Felix G. Arellano

Lecciones perversas

Por Félix Gerardo Arellano Porras Cada día que pasa la invasión rusa a Ucrania acrecienta el desastre humano y, adicionalmente, genera lecciones destructivas, que incrementan las angustias e incertidumbres sobre la paz y la convivencia a escala mundial. Ahora bien, ante las amenazas que está generando el expansionismo ruso y, en general la geopolítica del autoritarismo, como ciudadanos y miembros de la sociedad civil, enfrentamos el desafío de defender y fortalecer los valores libertarios, los derechos humanos y la institucionalidad democrática. Entre las lecciones negativas que está estimulando la invasión rusa, destaca el fortalecimiento del aforismo de raíces romanas: “si quieres la paz, prepárate para la guerra” (Si vis pacem, para bellum, Publio Flavio Vegécio). El mundo ha entrado en una vorágine conflictiva y militarista, que está consumiendo las fuerzas pacifistas, desplazando la agenda social y los valores liberales; incluso temas tan sensibles como el cambio climático están perdiendo el interés de los gobiernos. La gravedad de la amenaza militar rusa frente a Europa y occidente en su conjunto, paradójicamente, ha obligado al nuevo gobierno alemán, conformado por partidos políticos de marcada tradición pacifista, a incorporar en la agenda el fortalecimiento militar de Alemania. La Unión Europea, una institución que nació para promover la paz y la prosperidad de sus países miembros, también ha iniciado los debates del tema de la defensa común y está participando activamente en la reactivación de la OTAN, una organización que había perdido su horizonte. En este contexto, debemos incorporar la difícil situación que están enfrentando Suecia y Finlandia, países tradicionalmente promotores de la paz y la convivencia que, ante la amenazan expansionista rusa, están considerando seriamente la posibilidad de incorporarse en la OTAN y, por esa razón, ya han recibido la amenaza del chantaje nuclear ruso. La tendencia militarista también forma parte de la agenda estratégica de China, lo que tiene encendidas las alarmas en la mayoría de sus vecinos, con los que mantiene tensas relaciones, son los casos de los países ribereños del mar de la China Meridional (Brunéi, Indonesia, Malasia, Filipinas, Taiwán, Vietnam), la India en la zona de Cachemira y, con mayor intensidad, el caso de Taiwán, que enfrenta la amenaza de una posible invasión, toda vez que el gobierno chino la define como “la isla rebelde”. Otra de las lecciones destructivas que está promoviendo la invasión, tiene que ver con el fortalecimiento del armamento nuclear, como medio de disuasión e instrumento para un reposicionamiento estratégico en el contexto internacional. Con la invasión de Ucrania, el Presidente de Rusia Vladimir Putin, ha iniciado un chantaje nuclear contra occidente, que los gobiernos democráticos occidentales prudentemente están tratando de enfrentar, con dificultades. Desde Ucrania se presenta la percepción que los han dejado solos. En efecto, no se ha adoptado una reacción militar contundente. Por una parte, debido a que Ucrania no pertenece a la OTAN y, por otra, por el legítimo temor, que una reacción en conjunto abra la puerta para una tercera guerra mundial. Críticos radicales manejan diversas tesis para descalificar el comportamiento de los gobiernos occidentales, entre ellas, el pragmatismo acomodaticio o la cobardía. La prudencia de occidente frente al tema nuclear, está estimulando las posiciones desafiantes de países como Corea del Norte o Irán, que perciben los programas nucleares como sus paraguas de defensa y fortalecimiento en el contexto internacional. El caso de Irán merece un breve comentario, pues desde hace un año se están desarrollando negociaciones con Estados Unidos, bajo la intermediación de la Unión Europea, para reactivar el acuerdo de control del programa nuclear iraní, firmado en el 2015, que contó con la participación de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania; empero, el Presidente Donald Trump lo denunció en el 2018. A principios del presente año parecía inminente la reincorporación de los Estados Unidos en el acuerdo, lo que implicaba la reactivación de los mecanismos de control y supervisión, con la activa participación de la Organización Internacional de Energía Atómica. Pero en estos momentos, se presenta como una decisión muy compleja para la administración del Presidente Biden, además de la crisis con Rusia, el acuerdo cuenta con la oposición del partido republicano, las monarquías sunitas del Golfo e Israel, su tradicional aliado en el medio oriente. Los críticos de las actuales negociones coinciden en afirmar, que el acuerdo representa una válvula de escape, que facilita el desarrollo del programa nuclear iraní, al eliminar las diversas sanciones que está aplicando el gobierno de los Estados Unidos contra Irán, luego de la denuncia del acuerdo. Un argumento importante, pero que no plantea soluciones y exacerba el enfrentamiento con el gobierno teocrático de Irán. En el inventario de las lecciones destructivas, el chantaje nuclear ruso, seguramente está estimulando que otros gobiernos autoritarios consideren la opción de incursionar en el ámbito nuclear, como parte de sus posiciones revisionistas y anti sistema, que también contribuyen a consolidar a los autócratas en el poder. Por otra parte, para muchos, la invasión rusa a Ucrania ha herido de muerte al orden liberal internacional y los valores libertarios que constituyen su base fundacional. Al respecto, no podemos negar que la institucionalidad internacional existente resulta inútil para enfrentar la invasión, entre otras, por la figura del veto en manos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Rusia entre ellos. Si bien la eliminación del veto no constituye garantía de éxito, podría contribuir a dinamizar el papel de la organización, en situaciones tan complejas como la que estamos enfrentando. Adicionalmente, debemos reconocer que las limitaciones y debilidades de las instituciones, no implica que los valores liberales han fracasado, por el contrario, la invasión a Ucrania ha dejado clara la naturaleza del autoritarismo, que no tiene límites internos, pues los destruye progresivamente y tampoco acepta limites o controles a nivel internacional y por eso trabaja para eliminar el orden liberal internacional. La invasión también está evidenciando que la capacidad de acción de los gobiernos en el contexto internacional se presenta limitada, tanto por el chantaje nuclear, como por

Obsesiones de poder destructivas

Por Félix Gerardo Arellano Porras La obsesión por el poder constituye uno de los epicentros de la reflexión política, una temática de gran vigencia; sin profundizar en su densidad, podemos destacar que tal obsesión alcanza su más negativa expresión, en la medida que el gobernante logra conformar un régimen autoritario; lo que supone el control de las instituciones, al respecto, contamos con diversos ejemplos y, en estos momentos, el caso de Vladimir Putin resulta emblemático. También en los sistemas democráticos se presenta el síndrome y dependiendo de la solidez de las instituciones, se pueden activar más eficientemente controles y limitaciones; en la región encontramos algunos casos ilustrativos. La obsesión por el poder constituye un pilar fundacional de los regímenes autoritarios, donde la lucha por el poder, alcanzarlo por cualquier vía, como la opción violenta y armada, que algunos la definen como revolucionaria, ha llenado de sangre la historia de la humanidad. Más recientemente se está extiendo la vía populista, es el caso de grupos radicales que aprovechando las oportunidades que ofrece la democracia, y manipulando con falsos discursos a la población, llegan al poder e inician un proceso de desmantelamiento de las instituciones para perpetuarse. Actualmente encontramos un amplio espectro de gobernantes obsesionados por perpetuarse en el poder, que desarrollan estrategias para conformar regímenes autoritarios, controlar las instituciones y la sociedad en su conjunto. En tales casos, la represión constituye un instrumento fundamental. Al respecto destacan, entre otros, Kim Jong-un el joven dictador de Corea del Norte, la dictadura teológica del islamismo chiita en Irán, las dictaduras comunistas de China, Cuba o Vietnam o el perverso dúo de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua. Ahora bien, el caso de Vladimir Putin en Rusia está alcanzando niveles impactantes, pues su personalismo, visión historicista y terrofaga de la dinámica política y, en esencia, la obsesión por el poder, lo están llevando a la destrucción de Ucrania, un pueblo libertario, emprendedor y pacifista. Además, no se detiene allí y amenaza a otros países fronterizos, con su obsesión por el control y la expansión. Incluso ha llegado al extremo de amenazar con el tema nuclear, para chantajear al mundo libre. La obsesión de poder y su formación en el mundo del espionaje, lo han anclado en el pasado. Una visión historicista, determinista y anacrónica, que repite insistentemente para manipular y adoctrinar. Pero no todo el pueblo ruso sigue la línea y la protesta social contra la invasión no se detiene.  Como parte de la obsesión por el poder, resulta necesario exacerbar el nacionalismo, las falsas superioridades, la xenofobia y construir un mítico y glorioso pasado que se debe retomar.   Otro elemento fundamental tiene que ver con la construcción de los enemigos externos, culpables de la destrucción de la gran nación y, sobre ellos, las peores expresiones como ejemplos de la perversidad. Manipulaciones que forman parte de las practicas comunes en la dominación política autoritaria y, con las nuevas tecnologías de las comunicaciones, particularmente con las redes sociales, se han potenciado facilitando las llamadas guerras hibridas de manipulación, desinformación y descalificación, para cohesionar a los fanáticos y debilitar las democracias y los valores liberales. Pero pareciera que la obsesión de poder de Putin, se convierte en su peor enemigo y lo lleva a la construcción de escenarios equivocados. En el mes de enero del presente