Luis Daniel Alvarez

Tranquilo, “lo hacen por ti”

Golpe de Estado en Sudan Por Luis Daniel Álvarez V. Se ha convertido, lamentablemente, en un hecho recurrente, que ante ciertas maniobras y acciones, se generen explicaciones que, aunque en muchos casos absurdas, buscan colocar un halo de normalidad al momento que atraviesa la sociedad. Desde torpezas manifiestas hasta arbitrariedades de todo tipo, tratan de ser justificadas con el velo de la ironía y bajo una serie de posiciones que empleando discursos tapan las tropelías ejecutadas, revirtiendo la naturaleza de lo que acontece. Las autoridades que proceden de esa manera quieren transmitir una visión de superioridad absoluta. El objetivo que desean alcanzar es sembrar la idea de que lo que hacen no es para enriquecerse o para perpetuarse en el cargo, sino que su acción va cargada con la nobleza de proceder por un bien colectivo y para ayudar a que las poblaciones vivan mejor. Algunos de los que acostumbran a justificar todo de esta manera llegan al extremo de instar a los demás a hacer sacrificios que ellos no están dispuestos a asumir. Estos tutelajes normalmente se acompañan de criterios plagados de arbitrariedad. A la justificación de todo lo que hacen desde el poder, se une la práctica de una censura que a partir de distintas perspectivas tiene el fin de silenciar la manera en la que avanzan. Lo que se quiere es que nadie ponga en duda lo que acontece y que aquellos que perciben el descaro con el que se mueven y el divorcio cierto entre las palabras y las actuaciones, no tengan ningún canal para denunciar y llamar la atención al respecto. De la manera más grotesca que pueda verse, notando que pareciera considerar a los demás sin capacidad para discernir, el líder golpista de Sudán, Abdelfatah al Burhan, señaló en una rueda de prensa que el depuesto primer ministro Abdalla Hamdok estaba preso en su casa. El militar agregó que la detención e incomunicación del dirigente era una medida que buscaba protegerlo, por lo que solo le faltó al líder militar señalar que Hamdok debía darle las gracias por derrocarlo, aislarlo y tenerlo detenido. Preocupa lo que acontece en Sudán, entendiendo que el derrocamiento del gobierno es una variable que detiene la transición democrática, frena la inserción internacional del país, mueve la dinámica de un pacífico reacomodo en la región y puede implicar el retorno al poder de unidades cercanas al expresidente Omar al Bashir, personaje que debe enfrentar un proceso ante la Corte Penal Internacional. Algún día la justicia también llegará a alcanzar al golpista Al Burhan, pero él en su defensa, cuando lo interroguen, con el cinismo que ha demostrado, esgrimirá que más bien deberían agradecerle por derrocar, detener y apartar a los líderes de la transición. correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

Pobre Perú

Por Luis Daniel Álvarez V. Ha transcurrido poco más de un mes y ya el gobierno del presidente peruano Pedro Castillo pareciera dar pasos acelerados hacia su descomposición. Un gabinete que se tambalea ante los resquemores de una sociedad que nota que contradictorios actores dogmáticos ocupan espacios en lo que sugiere ser un orquestado plan para establecer una sociedad diferente, o en su defecto, destruir la existente. Lo más delicado es que bajo el sombrero del primer mandatario parecieran pulular cúmulos de planteamientos que van desde las reminiscencias de la dictadura de Velasco Alvarado, pasando por el fatídico recuerdo de Abimael Guzmán y su terrorista Sendero Luminoso y desembocando en la figura de Antauro Humala, para al final culminar en un discurso vacío, demagógico y en lo absoluto adaptado a la realidad de su país. Como si no fuese suficiente, algunos miembros del entorno gubernamental se han dado a la tarea de querellarse. El primero fue Héctor Béjar, un polémico personaje que pese a su avanzada edad llegó a ocupar durante algunos días el Ministerio de Relaciones Exteriores. De militancia cerrada, controversial vida y radicalismo discursivo, el titular de la cancillería irrumpió violentamente contra gran parte de las líneas de política exterior de su país. Sin embargo, su ejercicio fue efímero cuando salieron a la palestra unas declaraciones anteriores a la llegada al cargo, en la que fustigaba a la armada y asomaba controversiales hipótesis sobre el terrorismo. Temeroso de que se le hiciera un voto de censura, o tal vez de que los radicales le increparan sus argumentos, terminó renunciando al cargo.    Las impertinencias de Béjar compiten con la actitud provocadora de Guido Bellido quien con un lenguaje poco atinado y una actitud de profundo mal gusto, ha salido a amenazar a los detractores de su gobierno y a señalar que él como primer ministro obtendría la confianza parlamentaria a su gabinete a como diera lugar. En la actitud ramplona que lo viene caracterizando, fue denunciado por una congresista de su país que comentó que ante una petición para solicitar unos espacios administrativos, Bellido le había recomendado que se casara y ante la respuesta de la sorprendida legisladora, que le recordó que era viuda, el personaje le respondió que solo faltaba que la violaran, comentario que ha generado, y con razón, repudio en gran parte de la sociedad.  Son solo dos muestras de una gestión en la que muchos de sus integrantes han dado de qué hablar por sus acciones en el pasado y en la que en el gabinete hay muy poca participación de las mujeres. Incluso, varios de los miembros del Congreso que votaron a favor de la confianza del gabinete, señalaron que lo hicieron por un sentido de gobernabilidad y no por muestra alguna de solidaridad o respaldo. Tal es la inestabilidad de la gestión del mandatario que hasta su desempeño protocolar se ha puesto en duda al cuestionarle hechos como no retirarse el sombrero cuando preside o hace acto de presencia en determinadas ceremonias y saludos.  Pareciera que no hay beneficio de la duda. Estamos en un momento de certezas en el que Castillo no es más que un personaje que llegó a la primera magistratura para cumplir la voluntad de algunos sujetos que tras bastidores mueven los hilos del poder. Todo parece indicar que no tendrá ningún carácter respondón ni se separará de sus mentores, pues su actitud deja en evidencia que es regido por un precario proceder y por generalidades, consignas y desplantes que marcan su comportamiento. De todas maneras, en el horizonte no se vislumbra una salida, por el contrario, la crisis del sistema parece seguir incrementándose, dejando nubarrones que hacen presagiar turbulencias que pueden retrotraer al país a etapas superadas hace mucho tiempo. Luis Daniel Álvarez V. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

A dialogar. No hay de otra

Al culminar el acto de instalación del proceso de diálogo que en la Ciudad de México, bajo los auspicios del Reino de Noruega y con México como anfitrión, adelantan la alternativa democrática venezolana y el régimen, surgieron comentarios de diversa naturaleza. En mi caso ratifiqué que debía insistirse en ese mecanismo, pues no hay otra opción para una salida lo menos traumática y dolorosa posible a la crisis nacional. Un académico de renombre manifestó que acompañaba mi apoyo, pero más que por convicciones, lo hacía por inercia, pues la delegación oficialista se maneja con crueldad y poco compromiso. Esa es la razón por la que corresponde ir a un proceso de esta naturaleza, pues si las diferencias naturales emanan en sistemas libres y democráticos, no hace falta aplicar una logística de envergadura, pues en los espacios regulares o a través del sufragio se dirimirían las controversias. Se aplican procesos como el iniciado en México cuando las vías para solventar el conflicto se han cerrado. En este caso, ante el escepticismo que algunos puedan esgrimir, ante fracasadas experiencias anteriores, hay que argumentar que en esta oportunidad, el proceso va supervisado por la comunidad internacional de una manera determinante, no solo en la discusión, sino en el seguimiento a lo acordado. Aunque la noticia de la negociación es fundamentalmente política, ello no excluye otros temas que se vienen asomando por la alternativa democrática desde el 2017. Existe un planteamiento social que gira en torno a la necesidad de conseguir medicamentos y alimentos, garantizar un canal humanitario y atender el tema migratorio. Ello, aunque poco mencionado, ha sido una de las variables fundamentales por las que se ha luchado. Por ende, debe tener la ciudadanía convicción de que la dirigencia no se ha apartado de ese planteamiento.  Una segunda arista gira en torno a una necesaria reinstitucionalización del país, en lo que atinadamente Gerardo Blyde en su discurso definió como la construcción de un verdadero sistema de pesos y contrapesos. En este momento Venezuela tiene una realidad endeble en la estructura de sus órganos del Estado, por lo que debe revisarse la composición de los poderes. Aunque parezca extraño, en este punto es factible, si la voluntad lo expresa, llegar a acuerdos rápidos, adecuando el Tribunal Supremo de Justicia con la incorporación de los 13 magistrados principales y 20 suplentes elegidos y juramentados por la Asamblea Nacional el 21 de julio de 2017 y con la revisión del Poder Ciudadano y del Poder Electoral. Existe una tercera arista que se palpa al revisar los planteamientos y que es de naturaleza electoral. La propuesta ha sido transparente desde sus inicios y se refiere a la necesidad de construir una opción comicial, que incluya elecciones presidenciales y parlamentarias, que bajo reglas de supervisión y respeto, lleven a que el ciudadano tenga la capacidad de elegir. Esa línea se complementa con el justo reclamo de que las tarjetas de los partidos, confiscadas por medio de artilugios oscuros y maniobras de dudoso proceder, tienen que ser entregadas nuevamente a sus autoridades oficiales y legítimas. Por el bien de Venezuela esperemos que el diálogo tenga éxito. La supervisión activa de la comunidad internacional hace que las posibilidades aumenten de manera determinte. La ciudadanía debe insistir en que la agenda tiene cumplirse y de esta manera abrir paso a la edificación de un país en el que paulatinamente demos los pasos necesarios para que la libertad vuelva a imponerse y el amanecer de libertad nos ilumine un horizonte de esplendor y democracia plena en el que los términos negociación y diálogo recuperen su majestad. Luis Daniel Álvarez V. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

Reinstitucionalizando la justicia

Por Luis Daniel Álvarez V El pasado 21 de julio se cumplieron cuatro años de un hecho que evidencia la endeble situación institucional que afronta Venezuela. La escogencia de 13 magistrados principales y 20 suplentes realizada por la Asamblea Nacional en el uso de sus atribuciones constitucionales y legales, fue desconocida por sectores del poder central que iniciaron una despiadada arremetida contra los juristas, que constitucionalmente, tienen la investidura de ser jueces del máximo tribunal, al haber sido electos y juramentados por el órgano con competencia. Más allá de la gravedad que trae la situación de los magistrados y su entorno, la coyuntura es mucho más delicada, pues dejó un órgano operativo que al no estar adecuadamente constituido, ya que faltan los 13 magistrados seleccionados y sus lugares los ocupan personas que no gozan de la investidura al ser anulado su nombramiento, carece de idoneidad y fortaleza. Los magistrados seleccionados, aclarando que nunca se nombró un tribunal sino a un conjunto de jueces que deben ser inmediatamente incorporados para remediar una arbitraria injusticia, han tenido que estar sometidos a presiones de diversa naturaleza, mientras esperan la posibilidad, imperativa por demás, de asumir sus responsabilidades. Sectores de la comunidad internacional y la mayoría de actores de la política interna son enfáticos en indicar que se requiere la reinstitucionalización de los poderes públicos en Venezuela, siendo en el caso del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela un procedimiento medianamente sencillo, que incluso está sustentado en instrumentos aprobados por la Asamblea Nacional electa en 2015. Un viejo refrán dice que puede medirse la calidad de un país por la manera en la que trata a sus juristas y en particular a sus jueces. En ese sentido, el balance ha sido sustancialmente negativo, correspondiéndole a la ciudadanía mantener vivo el recuerdo de lo acaecido e insistir en la imperiosa necesidad de remediar la arbitrariedad. De esa manera se respetaría la voluntad ciudadana que, a través de la voz de sus representantes, optó por adecuar su máxima instancia legislativa, partiendo de que parte de los que allí estaban, e irregularmente se han mantenido en sus puestos, no fueron escogidos de la manera idónea ni con el procedimiento establecido. La clase política y quienes abogan con firmeza y determinación por una salida justa, democrática y lo menos traumática posible a la compleja crisis social, estructural y económica que atraviesa Venezuela, tienen que mantener como una de sus prioridades la necesidad de adecuar la composición del Tribunal Supremo de Justicia al espíritu de la constitución y la ley, manteniendo la exigencia de que los magistrados electos hace cuatro años tienen que ser incorporados, pues su escogencia se hizo acorde a lo estipulado en las normas, sin que ninguna excusa absurda y carente de lógica pueda imperar. Desde esta tribuna llamamos a la presión necesaria para la correcta composición de los poderes del Estado. En este caso la acción puede ser sencilla, pues no implica más que incorporar a un cuerpo colegiado a los juristas seleccionados, quedando para ejercicios posteriores la revisión del resto de los integrantes. Esa debería ser la consigna y parte de la lucha a emprender por tratar de salir de las tinieblas que azotan a la patria. La ciudadanía, incluidos los partidos políticos con vocación democrática, deben hacer de esa propuesta una de sus banderas, luchando para que el próximo 21 de julio, los magistrados seleccionados puedan recordar su nombramiento, dictando sentencia y fijando audiencias en la sede del máximo tribunal, tal como dictan las responsabilidades para las cuales fueron seleccionados hace cuatro años. Luis Daniel Álvarez V. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

El efímero Haití

Por: Luis Daniel Álvarez V. Los haitianos deben ver con tristeza que no es suficiente con tener una realidad trágica, sino que para convertirse en noticia, al menos por unos días, debe ocurrir algo de fuerza. Terremotos, crisis políticas y acciones violentas colocan al país en el centro del debate, ocultando lo dramático de una realidad en la que lo anormal se ha convertido en un hecho recurrente. El hambre, la miseria y la violencia política están latentes, mientras la comunidad internacional parece obviar lo complejo de una existencia que se hace cuesta arriba para los habitantes de ese país.   El asesinato del polémico presidente Jovenel Moïse, atacado en circunstancias poco claras en su residencia, llevó a reacciones inmediatas de autoridades de organismos multilaterales y de actores de otros países que pidieron medidas rápidas y concretas, como el establecimiento de misiones o comisiones que se trasladen al lugar para recabar información, evidenciando lo precario del conocimiento que muchos tienen sobre la realidad haitiana. Si bien es cierto que la situación actual amerita hacer seguimiento a la crisis, la mirada internacional y el tratamiento de la opinión pública ha debido darse desde hace mucho tiempo, tal vez con miras a evitar que la descomposición llegara al extremo de mostrar episodios como el acaecido contra el jefe de Estado y su esposa. El mandatario era un personaje que administraba con poca transparencia un país que no tenía poder legislativo, pues al vencerse el período, Moïse comenzó a gobernar por decretos, además de tener una disputa permanente con el Tribunal de Casación, máxima instancia judicial del país. Aunado a lo anterior, existían diferencias en torno a la culminación del período presidencial, pues el primer mandatario alegaba que aún podía permanecer en el cargo, mientras que sus detractores señalaban que lo usurpaba, lo cual se complicaba con el recurrente cambio de calendario electoral. Las dudas en torno a Moïse se incrementaban ante el probable intento de una reforma constitucional cuyo contenido no era de conocimiento público, según han comentado los medios en un país en el que la opacidad parece ser la norma. Al final, a la fatídica actualidad de Haití se le une un pasado en el que las dictaduras, los resentimientos, los conflictos sociales y las carencias han hecho mella, complementándose pavorosamente con saña, crueldad e incluso esoterismo. Lo desastroso de todo ello es que en unos días el país dejará de ser noticia, pasará de moda y tendrán que volver a lidiar sus habitantes con el hambre, las heridas de un terremoto de hace años y un macabro ejercicio de la historia en la que los encargados de administrarlo, mayoritariamente, se sumieron en rencillas y rebatiñas, cuyas heridas aún se palpan y sufren. Luis Daniel Álvarez V. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

La vergüenza de Brasil

La situación social y sanitaria de Brasil ha estado en la primera plana de los medios de la región. En un país que se mueve entre los vaivenes de la incertidumbre política, marcada por alarmantes cifras de muerte y contagio, producto de la pandemia, y la inestabilidad caracterizada por cambios en el gabinete, disputas entre poderes y una incomunicación alarmante entre la administración central y las regiones, poco margen hay para recordar los aciagos momentos de la historia.  Hace cincuenta y siete años, el país también fue noticia por el derrocamiento del gobierno del presidente Joao Goulart, mandato sumamente inestable y que despertaba inquietudes, pero que tenía un origen democrático. A decir verdad, Jango, como era conocido el primer mandatario, heredó una situación de conflictividad que se exacerbó dadas las complejidades que afrontaba la nación.  Después del gobierno de Juscelino Kubitschek, cuya llegada al poder no fue sencilla y estuvo marcada por tensiones dadas por el desconocimiento de algunos sectores a su triunfo, el país experimentó coyunturas complejas que anidaban en su propio sistema y que encerraban variables que impedían aliviar la presión para garantizar que los escenarios de quiebre se alejaran. El gran inconveniente fue que las elecciones de 1960 dejaron una fórmula presidencial en la que el primer mandatario, Janio Quadros, era de una agrupación política, mientras que el vicepresidente, Joao Goulart, figura que había conseguido la reelección, provenía de otro grupo, por lo que la comunicación, desde los inicios, estuvo complicada. Después de siete meses, Quadros renunció, alegando que fuerzas muy poderosas no le dejaban margen de maniobra, asumiendo brevemente el presidente de la Cámara de Diputados, Ranieri Mazzilli, mientras el vicepresidente regresaba al país luego de una gira por China. Goulart, visto como más radical que su predecesor por algunos sectores, fue condicionado para permitirle asumir. Al tiempo, el presidente optó por revertir las condiciones que le habían impuesto, pero la conflictividad social, el temor de algunos a un régimen como el cubano y la falta de habilidad para manejar la crisis, llevó a las fuerzas armadas a irrumpir y en una jornada aciaga que se extendió entre el 31 de marzo y el 2 de abril de 1964, el presidente fue depuesto, asumiendo interinamente Mazzilli, que a los días renunció, para ser sustituido por el mariscal Castelo Branco. Brasil experimento una tenebrosa dictadura militar entre 1964 y 1985. Años después, algunos ven con nostalgia el régimen militar, mientras otros parecieran no rememorar y no notar que los pasos de la actual administración se parecen mucho a los de aquellos que hace 57 años sembraron el miedo en Brasil, derrocaron a un polémico pero democrático presidente, y mancillaron la dignidad, a más no poder. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

Diseñar la democracia

Con el asesinato de Colosio se frustraron muchas esperanzas de cambio en México El 6 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio le hablaba a México. Con el enorme simbolismo de estar en el Monumento a la Revolución en la capital del país y ante un nutrido grupo de personas, el líder político manifestaba una posición que permitía a los habitantes de su nación soñar con una visión distinta y con un escenario de cambio. Con un gran sentido señalaba que había llegado la hora de cambiar y de entender que la historia servía para cimentar la realidad, pero que era pertinente asumir los errores e iniciar una nueva era. A los días, en Tijuana, una bala asesina, junto con un manejo inapropiado y poco claro del caso, acabó con la vida del hombre que estaba llamado a impulsar una transformación profunda de todos los ámbitos sociales, eliminando los errores y los desaciertos cometidos, enderezando el camino con la profundización de los grandes aciertos y promoviendo la irrupción de la humildad, el pluralismo y el entendimiento como variables que tenían que prevalecer. En el acto de masas, Colosio hizo un descarnado ejercicio de reflexión en el que manifestó que la ciudadanía tenía hambre y sed de justicia y que era pertinente escuchar, frente a las consignas y la cotidianidad, el reclamo de millones que querían vivir mejor y que no encontraban respuestas ante el divorcio y la altanería de quienes ejercían cargos públicos, pero no servían a las mayorías. Además, con una determinación absoluta, dijo que era fundamental la institucionalización del país para acabar con cualquier atisbo de autoritarismo. En su alocución, Luis Donaldo Colosio, con una gran gallardía y actuando incluso como una figura que cuestionaba el proceder y la conducta del gobierno que lo promovía y de su propio partido, mencionaba lo perentorio que era un viraje que incrementara el empleo, aumentara la productividad, diera respuesta rápida a las demandas sociales, trabajara en la reducción de las brechas e invirtiera en la educación. Sin lugar a dudas, era la propuesta que México requería para dejar atrás una manera de proceder y se iniciara la pavimentación de un camino al desarrollo que se nutriera de una historia de gloriosos aprendizajes, pero también de las reflexiones en torno a lo pendiente. Entre el histórico acto y su asesinato, transcurrieron apenas días. Su discurso quedó como un documento ferviente para la historia de lo que debe ser la política, un servicio público para desmontar las arrogancias y mezquindades, execrar a los que se lucran y no atienden al colectivo y que no permiten el tránsito a mejores destinos. El sueño de Colosio puede ser la guía para motivar a pensar distinto, construir sociedades de justicia y alcanzar la verdadera libertad, que no es otra cosa que la democracia plena. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

El CODEIV y su compromiso

Por Luis Daniel Álvarez V. Hace 63 años Venezuela dejó atrás una oprobiosa y dantesca experiencia gubernamental. Se pensaba que para siempre la acción de vulnerar y mancillar la dignidad humana se execraban y entraba la nación en una era de plena libertad, enfocada en el desarrollo, en la satisfacción de las necesidades y en la consecución de los anhelos más hermosos. En ese propósito, la institucionalización se tornó prioritaria por lo que con el amanecer de la libertad comenzaron a surgir diferentes instancias que se esmeraron en dar su aporte a la construcción de un país que debía recuperar el tiempo que la dictadura había gobernado y que representaba un atraso sustancial. Había llegado el momento de revertir el personalismo y apostar por la claridad. Uno de los ámbitos que requería mayor impulso era la esfera internacional, por lo que el 31 de enero, apenas días después de derrocada la asesina autocracia, se constituyó el primer ejercicio gremial de los estudiosos de la diplomacia, naciendo lo que sesenta y tres años después es el honorable Colegio de Internacionalistas de Venezuela. Actualmente, Venezuela requiere nuevamente superar una era negra y catastrófica. Al igual que hace más de seis décadas, la prioridad tiene que ser la reconstrucción nacional, por lo que revisar la actualidad y trazar metas a corto, mediano y largo plazo, es imperioso. En la estructuración de una política exterior de Estado, basada en la profesionalización y el carácter técnico, el gremio de los internacionalistas desempeña un papel fundamental. El país se desmorona en una realidad de confrontación que ha llevado a la vulneración de la soberanía por grupos hamponiles, a la destrucción de un modelo de consenso y a la proliferación de acercamientos con actores de dudosa aceptación en la comunidad internacional. Por ello, una vez se concrete el paso a la libertad, el Colegio de Internacionalistas de Venezuela estará a la cabeza para aportar, soñar y colaborar en la reconstrucción de nuestra Venezuela, al igual que lo hizo aquel sentido 31 de enero de 1958.  Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV correoacademicoldav@gmail.com @luisdalvarezva

Colombia y la Comunidad Andina

La Comunidad Andina de Naciones es el mas serio esfuerzo de integración en la region La Comunidad Andina es probablemente una de las más hermosas ideas de integración y crecimiento global. Es una concepción que de desarrollarse plenamente, puede llevar a que la región se democratice de manera íntegra y emblemática, fortaleciéndose a través de valores de equidad. Lamentablemente, factores propios de su estructura y fenómenos externos, frenaron la posibilidad de que se consolidara para trascender en el tiempo.Si bien hay algunas iniciativas que han buscado calar en la región, su profundidad no es tan marcada como la de la Comunidad Andina que se empeñó en diseñar un mecanismo que llevase a formular alternativas que garantizaran la libre circulación de personas y bienes, el intercambio educativo y unas instancias judiciales y parlamentarias que rigieran y obligaran.Poco a poco la idea del Pacto Andino fue asumiéndose como una prioridad que adquiría enorme relevancia y que vislumbraba escenarios emotivos e insospechados de progreso. En el anhelo surgía una idea similar a la que los europeos lograron aplicar y que ha permitido al viejo continente, más allá de las diferencias lingüísticas, culturales y de idiosincrasia, edificar un emblemático y admirable mecanismo de unión. A finales de los años noventa los vientos turbulentos comenzaron a socavar las bases de las cordilleras que fijaban el modelo. Primero Venezuela optó por mirar hacia Brasil y luego, ya en el poder un régimen enemigo de la integración sensata, sacó al país de la comunidad para avanzar en una aventura sin sentido hacia el Mercosur. Posteriormente, en una polémica medida de intereses poco transparentes, Colombia buscó la manera de desarmar al Parlamento Andino, dejándolo prácticamente convertido en un edificio a medio iluminar y con poca capacidad real de incidir.Colombia puede jugar un rol relevante en el rescate de una institución visionaria que supo transformar la inequidad reinante en la subregión, en una oportunidad de crecimiento conjunto. Un área andina consolidada puede ser factor idóneo para transformar a la región de manera determinante y vencer los embates del populismo. El tener al Parlamento en su territorio (Bogotá) y ser bisagra con otras iniciativas de integración de enorme alcance, puede colocar a Colombia en el rol protagónico de apostar por la recuperación de la Comunidad Andina. Esperemos que se comprenda la enorme responsabilidad en trabajar a favor de ello.  Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCVluisdalvarezva@gmail.com @luisdalvarezva 

Cumpleaños de olvido

Ben Ali, gobernó en Túnez hasta el surgimiento de la “Primavera árabe” Luis Daniel Álvarez V. Septiembre es un mes que da de que hablar dentro de la realidad tunecina, pues es el período en el que nació y falleció un funesto personaje que dejó una estela de terror en la historia nacional. El 3 de septiembre de 1936 nació Zine El Abidine Ben Ali, presidente que vendiendo una imagen de estadista se aprovechó de su cargo, instaurando una dictadura criminal hasta que masivas protestas lo llevaron al exilio a Arabia Saudita, viviendo en ese lugar hasta su muerte el 19 de septiembre de 2019. Ben Ali pasó a la historia a finales de su mandato por haber sido el mandatario al que le estalló el primer caso de la denominada Primavera Árabe con unas protestas ante el hastío que dejaba la falta de oportunidades en un país en el que las enormes carencias sociales contrastaban con el lujo y derroche de la élite dominante.   El retrato del primer mandatario formaba parte del paisaje recurrente al estar colocado en edificios, dependencias y avisos. La opulencia gubernamental quería vender la imagen de un líder al que le importaban los problemas sociales y estaba pendiente de todo. Como todos los tiranos de su tipo, su comportamiento se matizaba con el discurso de que sólo él podía garantizar el orden. Se acostumbró a anotarse controversiales éxitos electorales con votaciones exageradamente elevadas. Su continuidad lo llevaba a competir con otros dictadores que convirtieron a sus países en posesiones exclusivas que administraban a placer. Sin embargo, su idilio comenzó a desmoronarse cuando un joven ingeniero de la provincia, desempleado y dolido por la destrucción por parte de la policía de su precario puesto de frutas, se prendió fuego, convirtiéndose en una mecha que encendió el polvorín de una región marcada por la inequidad y la falta de libertad. Ben Ali huyó cobardemente, llevándose desde enormes cantidades de oro hasta enseres de las residencias oficiales. Él y su entorno más cercano se trasladaron a Arabia Saudita para resguardarse y terminar a la larga escuchando como al repudio de su pueblo se unía una sentencia en ausencia por uno de los muchos desmanes cometidos. En el día de su cumpleaños será recordado por lo perverso que puede ser un hombre al que la avidez por el poder corrompe. Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV luis.daniel.alvarez.v@gmail.com @luisdalvarezva