por el fatídico recuerdo de Abimael Guzmán y su terrorista Sendero Luminoso y desembocando en la figura de Antauro Humala, para al final culminar en un discurso vacío, demagógico y en lo absoluto adaptado a la realidad de su país. Como si no fuese suficiente, algunos miembros del entorno gubernamental se han dado a la tarea de querellarse. El primero fue Héctor Béjar, un polémico personaje que pese a su avanzada edad llegó a ocupar durante algunos días el Ministerio de Relaciones Exteriores. De militancia cerrada, controversial vida y radicalismo discursivo, el titular de la cancillería irrumpió violentamente contra gran parte de las líneas de política exterior de su país. Sin embargo, su ejercicio fue efímero cuando salieron a la palestra unas declaraciones anteriores a la llegada al cargo, en la que fustigaba a la armada y asomaba controversiales hipótesis sobre el terrorismo. Temeroso de que se le hiciera un voto de censura, o tal vez de que los radicales le increparan sus argumentos, terminó renunciando al cargo.    Las impertinencias de Béjar compiten con la actitud provocadora de Guido Bellido quien con un lenguaje poco atinado y una actitud de profundo mal gusto, ha salido a amenazar a los detractores de su gobierno y a señalar que él como primer ministro obtendría la confianza parlamentaria a su gabinete a como diera lugar. En la actitud ramplona que lo viene caracterizando, fue denunciado por una congresista de su país que comentó que ante una petición para solicitar unos espacios administrativos, Bellido le había recomendado que se casara y ante la respuesta de la sorprendida legisladora, que le recordó que era viuda, el personaje le respondió que solo faltaba que la violaran, comentario que ha generado, y con razón, repudio en gran parte de la sociedad.  Son solo dos muestras de una gestión en la que muchos de sus integrantes han dado de qué hablar por sus acciones en el pasado y en la que en el gabinete hay muy poca participación de las mujeres. Incluso, varios de los miembros del Congreso que votaron a favor de la confianza del gabinete, señalaron que lo hicieron por un sentido de gobernabilidad y no por muestra alguna de solidaridad o respaldo. Tal es la inestabilidad de la gestión del mandatario que hasta su desempeño protocolar se ha puesto en duda al cuestionarle hechos como no retirarse el sombrero cuando preside o hace acto de presencia en determinadas ceremonias y saludos.  Pareciera que no hay beneficio de la duda. Estamos en un momento de certezas en el que Castillo no es más que un personaje que llegó a la primera magistratura para cumplir la voluntad de algunos sujetos que tras bastidores mueven los hilos del poder. Todo parece indicar que no tendrá ningún carácter respondón ni se separará de sus mentores, pues su actitud deja en evidencia que es regido por un precario proceder y por generalidades, consignas y desplantes que marcan su comportamiento. De todas maneras, en el horizonte no se vislumbra una salida, por el contrario, la crisis del sistema parece seguir incrementándose, dejando nubarrones que hacen presagiar turbulencias que pueden retrotraer al país a etapas superadas hace mucho tiempo. Luis Daniel Álvarez V. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva