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Artículos y colaboraciones.

Los puntos de vista y opiniones expresados en los artículos corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la política oficial CODEIV.

Nuevos retos que comprometen la seguridad mundial

Por Carlos Espert No terminamos de salir de una Pandemia y el Planeta ya enfrenta un nuevo reto que compromete su seguridad. Rusia invade Ucrania convencida de que es parte consustancial de su territorio y declara que lo ha hecho para liberar esa nación de un Presidente amante del fascismo y la zoofilia, lo que evidentemente se muestra como propaganda dirigida a un colectivo que, ante la imposibilidad de contrastar versiones, puede caer en la tentación de confiar en una determinada fuente de desinformación y parcialidad política.  Ucrania ha resistido mas de lo esperado. Los rusos han encontrado dificultades logísticas y un pueblo valeroso dispuesto a dar la vida con tal de no perder su libertad. Para Vladimir Putin, la toma de Kiev es imprescindible. No puede retroceder a su atroz plan de conquista porque perdería los apoyos que lo sustentan como autócrata y Jefe de un gran conglomerado de actividades delictivas. Basta con ver los pocos países que apoyan a Rusia en esta campaña, para entender perfectamente las líneas de negocios turbios que se vinculan con el Zar del siglo XXI. Algunas voces del Mundo libre advierten que la caída de Ucrania es solo la antesala para que Rusia decida avanzar igualmente sobre los países Bálticos e incluso reconstruir una esfera de influencia previa a la caída del Muro de Berlín. No estoy tan seguro de que las ambiciones de Putin lo involucren en un enfrentamiento bélico con la OTAN, pero lo cierto es que en su pensamiento más íntimo prevalece la construcción de un imperio lo más parecido a la antigua Unión Soviética, lo cual es en lo absoluto algo para subestimar. China, por su parte, concede apoyo a Rusia con el único objetivo de ver los resultados y consecuencias de la ocupación en Ucrania. China está interesada en conocer cuál sería su costo en caso de ocupar Taiwan. Como se puede apreciar, de los 4 actores internacionales que dominan la escena mundial y mantienen el equilibrio entre totalitarismo y democracia, léase Rusia y China VS Estados Unidos y la Unión Europea; los dos primeros han iniciado ya claras ofensivas. China propagando su criminal virus de laboratorio y Rusia ocupando Ucrania. El imperio del mal aprovecha la falta de cohesión intra-europea y la debilidad de la actual administración Biden (ambas afectadas por agudos procesos de estanflación) para imponer su agenda de dominación global. El mundo libre carece de las herramientas necesarias para hacer frente a tiranías nucleares que no requieren de mayor consenso para tomar decisiones. Incluso se puede observar con gran facilidad como existen Parlamentos occidentales en el que se verifican voces de apoyo a Rusia y China e incluso forman parte de Gobiernos de coalición. No hay forma de que lo mismo ocurra en esos países, por cuanto la disidencia es inmediatamente neutralizada. A mi juicio solo existe una forma de hacer frente a tiranías perfectamente definidas y reconocidas en el mundo y es mediante la creación de un protocolo transparente de reacción que obvie procedimientos y consensos ante hechos consumados. Las agresiones provenientes de autocracias totalitaristas, deben recibir contundentes respuestas con la misma intensidad con que las inflija, incluso en sus propios territorios. Estamos siendo testigos de una invasión que tiene como objetivo borrar Ucrania de la faz de la Tierra, ante lo cual el mundo libre reacciona con tímidas sanciones económicas. A los asesinos no se les amenaza con quitarles la tarjeta de crédito; eso no los amilana para seguir cometiendo atrocidades. ¿Dónde está la Corte Internacional de Justicia?; ¿por qué la Corte no inicia procedimientos contra Putin y sus Generales? ¿Por qué hay renuencia de los Estados Unidos a reconocer que se están cometiendo crímenes de guerra en Ucrania? ¿Por qué las sanciones no alcanzan a Putin en lo personal? ¿Por qué se le sigue dando cobijo y residencia en el Mundo Libre a los familiares de los victimarios? ¿Por qué no se ha impuesto un embargo al petróleo y gas ruso? Ciertamente el mundo libre es víctima de sus propios entramados. Tenemos líderes especializados en justificar las razones del por qué no se pueden lograr o hacer ciertas cosas, aunque parezcan totalmente lógicas y pertinentes. Las Naciones Unidas se ha manifestado contundentemente frente al genocidio Ucraniano que incluso está a punto de replicar un nuevo Chernóbil, debido al bombardeo que sufrió una central nuclear y la renuencia de las tropas rusas a que los bomberos lleguen al lugar del desastre. Pero esas Naciones Unidas no hacen mas que mantenerse en la retórica y las condenatorias. ¿Por qué no puede Naciones Unidas intervenir en Ucrania para salvaguardar la vida y posesiones de los ucranianos víctimas de Putin? La trágica respuesta a una pregunta tan ingenua es básicamente que uno de los países con poder de veto es quien los está destruyendo. En otras palabras, se encuentran maniatados jurídicamente por acuerdos de mediados del siglo XX en el que un mundo bipolar subsistía bajo la amenaza de la destrucción mutua asegurada de un actor que ya no existe, pero cuyo heredero está dispuesto a replicarlo. Nada mas anti-democrático que el hecho de que una sola de 5 naciones con puesto permanente en el Consejo de Seguridad, pueda invalidar la decisión de la mayoría del concierto de naciones. Hoy mas que nunca se prueba que es un instrumento anacrónico que básicamente concede Licencia para matar a cualquier líder inescrupuloso que gobierne alguna de esas 5 naciones con poder de Veto. Los acontecimientos actuales evidencian la imperiosa necesidad de un Nuevo Orden Internacional. Un ente más ágil capaz de realmente prevenir y enfrentar hechos como los que vive Ucrania a manos de un megalómano asesino y degenerado que amenaza al mundo libre con su armamento nuclear si interfieren con sus aspiraciones imperialistas. Se hace necesaria una estructura que elimine toda posibilidad de volver a encontrarnos en una situación como la actual, en la que un montón de líderes occidentales se encuentran temerosos y unos Estados Unidos declaran abiertamente su incapacidad e indisposición de actuar. O

Vladimir Putin y el orden internacional

Por Felix Gerardo Arellano Resulta difícil abordar un tema cargado de sentimientos e indignación, toda vez que, al escribir estas líneas, debe correr sangre de gente inocente, que lucha por su libertad en Ucrania; enfrentando una dramática situación por las obsesiones de un autócrata, que trata de justificar lo injustificable con manipulaciones, desinformación y falsos discursos. La invasión está destruyendo la capacidad de acción de Ucrania, pero también impacta en el orden internacional y en la economía global, en particular en los sectores: energético, agrícola y el ámbito financiero. Me disculpan los lectores que en este momento asuma el texto en primera persona, pero debo reconocer que por convicción me he sumado a quienes promovían la negociación, como salida para la compleja crisis creada por el Presidente de Rusia Vladimir Putin; empero, los hechos están avanzando por otra vía. Sigo creyendo en la negociación, como la opción más eficiente, pues las guerras solo generan muerte, destrucción y miseria, pero el Presidente Putin ha decidido que negocia con tanques y sangre en la calle. En ese contexto, resulta cuestionable el abandono que está enfrentando Ucrania por parte de occidente; decisión que fundamentan en lo formal, por no ser miembro de la OTAN y, en lo estratégico, para evitar una conflagración mayor; pero resulta una posición peligrosa, ya que tiende a empoderar el expansionismo ruso y puede estimular otros planes de China. Una vez más nos enfrentamos con las arbitrariedades del autoritarismo que, al consolidarse con represión, hambre y manipulación; asume que, al no existir limitaciones en el ámbito interno, puede promover guerras. Los autócratas toman las decisiones en términos de poder y beneficios individuales, no del bienestar del país y, por lo general asumen la negociación como una capitulación y no como un proceso en el que se pueden alcanzar equilibrios y beneficios para cada una de las partes. Ahora bien, en las últimas décadas se estimaba que existían algunos limites definidos por el orden internacional. Al abordar el tema del orden internacional, conviene precisar que su primera presentación, definida como orden Westfaliano, se caracteriza por el respeto de los Estados a la soberanía, la autodeterminación y un multilateralismo limitado, que no interfiere en los asuntos internos de los Estados, no ejerce controles y mucho menos sanciones. Luego, en la medida que se fortalece el liberalismo internacional, el orden global se fue tornando más exigente y se han adoptado algunas instituciones más ambiciosas, lo que se ha denominado como el Orden Liberal Internacional 2.0 donde, entre otros elementos, podemos destacar: la normativa de la Organización Mundial de Comercio (OMC) es vinculante y cuenta con la posibilidad de la aplicaciones de sanciones en el mecanismo de solución de diferencias; la normativa de los derechos humanos es de carácter universal y no prescribe y varios esquemas de integración económica adoptan normas de carácter supranacional vinculantes, que trascienden las normativas internas de los países miembros. Ese orden internacional, en particular el llamado 2.0, ha estado enfrentando en los últimos años fuertes desafíos, en particular de los gobiernos autoritarios, indiferente de su tendencia ideológica, que privilegian la soberanía y la autodeterminación y rechazan los controles o límites provenientes del ámbito internacional. Con la invasión de Rusia al Estado independiente y soberano de Ucrania, enfrentamos una implosión del orden internacional en sus diversas manifestaciones. La invasión constituye una flagrante violación del derecho internacional público y de los valores, principios y reglas que, con mucho esfuerzo, se han adoptado después de la Segunda Guerra Mundial, para garantizar un mínimo de convivencia y seguridad internacional. Para hacer más evidente el menosprecio por la institucionalidad internacional, el Presidente Putin inició la invasión a Ucrania en el momento que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas deliberaba sobre el conflicto. Como parte del golpe al orden Westfaliano, fundamentado en el principio del respeto a la soberanía, la invasión rusa violenta, entre otros, el Memorándum de Budapest que reconoce la integridad territorial e independencia de Ucrania, suscrito por los gobiernos de Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido en 1994; el Gran Tratado mediante el cual Rusia reconoce las fronteras de Ucrania, suscrito en 1997 y los Acuerdo de Minsk, que definen el cese de las hostilidades en la zona de Donbas, promovidos por el Cuarteto de Normandía integrado por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania, firmados en el 2015. Por otra parte, los argumentos que esgrime el Presidente Putin para justificar lo injustificable, proyectan una posición imperialista, terrófaga, cargada de profundo historicismo; manipulando valores nacionalistas y hechos históricos, con el objetivo de lograr cohesión ante el creciente deterioro de su imagen a nivel nacional. Por otra parte, el discurso del Presidente representa una amenaza para las repúblicas que surgen de la caída de la vieja URSS. Si los viejos imperios asumen la narrativa del Presidente Putin, y aspiran retomar territorios ancestrales que dominaron, básicamente mediante el uso de la fuerza, el mundo entrará en una vorágine de anarquía impredecible. En ese contexto, sorprende que un país en desarrollo asuma la defensa de tal posición imperialista, que abre las puertas para una dinámica en la cual los más poderosos deciden las reglas de juego, en detrimento de los más débiles. Al respecto, llama la atención la situación que se presenta en nuestra región pues, con la excepción del gobierno de Colombia, ha reinado un silencio frente a las declaraciones de altos funcionarios del gobierno ruso, incorporando la región en sus estrategias expansionistas y militares. Ahora, consumada la invasión, impacta que varios gobiernos, de tendencias ideológicas diferentes, apoyen la posición rusa, menospreciando las peligrosas consecuencias que puede generar. Algunos de los fanáticos radicales que apoyan la invasión argumentan que en occidente se han presentado situaciones análogas y, asimilan con ligereza diversos casos, sin cuidar las especificidades. Al respecto, la necesidad de poner límites a la amenaza que representó Sadam Hussein en Irak, que también violentó la soberanía de un país, al invadir a Kuwait; no se puede comparar con Ucrania, cuyo desafío ha sido avanzar en la consolidación de su democracia

Las horas mas oscuras

Por Agustín Urreiztieta Desde 1945 Europa no veía aviones militares surcando sus cielos, tanques cruzando sus campos, seguidos por tropas, barriendo en pocas horas la integridad territorial de un país soberano. Inevitables referencias se hacen con las que Winston Churchill llamó “las horas más oscuras” durante la Segunda Guerra Mundial. Se critica el apaciguamiento de Putin por las potencias occidentales, como en tiempos de Neville Chamberlain y su fatídica cita con Hitler en Munich en 1939. También, Putin nos recuerda las tesis geopolíticas esgrimidas por el nazismo fanático, el Lebensraum, el espacio vital, necesario para desplegar sus alas. De igual manera, son conocidas las tácticas de la guerra relámpago, el Blitzkrieg de Hans Guderian y sus temibles tanques Panzers. El nuevo milenio pensaba que aquello eran salvajadas de otras épocas, de barbaridades superadas. Pero no, definitivamente no lo son. La guerra sigue allí, en el terreno o en el tintero, siempre como una opción. Putin tiene muy presente que “la guerra es la continuación de la política pero, a través de otros medios” frase del conde Klaus von Clausewitz, oficial y teórico militar prusiano en tiempos de las guerras napoleónicas. Queda claro que Putin desconfiaba de la senda democrática que había emprendido Ucrania por años. Su candidatura como miembro de la Union Europea, la reorganización de su economía e instituciones, apuntando a un régimen de libertades democráticas claramente incompatibles con el modélelo autoritario de Putin. Poco a poco se le escapaba el control y peligrosamente se inclinaba hacia el bando de sus enemigos occidentales, la OTAN. El zarpazo ruso se imponía antes de que fuera muy tarde. Inevitablemente y, ante la incredulidad del mundo civilizado, Putin dictó la orden a sus tropas. Una orden acompañada de una advertencia a los occidentales que podrían verse tentados a intervenir, amenazándoles con “consecuencias que nunca habían conocido en su historia”. Palabras insólitas en boca del líder de una gran potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Estas palabras airadas pueden relacionarse con la puesta en escena teatral y revisionista del lunes 20 de febrero, donde Putin negó la existencia de una identidad ucraniana y anunció estos dramáticos acontecimientos. En todo momento se creyó que lo dejaría así, subestimando la determinación de un dictador envejecido y aislado, obsesionado por vengarse de la historia.  Esta guerra se había vuelto inevitable, ya que nadie estaba dispuesto a pagar el precio de oponerse a Putin. La disuasión no funcionó cuando los únicos que podían oponerse declararon públicamente que no lo harían. Claramente, Putin apostó a lo que él consideraría como la pusilanimidad europea ante la guerra. Esto es simplemente la barbarie en contra de la civilización. El desarrollo del drama nos deja ver que son los ucranianos quienes evidentemente sufrirán la realidad de la potencia de fuego rusa. Pero este conflicto está cambiando el mundo, cambiando los tiempos. Putin está cometiendo lo irreparable, está sumiendo al mundo en una nueva guerra fría, que tardará años en superarse. Más allá de la condena y el estupor de la guerra en el corazón de Europa, es preciso abrir los ojos a la recomposición geopolítica que esta tomando lugar. Atendiendo a la historia reciente, la ocupación rusa de Crimea en 2014 y la breve guerra entre Rusia y Georgia en agosto de 2008, permiten esperar que Putin, una vez Ucrania en su puño, estacionará firmemente sus tropas a todo lo largo de la frontera con los países miembros de la OTAN, para luego, extender su mano para negociar la paz bajo sus condiciones. Luego, la amenaza más inmediata será para los estados bálticos. En efecto, ante el impulso bélico de Putin, cabria preguntarse si la OTAN realmente defenderá a sus miembros bálticos de un ataque ruso. También, Rusia podría exigir un corredor directo para conectar su territorio con el enclave de Kaliningrado, su ciudad portuaria en el mar Báltico, resultado de las negociaciones de post guerra. Esto aislaría aun mas a los estados bálticos. Esta amenaza podría ser la próxima crisis geopolítica pues, seria patente, que la alianza de la OTAN no puede defender a sus miembros. ¿Estarán verdaderamente dispuestos los Estados Unidos y Europa a intervenir militarmente para defender la soberanía de Lituania, Letonia y Estonia? En la actualidad, Putin busca como mínimo que no se desplieguen fuerzas de la OTAN en el territorio del antiguo Pacto de Varsovia. Inevitablemente las próximas rondas diplomáticas sobre la seguridad en Europa, se harán con la presencia disuasiva de las tropas rusas en los confines orientales del continente y aun bajo los ecos de las explosiones de los misiles disparados en Ucrania. Simultáneamente, no sorprendería que, la satrapía rusa en la que Lukashenko ha convertido a Bielorusia pida ser anexada a Rusia, que Putin invada Moldovia o al menos incorpore finalmente el territorio de Transistria. La agenda conquistadora puede ser larga. Putin, así como la China de Xi Jinping, cuyas reacciones el mundo observa con atención, están convencidos de que Occidente está en declive y que ha llegado el momento de cambiar el equilibrio de poder. La guerra en Ucrania no tiene sentido, no está justificada, pero ahora es una realidad que se impone a todos. Y es así como, en paralelo, al otro extremo del mundo China amenaza con romper el balance estratégico en Asia, con un claro objetivo de capturar definitivamente a Taiwán. Es claro que Taiwan y el apoyo que le brindan los Estados Unidos, son un obstáculo a la hegemonía china en la region. En su empeño, Xi Jinping debería pensar que con el conflicto Rusia-OTAN-Ucrania, sus chances de éxito en Taiwan o en el Mar del Sur de China, aumentaron de alguna manera. En su lógica, los Estados Unidos, estarían muy ocupados por las amenazas de Putin y el quiebre de los frágiles equilibrios de la seguridad europea. Queda claro que, a Moscú y Pekín, lo que realmente los une es su deseo compartido de fracturar el orden internacional en su favor. En este momento, pareciera realista imaginar una escena mundial

¿Un Mundo Desorganizado?

Por William Santana El concepto de desorganización se refiere al caos, desintegración, desorden, etc, dentro de un sistema, pero en este artículo, a pesar de que el mundo pareciera encontrarse en esta situación, me voy a referir a la cada vez mayor incapacidad de las organizaciones mundiales y regionales en cumplir con los mandatos que les dió la comunidad internacional para enfrentar las amenazas  a la paz y seguridad internacionales, es decir, un mundo sin organizaciones.  Dichas amenazas hoy, además los conflictos bélicos tradicionales como el que actualmente despliega Putin en Ucrania se suma el terrorismo, el crimen transnacional, los delitos financieros, los ciberataques, las violaciones a los derechos humanos, los daños al medio ambiente, la pandemia y los fenómenos llamados cisnes negros o rinocerontes grises que nos puedan tomar por sorpresa, teniendo como telón de fondo la ola anti democratizadora más grande que ha visto la humanidad como lo reflejan de manera progresiva y alarmante los índices elaborados  por prestigiosas instituciones como The Economist,  y lo reseñan de manera magistral en sus obras El Ocaso de las Democracias, de Anne Applebaum, ganadora del premio Pulitzer y Moisés Naim en La Revancha de los Poderosos. De este último autor vale la pena destacar su opinión acerca del tema: “ ¿Qué es este nuevo enemigo que atenta contra nuestra libertad, nuestra prosperidad y hasta nuestra supervivencia como sociedades democráticas? La respuesta es el poder, en una forma nueva y maligna. En todas las épocas ha habido una o más formas de maldad política; la que estamos viviendo hoy es una variante vengativa que imita la democracia al tiempo que la socava y desprecia cualquier limitación. Parece que el poder haya estudiado todos los controles concebidos por las sociedades libres” . Ahora bien, echemos un vistazo a la gobernanza global  empezando por las Naciones Unidas: Como lo describí en un artículo anterior en este mismo diario titulado “La dirigencia de izquierda en la ONU y su influencia en los gobiernos” la misma está penetrada en su burocracia por cuadros del autoritarismo, en particular por miembros del Partido Comunista Chino al igual que los órganos de elección por el autoritarismo mundial, ejemplo de ello es la composición del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, lo cual debilita, desvirtúa o paraliza las responsabilidades que conlleva su mandato. La inutilidad de su Consejo de Seguridad es de larga data y su Secretaria General bajo el mando del reelecto Gutiérrez, se asoma de vez en cuando para expresar “profunda preocupación” por tal o cual motivo. El conjunto de órganos de la familia ONU han debilitado o desvirtuado las funciones para los cuales fueron creados y debido al alto costo de su mantenimiento no seria descartable que en un futuro tuviesen un cierre compasivo de sus actividades. En cuanto a la justicia penal internacional la Corte en La Haya sigue dando visos de lentitud e incapacidad para procesar como se espera a los responsables en los casos de crímenes de lesa humanidad.  En cuanto al nivel regional, este no se queda atrás en su perdida de competencias y espacio para cumplir sus funciones. Exceptuando parcialmente a la Union Europea a pesar del largo proceso del Brexit y las dudosa conducciones en política exterior de Polonia, Hungría y Turquía , ASEAN en Asia, la Unión Africana,  la Liga Árabe y la Organización de Estados Americanos han perdido su importancia e incluso pertinencia en sus objetivos fundamentales producto de nuevas realidades en la correlación de fuerzas que evoluciona en el sistema internacional. El organismo  regional asiático, disfuncional de por si por las asimetrías de desarrollo entre sus miembros y la presencia del gigante expansionista chino, de carácter totalitario aun con su diplomacia de Soft Power, la  Unión Africana, nunca efectiva en la resolución de conflictos tribales, religiosos o terrorismo. La Liga Árabe, entelequia que tampoco ha tenido un rol importante en el siempre convulso Medio Oriente y finalmente la OEA que con sus altibajos ha tenido momentos estelares en cuanto a la preservación de la paz y la estabilidad en la región así como en la promoción y la defensa de la democracia y que en tiempos recientes bajo la conducción de Luis Almagro ha logrado, con mucho esfuerzo, la aplicación, con sus bemoles, de la Carta Democrática Interamericana y aun más, la creación de un grupo de trabajo para estudiar la manera de aplicar en el continente la doctrina de la Responsabilidad de  Proteger (R2P), se encuentra actualmente en una parálisis de su Consejo Permanente respecto  a cualquier acción como en el caso de Venezuela y Nicaragua desde la incorporación de nuevos gobiernos “progresistas” como México, Argentina, Bolivia y Honduras, y en este año  con visos de quedar en el olvido o desaparecer  en el caso que ganen las elecciones Petro y Lula.  La invasión de Rusia a Ucrania y la convocatoria de Biden al Grupo de los Siete deja en claro que la ONU no tiene capacidad de respuesta y queda demostrado que la diplomacia en la política internacional se esta conduciendo bajo otros parámetros diferentes  a los convenidos por consenso por la comunidad internacional global y regional.  La transformación del sistema pareciera que fluye hacia la llamada multipolaridad para regir los asuntos de la guerra y la paz. Sin embargo, la magnitud de los disensos impide encontrar fórmulas de entendimiento en un mundo en el que lo más evidente es el enfrentamiento entre Estados demócrata-liberales por un parte y autoritarios por la otra como la alianza atlántica EEUU-UE, mas Australia y Japón frente a Rusia con sus aliados y China con su ruta de la seda. La gran diferencia entre ambos es que para las democracias en su formulación y ejecución de su política exterior requieren de consensos políticos, la aprobación de sus parlamentos y la evaluación costo-beneficio frente a un electorado, no asi los regímenes autoritarios como lo acaba de demostrar Putin al invadir Ucrania.  Difícil predecir si nos encontramos en un momento de inflexión que nos permita confirmar que habrá un cambio de paradigma en el orden internacional  sin organizaciones internacionales, que de momento pudiera evocar el estado de

Notas sobre Alemania Occidental

Alemania del Oeste. 1974- 1979. A Bonn llegué a finales de 1974. Venia de Chicago, donde estuve  adscrita al Consulado de Venezuela.  La entonces capital Federal, para algunos la Aldea Federal, la capital secreta era por supuesto, Berlín. El Embajador era Walter Brandt. Lo sustituyo en 1975, Armando Molina Landaeta. En 1978, fue nombrado Embajador,  Francisco Sucre Figarella. A Sucre, lo había conocido cuando fuera Cónsul General, en Paris y yo Tercer Secretario, en la Embajada. Él era muy amigo de mi Papa, desde que compartieron estancia en la Seguridad Nacional y el Campo de Concentración, de Guasina. La Embajada estaba ubicada en un suburbio cerca de la capital, Bad Godesberg. Nuestro domicilio era Bonn- Bad Godesberg. Para mí fue una designación que no esperaba. De la “windy” y cosmopolita Chicago, a la idílica y tranquila Bonn. La preocupación al menos para mí, fue el reto de aprender alemán. Una lengua de la cual  no tenía conocimiento alguno.  Esto lo asumí  como tarea inmediata. Tuve la suerte de tener una excelente profesora. Al principio tuve que afrontar el aprendizaje básico de la gramática. Sin una buena base de esta, difícilmente se puede empezar a entenderlo y hablarlo. Mas adelante tuve un profesor  de conversación. Mi guía. Con el maestro Genau, aprendí a elaborar las primeras frases. Además, por cuenta propia, me hacía sugerencias y hasta planes para conocer y viajar por Alemania Occidental, los fines de semana, entre primavera y otoño. Viajar era un ejercicio fácil, la red de  autopistas y carreteras federales es amplísimo. Por todo el País, y en perfecto estado. En esa época no se pagaba peaje alguno.  Alemania es un país bonito, muy verde, montañoso, landas y ríos. La gente es ordenada, disciplinada, amable, cordial y sencilla.  La Misión tenía un amplio personal diplomático, con responsabilidades específicas. Esto incluía una sección consular, una agregaduría militar y una de prensa. Inicialmente mi responsabilidad fue  ocuparme de  asuntos políticos. Más adelante el área económica. Luego de la experiencia y trabajo consular  en Chicago, a veces muy rutinaria, este cambio fue muy satisfactorio. Mi paso y trabajo en Alemania, fue realmente una enseñanza completa en el Oficio y por supuesto me dio más seguridad y conocimiento de la tarea diplomática. A pesar que mi rango era de Segundo Secretario, esto no fue obstáculo para relacionarse con gente en el ámbito político y  económico.  En Alemania Occidental el acceso a la información y la disponibilidad de los responsables, para intercambiar información siempre fue abierto y accesible.   En la parte económica, la información actualizada a la cual se podía acceder era amplísima, de los  ministerios con responsabilidades comerciales y económicas, bancos, instituciones privadas y otras asociaciones. Además de estas fuentes teóricas, se invitaba a los funcionarios diplomáticos que trabajaban en el área, a conferencias, ferias,  en Bonn, o en otras ciudades alemanas.  Venezuela participaba con regularidad en ferias especializadas, con la presencia de representantes del sector privado. Entre ellas la Feria Alimentaria de ANUGA, en Colonia.  Tengo entendido que la asistencia de empresas venezolanas a esta Evento, el más importante en su género, en Alemania, ha continuado. La más reciente, en 2021. En el área política, los funcionarios diplomáticos encargados de  seguir el acontecer político,  eran invitados a atender las convenciones anuales, de los Partidos políticos alemanes. Tuve la oportunidad de asistir a estas citas anuales, del Partido Social Demócrata (SPD), del Partido Social Cristiano (CDU) y del Partido Liberal (FDP).  Estos contactos eran normales, ya fuese con  representantes del o los Partidos en el Gobierno, o en la Oposición.  Los Congresos  anuales se realizaban en Bonn,  o en otras ciudades del Estado alemán. Realmente esta experiencia e intercambio para mí fue de un aprendizaje que aún tengo presente.  Reconozco y agradezco esa oportunidad única de actuar como diplomático, en un país tan importante. Insisto con el rango  de Segundo Secretario, el trabajo y participación fue de actividad constante. Era de rutina normal estar en contacto con el funcionario que tenía la responsabilidad de hacerle seguimiento a la relación bilateral. De manera que con cierta periodicidad iba al Ministerio de Relaciones Exteriores, para intercambiar, tramitar asuntos  de interés en la relación bilateral. Asimismo podían servir de intermediarios en el caso que hubiese que hacer gestiones ante otros organismos públicos o del sector privado. En el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores  los funcionarios con excepción del rango de Embajador, habían creado una asociación integrada por diplomáticos alemanes,” JuniorenKreis”. Esta asociación organizaba mensualmente reuniones, con los diplomáticos extranjeros acreditados en Bonn. Se invitaba a algún ponente o representante de organismos públicos o privados, para una charla social y distendida.  Y así conocer y escuchar de los avances de ese país, en diferentes campos. Político, Económico, Comercial y Cultural. Sobre todo y a través de estos encuentros, la relación con los colegas del Ministerio de Exteriores y de las Embajadas residentes en Bonn, fue más fácil, en lo formal y en lo personal De manera que había un contacto permanente, de trabajo y social. Los colegas alemanes por lo general hablaban inglés y francés, y sin embargo mostraban interés e incentivaban a conocer y hablar alemán. Asimismo, el funcionario que tenía a su cargo el seguimiento de las relaciones bilaterales, en el caso de Venezuela, hablaba, además, castellano. Ciertamente mi experiencia como “junior diplomat” fue de las mejores, sino la mejor, después de haber trabajado en la Embajada en Paris, y en los Consulados Génova y Chicago. En Alemania tuve la oportunidad  de ejercer plenamente  este oficio diplomático, en el mejor sentido de la palabra, en una etapa intermedia entre el inicio y la mitad de la Carrera. En Bonn estaban acreditadas casi todas la Embajadas del Mundo. En el caso de Latinoamérica, todos tenían una representación diplomática, de México hasta la Argentina. Ocurría un caso sino atípico, no muy diplomático, México era el único país que, para ese momento, mantenía la Embajada en Colonia, una ciudad muy cercana a la capital Federal. Tanto Bonn como Colonia y Dusseldorf están ubicadas en

Colombia: tendencias electorales

Colombia se prepara para un intenso proceso electoral en el presente año, que contempla: la elección de los representantes al Congreso, 108 Senadores y 188 Representantes, prevista para el próximo13 de marzo. Ese mismo día tres coaliciones electorales definirán su candidato para la elección presidencial, cuya primera vuelta se efectuará el 29 de mayo y, de ser necesaria, la segunda vuelta está programada para el 19 de junio. Dadas las condiciones prevalecientes en el proceso, todo indica que reproduce la tendencia de fragmentación polarizada que ha caracterizado las recientes elecciones en la región, que conlleva negativas consecuencias en términos de gobernabilidad, convivencia, crecimiento económico sostenible y bienestar social. La fragmentación se manifiesta por la cantidad de partidos políticos que participan en las elecciones legislativas o de candidatos que compiten en la contienda presidencial y, como todo fenómeno social, genera varias lecturas. Desde una perspectiva optimista, puede reflejar avances en el reconocimiento de la diversidad y complejidad de la realidad que vivimos. Se forman diversos grupos políticos para expresar la opinión de la sociedad frente a la compleja agenda de temas que caracterizan la realidad social. Obviamente en la dinámica democrática es posible que se conformen grupos que promueven temas discriminatorios y de exclusión, entre otros, xenofobia, aporofobia, nacionalismo o racismo. La diversidad que conlleva la fragmentación también puede estimular una mayor participación de la población en los procesos electorales, en la medida que temas que le resultan prioritarios se posicionan en el debate político y estimulan el ejercicio del voto, lo que puede contribuir a reducir la marcada abstención que está caracterizando las elecciones en varios países. Pero la fragmentación también genera dispersión del voto y, en consecuencia, la dificultad de poder alcanzar el triunfo. Situación que se podría superar si los diversos grupos políticos logra construir una plataforma unitaria, que incluya en su agenda o programa de trabajo los diversos temas de interés de la sociedad. Por otra parte, la creciente fragmentación también puede evidenciar la crisis del sistema político que enfrentan varios países de la región, que se expresa, entre otros, por la desconexión de los partidos y los políticos con la realidad social; el descontento y rechazo de la sociedad contra los partidos tradicionales; la formación de alianzas oportunistas y movimientos efímeros, que solo responden a una coyuntura electoral. También la fragmentación representa una expresión de los personalismos, las agendas personales y, en alguna medida, el deterioro institucional y moral de los partidos, que se vinculan con prácticas ilícitas como: corrupción o lavado de capitales, lo que genera el dinero negro en las campañas electorales. Todo ese conjunto de factores alimenta la antipolítica, el rechazo radical e irracional de los partidos políticos, instituciones fundamentales para el funcionamiento de la democracia. La antipolitica, que en gran medida se fortalece con la tecnología de las comunicaciones y, en particular las redes sociales; estimula y se beneficia de la fragmentación y la polarización. Algunos de los nuevos grupos políticos buscan ganar protagonismo con narrativas que propician una atmosfera de desconfianza destructiva del sistema democrático; situación que aprovechan los proyectos populistas y autoritarios, en detrimento de la democracia, las libertades y los derechos humanos. Otro elemento que caracteriza la fragmentación en algunos países de la región, es que se manifiesta de forma más acentuada en los sectores democráticos, limitando su capacidad de acción, lo que inexorablemente favorece a los grupos populistas y radicales. Se podría interpretar que la democracia se caracteriza por la diversidad y, en consecuencia, se presenta más diferencia y mayor cantidad de grupos y propuestas, pero eso acarrea la dispersión del voto que favorece a los contrarios. En una balanza, la fragmentación generar mayores efectos negativos, pero la polarización, en sus diversas expresiones, resulta más nefasta. Por una parte, tenemos una primera lectura de la polarización en la que se presenta el debate anacrónico y estéril entre derecha e izquierda, que estimula fanatismos, pasiones y hormonas, pero debilita o impide la capacidad de razonar. Por otra parte, y con un mayor nivel de complejidad se presenta la polarización entre los defensores de la democracia competitiva y los promotores del autoritarismo, que va asumiendo diversas tonalidades, definidas como: autoritarismo competitivo autoritarismo hegemónico y democracia iliberal. Una polarización mas más destructiva, pues está en juego el funcionamiento y existencia de la democracia y de los valores liberales que constituyen su fundamento. Los desafíos que genera la interdependencia compleja que vivimos y los problemas estructurales que arrastran nuestros países, no encuentran soluciones efectivas y eficientes desde las visiones radicales de la derecha o la izquierda; que han perdido sentido para construir gobernabilidad, convivencia, crecimiento sostenible y bienestar social. Ahora bien, sus discursos son sencillos, manipuladores y cautivan; empero, no resuelven los problemas y, por el contrario, crean nuevos. En ese contexto, las pasadas elecciones presidenciales en Bolivia y Perú ilustran claramente la tendencia de fragmentación polarizada y, desafortunadamente, la situación que se vive en Colombia reproduce tal dinámica. En el caso de Bolivia, la oposición democrática no logró construir unidad y participó con siete candidatos, contra el candidato del MAS, el partido de Evo Morales que, no obstante, su corrupción y prácticas autoritarias y excluyentes, mantiene un importante respaldo popular y, además, hábilmente presentó como candidato a Luis Arce, la cara fresca de un tecnócrata. El resultado estaba cantado, la dispersión del voto en los partidos democráticos tiende a garantiza el triunfo del adversario. En Perú, en la primera vuelta participaron 17 candidatos, en su mayoría defensores de la democracia y los valores liberales, pero entre otros, la insistencia de Keiko Fujimori de mantener por cuarta vez sus aspiraciones presidenciales, limito las posibilidades de la unidad y, en la segunda vuelta se evidenció la polarización anacrónica de los radicalismos, la derecha con Keiko Fujimori de Fuerza Popular y Pedro Castillo por el partido marxista radical de Perú Libre. Lamentablemente para la democracia peruana, varios ciudadanos justificaron su voto a favor de Pedro Castillo, argumentando su rechazo a Keiko Fujimori. Por otra parte, no debemos desconocer que Castillo representa a los

¿Va Putin perdiendo la jugada en Ucrania?

Por Agustin Urreiztieta Han pasado tres meses. Una crisis geopolítica tan larga deja de ser una tensión pasajera, pierde el efecto sorpresa y con ella la contundencia de un golpe táctico. Es cierto que Putin tiene el beneficio del manejo de los hilos a largo plazo y por ende dispone de mayor reflexión estratégica. Por el contrario, las democracias liberales están condenadas a la perenne maldición del corto plazo, en otras palabras, la fecha de la próxima elección y el impacto de una posible mala o buena decisión en los votos.  No obstante, ¿va Putin perdiendo la jugada en Ucrania? Puede ser una pregunta osada ante las imágenes del enorme despliegue ruso en las fronteras de Ucrania. Cerca de 150.000 soldados, tanques, aviones, buques, submarinos, equipo bélico pesado, guerra cibernética, maniobras con Bielorrusia y todo cubierto por el manto mediático de información y desinformación del cual Moscú es un artista. Pero tras tres meses de tensión, pareciera que Vladimir Putin no logrará sus objetivos y que el coste de una posible invasión de Ucrania sigue in crescendo. De igual manera, ¿Por cuánto tiempo Joe Biden puede atizar la brasa de la invasión inminente sin que nada ocurra? No es la primera vez que el temible oso ruso muestra sus garras en la frontera ucraniana, pero sí es la primera vez que plantea exigencias concretas. Esta vez, no solo intentan disuadir la entrada de Ucrania en la OTAN, también retrocede a 1997, antes de que los países de Europa Central y Oriental se unieran a la alianza militar liderada por los Estados Unidos. También recuerda oportunamente Rusia, la promesa que se le hiciera a Gorbachov en ese momento y el cacareado “ni una pulgada hacia el este” de Bush padre y su Secretario de Estado James Baker, sobre la influencia de la OTAN. En ese momento Helmut Kohl, François Mitterrand, entre otros, aseguraban a Rusia que el desmantelamiento de la Unión Soviética no implicaría la formación de un amplio frente anti ruso a través de la OTAN. Es uno de los argumentos claves de Putin: “engañaron a Rusia”. Putin manipula callado, siembra el desorden en el campo Occidental y apuesta sacar provecho de la desunión y las contradicciones de Europa. A pesar de su habilidad, es evidente que el resultado más bien presenta un frente Occidental unido, aunque con matices, tras la defensa de la soberanía ucraniana. El único país de la OTAN que se ha desmarcado es la Hungría de Viktor Orban quien, pescando en rio revuelto, acaba de firmar un acuerdo de gas con Moscú a precios de socio y amigo útil. Sin duda es muy temprano para decir que Putin ha perdido, pero el posible bluff del presidente ruso ha tenido varias consecuencias que no son motivo de celebración. El primero es que ha vuelto a implicar a los Estados Unidos en Europa mientras estaba concentrado en su rivalidad con China. Así, la administración Biden ha aprendido las lecciones de las críticas europeas, especialmente durante la caída catastrófica de Kabul del año pasado y el fiasco del submarino australiano con Francia. A todas luces, hoy juega en sintonía con sus aliados naturales. Washington también ha anunciado el envío de más tropas a Europa (aunque en números más que simbólicos) y promete severas sanciones. ¿Hasta donde se espera que llegue su rigor? Desde luego, Biden también se muestra aguerrido apuntando a cosechar la gloria del estadista campeón que resolvió la crisis geopolítica europea más importante desde la segunda Guerra Mundial. Quizás así, los números en las encuestas de aprobación le brinden un respiro. Incluso Emmanuel Macron, que hace dos años declaraba que la OTAN sufría de “muerte cerebral”, envía ahora soldados franceses a Rumania, en el Mar Negro y lleva a cabo sus movidas diplomáticas, incluso con Putin, colocándole como jugador de peso en el tablero ucraniano (también con las próximas elecciones francesas en mente, claro está). Del lado de Boris Johnson, la oportunidad es propicia para desviar la opinión pública de sus cuestionadas fiestas durante las restricciones de la pandemia. Y es así como, muy a su pesar, Vladimir Putin no consiguió dividir a Occidente. Putin, empero, aún no ha dicho su última palabra y es difícil saber qué hay en su cabeza. Se podría intuir que, tras mas de veinte años en el poder, sufre de un efecto de “bunkerizacion”, es decir, se encuentra aislado, rodeado de generales y operadores políticos complacientes, temerosos de contradecirle. Sin embargo, hay varias señales inequívocas que desaconsejan una ofensiva a gran escala contra Ucrania, lo que no impide otras tácticas de desestabilización en esta “guerra híbrida”. En primer lugar, el altísimo coste económico e incluso militar de una operación de este tipo no sería nada despreciable para Rusia. Como ejemplo, se observa que desde su cúspide en octubre del 2021 y desde el comienzo de estas tensiones en noviembre, su mayor índice bursátil ha retrocedido 20% barriendo por miles de millones de dólares la valoración de sus empresas. Por otro lado, pensar en los efectos de la exclusión de Rusia del sistema SWIFT y el dólar americano, nos daría un vistazo de la amplitud del daño en una economía globalizada. En segundo lugar, China, apoyo indispensable de Rusia, no tiene ningún interés en una guerra en Europa que desestabilizaría su economía de exportación. Es claro que los dos países no tienen los mismos intereses en este sentido. Putin, quien visitó Pekín para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, negoció una suerte de espaldarazo político de China lo cual no significa necesariamente una luz verde. Lo que queda es ofrecer a Putin una salida para salvar su dignidad. Esto es quizás lo que permitiría un escenario de neutralidad para Ucrania o, más bien, de no alineación militar como el de Finlandia, quien, para calmar la hostilidad de su vecino soviético después de la Segunda Guerra Mundial, optó por moderar su entusiasmo por el Occidente liberal. En este sentido, los esfuerzos se dirigen hacia la apertura de un dialogo directo

La Vigencia del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA)

Oscar Hernández Bernalette Las organizaciones   internacionales, al igual que los cuerpos vivos, sufren trasformaciones a lo largo del tiempo y del espacio. Su vigencia y su capacidad de contribuir con los objetivos fundacionales depende en gran medida de su capacidad de adaptación ante los nuevos retos y a la vigencia de los mandatos originales que le dieron sentido en un momento determinado. Siempre es un ejercicio importante evaluar la vigencia de las organizaciones a luz de contribución que pueden dar independientemente de su vocación o naturaleza. No dejan de haber escépticos que afirman que muchos OI han dejado de ser eficientes y poco contribuyen a objetivos originarios, pensemos por ejemplo en las naciones unidas (ONU) cuyo mandato fue el de preservar a paz luego de la terrible experiencia que vivió el planeta durante la segunda guerra mundial. Sin embargo, el inventario de sucesos bélicos que han originado y aún se mantienen a pesar de las Naciones Unidas generan dudas sobre su capacidad, pero, por el contrario, se nos olvida preguntar precisamente, ¿cuántos conflictos se han reducido a su mínima expresión gracias a la actuación de los mecanismos de mantenimiento y de preservación de la Paz con que cuenta la organización? . A lo largo del tiempo y no sin sus respectivas deficiencias y dificultades el propio sistema de Naciones Unidas ha logrado impulsar extraordinarios programas, que sin bien muchas veces no logran los objetivos esperados debido a razones exógenas, nos dan garantía de un mundo con mayores opciones para superar muchas de las dificultades del planeta. Pocos ponen en duda la importancia del multilateralismo como la herramienta para   buscar equilibrar todas las visiones, aspiraciones, encuentro de culturas en la búsqueda permanente de frenar las tendencias perversas del planeta, sean estas bélicas, políticas sociales y/o económicas a las que la humanidad está permanentemente sometida, por ello y en el caso de interés de la presente nota, evaluar la vigencia del SELA en la actual coyuntura regional (2022) y a la luz de las    dificultades que atraviesa la región especialmente a raíz de la pandemia (COVID19) considero es una buena oportunidad para enfrentar los retos por delante y la capacidad del organismo de contribuir al desarrollo de la región. El leit motive   desde la creación del SELA ha estado dirigido a promover un sistema de consulta y coordinación para concertar posiciones y estrategias comunes de América Latina y el Caribe, en materia económica, ante países o grupos de naciones, foros y organismos internacionales e impulsar la cooperación y la integración entre países de América Latina y el Caribe. Como le decíamos en anterior entrega, no hay quien dude de que el SELA al igual que otros organismos regionales necesitan ajustarse a los nuevos retos. Hay que evitar el solapamiento   o la duplicación de mandatos que muchas veces se repiten por lo parecido de la naturaleza entre los organismos.  Cuando los países de ALC se reunieron para crear   este sistema regional partían del principio que era necesario establecer un mecanismo permanente de cooperación económica y social intrarregional, de consulta y coordinación de las posiciones de América Latina, tanto en los organismos internacionales como ante terceros países y agrupaciones de países I.- Aunque para aquel momento (1975)  la dinámica  de las relaciones internacionales, en los campos económico y social, no era  la misma que la de los actuales  tiempos que tiene   nuevos desafíos, la región igualmente necesita  trabajar en conjunto  y   alcanzar sinergias   entre los países y otros sistemas regionales  latinoamericanos para alcanzar  un sistema permanente e  incluyente que asuma los acuerdos y principios de integración que han acordado  la mayor parte de los países de América Latina.  Aún es imprescindible propiciar una mayor unidad de los países de la América Latina, para garantizar acciones solidarias en el terreno de la cooperación económica y social intrarregional, acrecentar el poder de negociación de la región y asegurar que la América Latina ocupe el lugar que legítimamente le corresponde en el seno de la comunidad internacional y sin duda un organismo como el SELA tiene la capacidad institucional y el mandato para lograrlo. A pesar de los vaivenes, diferencias políticas e ideológicas a lo largo de los años se hace necesario igualmente, después de 47 años de su creación, un sistema permanente de coordinación intrarregional, de consulta y de cooperación de América Latina. Tema fundamental del espíritu creador y totalmente vigente es fortalecer y complementar los diversos procesos latinoamericanos de integración, mediante la promoción conjunta de programas y proyectos específicos de desarrollo. II.- Tal como lo indica el acta constitutiva, son propósitos fundamentales del SELA: a) promover la cooperación intrarregional, con el fin de acelerar el desarrollo económico y social de sus miembros; b) promover un sistema permanente de consulta y coordinación para la adopción de posiciones y estrategias comunes sobre temas económicos y sociales, tanto en los organismos y foros internacionales como ante terceros países y agrupaciones de países. Tal como reza la carta constitutiva las actividades del SELA se basarán en los principios de igualdad, soberanía e independencia de los Estados, la solidaridad y la no intervención en los asuntos internos, y el respeto a las diferencias de sistemas políticos, económicos y sociales. Asimismo, las acciones del SELA deberán respetar las características propias de los distintos procesos de integración regional y subregionales, así como sus mecanismos fundamentales y su estructura jurídica.  Tan como lo establece el artículo 5 del instrumento en comento; Los objetivos del SELA son: 1. Promover la cooperación regional, con el fin de lograr un desarrollo integral, autosostenido e independiente particularmente mediante acciones destinadas a: a) Propiciar la mejor utilización de los recursos humanos, naturales, técnicos y financieros de la región, mediante la creación y fomento de empresas multinacionales latinoamericanas. Dichas empresas multinacionales latinoamericanas podrán constituirse con aportes de capital estatal, paraestatal, privado o mixto, cuyo carácter nacional sea garantizado por los respectivos Estados Miembros y cuyas actividades estén sometidas a la jurisdicción y supervisión de los mismos; b) Estimular niveles satisfactorios de producción y suministro de productos agrícolas, energéticos

Recuperar y reinstitucionalizar: prioridades

Por Luis Daniel Álvarez V. Ese 31 de enero habían transcurrido apenas algunos días desde que lo inesperado ocurrió. El 23 de enero, una dictadura grotesca, anacrónica y vetusta, que se consideraba sólida y blindada, sucumbía ante la presión ciudadana. La cantidad de recursos que se movieron para garantizar fidelidad a la élite gobernante y el miedo imperante para aplastar cualquier atisbo de crítica resultaron insuficientes para evitar que la libertad triunfara. Contra todo pronóstico, la tiranía era una etapa superada, el déspota y sus esbirros huían cobardemente y el clamor ciudadano se erigió con su voz de protesta en ejemplo para que otras naciones desplazaran a quienes subyugaban a sus países. Con el dictador y sus acólitos y serviles fichas alejados del mando y repudiados por inmensos sectores, la tarea empezó bajo otra dimensión, pues se hizo prioritario labrar un destino diferente que superase la afrenta republicana y que permitiera una reinstitucionalización que desplazase definitivamente a un modelo arcaico en el que no hubo independencia de poderes, pues todo era manejado por el tirano a merced de sus intereses, y que garantizara la plena inserción de Venezuela en la contemporaneidad. La adornada, e incluso falsa y exagerada suntuosidad del depuesto gobierno, tenía que sustituirse por un país próspero, justo, ético y decente. A partir del propósito de diseñar un nuevo país, en el salón de ensayos del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela, un grupo de personalidades ligadas al ámbito académico constituyó el 31 de enero de 1958 lo que hoy en día es el Colegio de Internacionalistas de Venezuela, institución ilustre y honorable que irrumpió con las banderas de la necesidad de un servicio exterior de Estado, la profesionalización de quienes tienen responsabilidades en los ámbitos internacional, diplomático y consular, y la proyección de un Ministerio de Relaciones Exteriores que cumpla sus tareas de representar a Venezuela con gallardía y altura, alejándose de cualquier atisbo de parcialidad política o intereses ocultos. Sesenta y cuatro años después el país atraviesa horas tan aciagas como las de 1958. En medio de la angustia, urge trabajar a favor de un cambio democrático en el que el gremio de los internacionalistas desempeñe una actuación fundamental, proclamando nuevamente unas banderas de fomento a la libertad, respeto a los derechos humanos y profesionalismo. Al igual que ocurrió al momento en el que nació el colegio, las tinieblas se superarán por el anhelado amanecer de esperanza en el que la reinstitucionalización de Venezuela será el punto de partida para que surja una nación desarrollada, pujante y fundamentalmente pacificada. El pasado 31 de enero el Colegio de Internacionalistas de Venezuela realizó un hermoso y sentido acto en el que a través de la virtualidad se hizo una revisión de la situación, se esbozaron las líneas para continuar luchando y se incorporaron nueve personalidades, las cuales, como Miembros Honorarios, acompañarán en la lucha por recuperar la institucionalidad conculcada en el país desde hace más de dos décadas. Aunque la situación lleva a algunos a repetir que no hay clima para festejar ni celebrar, hay que hacerlo, pues la voz contestataria para enfrentar al poder es motivo de algarabía y la ratificación del compromiso por construir mejores sociedades, que superen la actitud perversa de quienes engullen el poder y pese a creerse eternos terminan siendo arrastrados al oprobio. Ese es un factor que merece enaltecerse. Luis Daniel Álvarez V Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Profesor en la UCV y UCAB. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Secretario General del CODEIV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

El pais, sesenta y cuatro años después

Por Juan Francisco Contreras Arrieche El 31 de enero de 1958, solo ocho días después de la caída de la dictadura de Marco Pérez Jiménez, se fundó el Colegio de Internacionalistas de Venezuela (CODEIV), en la Universidad Central de Venezuela, razón por la cual ese día se celebra el día del Internacionalista en Venezuela. Por esta razón nuestro gremio está vinculado a la democracia. La caída de la dictadura (que creíamos que sería la última), produjo en el pais, un ambiente de alegría colectiva, de optimismo y esperanza. Pero también, el reto de trabajar para cambiar las cosas y construir un pais mejor. Desde 1958 hasta la actualidad, el CODEIV siempre ha trabajado para que en Venezuela se logre construir una Servicio Exterior de Estado, que este acorde con los intereses del Pais, Es importante resaltar que ese trabajo venía dando frutos, ya que hasta el año 1999, existió, una Cancillería que era respetada a nivel internacional por su profesionalismo, que competía con los mejores de la región. Este esfuerzo sostenido que tenía como sustento la Ley del Servicio Exterior del año 1962, la cual surgió del consenso político de la época.  Por supuesto que sucedieron algunas excepciones en su aplicación y uno que otro abuso (no somos suizos como diría algún político de la época), sin embargo, en líneas generales funciono bien. A partir del 2001 se realizaron tres modificaciones a la Ley, terminando en el 2013 aprobándose una Ley Orgánica de forma inconstitucional, que acabo con el esfuerzo y los recursos que se invirtieron desde el Estado venezolano para poder contar con la Carrera Diplomática. La mayoría de los profesionales que ingresaban al servicio exterior, lo hacían a través de un concurso público. Estos concursos para el ingreso que se realizaban periódicamente, con un Jurado Calificador, profesional e imparcial. comenzaron en el año 1965, hasta que, en el 2005, se decide acabar con esa práctica, ya que los “revolucionarios” que dirigen el pais y por tanto la cancillería, consideraran que no se necesitan funcionarios que representen al Estado Venezolano, sino “agentes de la revolución”. Es importante señalar que, cinco años antes de ya había comenzado la purga del personal de carrera del Servicio Exterior. Transcurridos más de dos décadas de la llegada de la “involución”, tenemos una cancillería desmantelada, disminuida y desmoralizada. Los salarios de los funcionarios, como en toda la administración pública, son humillantes, no se respetan los méritos, el esfuerzo o el trabajo, ni la antigüedad. Pero es que tampoco, se cumple con los compromisos económicos con las organizaciones multilaterales a las que pertenecemos, para colmo tampoco se cancelan los sueldos de los funcionarios que laboran en el exterior. Para la actual cancillería, solo las “cuestiones ideológicas”, tienen importancia, a pesar de los múltiples problemas que se han venido agravando. Vemos con preocupación que temas que deberían ser de Estado como el Esequibo, está condicionado por el tema ideológico. Desde hace muchos años no se hace referencia en los foros internacionales sobre la reclamación del Territorio Esequibo, no hay ningún plan o política al respecto, mientras continúa avanzando el tiempo para concurrir a La Haya. El gobierno ha tenido que estar ocupándose de responder a los temas planteados en los informes realizados por los dos últimos Altos Comisionados de Naciones Unidas, debido a la constante violación de los derechos humanos en el Pais, Como mención especial, tenemos que, en la Corte Penal Internacional, por primera vez se investiga a un gobierno latinoamericano por cometer crímenes de lesa humanidad. De igual forma, desde hace muchos años se ha denunciado la presencia y actividad de grupos armados colombianos que actúan al margen de la ley, ya no solo en las fronteras, así como mafias vinculadas al narcotráfico y al contrabando y comercio ilegal de minerales, sin que exista una respuesta contundente de las autoridades del Estado. En la actualidad existen más de siete millones de venezolanos que han huido del país se encuentran desamparados, entre ellos muchos colegas que lamentablemente han tenido que dedicarse a otras actividades, no hay una política para ayudar a los venezolanos que huyen del caos que se ha convertido el pais, en muchos casos no tienen ni siquiera la posibilidad de conseguir un documento básico como es el pasaporte, cuyo sistema de citas y costo lo hace prohibitivo para la mayoría de la población. Mientras a los venezolanos se nos imposibilita conseguir pasaporte, les comento un caso que presencie, antes de comenzar la pandemia, en un consultorio odontológico de la ciudad de Caracas, al cual llegaron dos damas de rasgos marcadamente asiáticos, una quejándose de un profundo dolor en su boca y su acompañante, ninguna de las dos hablaba “ni papa” de español, la acompañante solo sabia algunas palabras en ingles. Ante la angustia de la secretaria del consultorio de no entender nada, pidió ayuda a los presentes, por lo que procedí a preguntarle a la acompañante cual era el problema, la cual solo pudo decirme “she have an emergency”, para mi gran sorpresa cuando le pedí un ID para que la anotaran en la lista, ambas tenían pasaporte venezolano. El caso venezolano, donde cada cierto tiempo tenemos que comenzar de cero, nos hace recordar el mito griego de Sísifo, así que ahora el desafío después de sesenta y cuatro años es volver a construir una Cancillería que pueda despertar en los venezolanos el ambiente que existía cuando se creo el CODEIV en 1958. Con respecto al reto, seguimos comprometidos con el cambio. Juan Francisco Contreras A. Internacionalista UCV / Magister en Seguridad y Defensa (IAEDEN- Caracas, Venezuela) / Magister en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho (Universidad Rey Juan Carlos – Universidad Francisco de Vittoria – Madrid, España) / Presidente del CODEIV @jfca