año, se albergaba la esperanza que Putin se podía transformar en el estadista de cambios en el orden de la seguridad europea. Utilizando la presión de las fuerzas armadas rusas rodeando Ucrania desde tres frentes, forzar la negociación de las condiciones de seguridad, en especial el papel de la OTAN; empero, la obsesión del poder a nublado sus cálculos y lo ha llevado a realizar el zarpazo de la invasión. Ahora se consolida como el invasor de un pueblo libertario. Las obsesiones del poder seguramente le llevaron a dar por cierta, la tesis de la intervención quirúrgica. Entendida como una acción puntual, rápida y sin mayores costos; para dominar a Ucrania; lo que ha resultado un error. Entre los cálculos equivocados también se incluye la sobredimensión de las debilidades y contradicciones al interior de occidente, que permitirían repetir las experiencias de Georgia, Crimea y el Donbas, donde la reacción de occidente fue débil, en algunos casos indiferente. En el caso de la invasión a Ucrania, los hechos están demostrando lo contrario. En estos momentos, paradójicamente Putin, luego de promover desde hace algún tiempo una guerra hibrida para debilitar las instituciones occidentales, la invasión de Ucrania está logrando la consolidación de la OTAN, la Unión Europea y el diálogo transatlántico y, lo que puede resultar más grave para su ego, también se está deteriorando su liderazgo mundial, incluso perdiendo admiración de algunos grupos radicales. La soberbia también forma parte de la obsesión de poder, en tal sentido, Putin no reconoce errores, ni quiere pasar la página; por el contrario, opta por avanzar en la destrucción, asesinado un pueblo inocente. Es un nuevo Zar, ha acumulado mucho poder y seguramente sus asesores mienten para mantener sus privilegios.  En nuestra región desafortunadamente también contamos con expresiones de la obsesión por el poder, de regímenes autoritarios, entre otros, los hermanos Castro y su camarilla en el poder, quienes por décadas han destruido la isla y reprimido su pueblo, que no cree en la farsa del “hombre nuevo”, como lo pudo demostrar en pocos minutos de libertad y profunda protesta popular, el 11 de julio del 2021. Una reacción espontánea y de alcance nacional que evidenció el anhelo de libertad y el rechazo a la dictadura. Pero el legítimo sueño de libertad está siendo reprimido brutalmente. En la línea de la obsesión por el poder en marcos autoritarios, un lugar estelar lo ocupan la pareja de Daniel Ortega y Rosario Murillo destruyendo la democracia en Nicaragua y violentando profunda y sistemáticamente los derechos humanos de su población, mediante una represión feroz, con el objetivo de perpetuarse en el poder para beneficio de su familia y aliados. La obsesión por el poder también

Un mundo en violencia

Por Félix Gerardo Arellano Porras La cruel invasión de Rusia a Ucrania pareciera que consume la atención internacional y, el Presidente V. Putin de Rusia, seguramente celebra que está arrastrando a las democracias a las trampas del autoritarismo, concentrando la atención en los temas de seguridad y defensa en su expresión militar y bajo el paradigma de la lucha por el poder; desplazando la agenda liberal de las libertades, la institucionalidad democrática, los derechos humanos. Pero debemos estar atentos y alertas, pues simultáneamente a la invasión a Ucrania, coexisten otras guerras y múltiples violaciones de los derechos fundamentales del ser humano en diversas partes del planeta. Con la invasión de Ucrania la amenaza de una gran guerra está regresando, pero debemos tener presente que ya estamos enfrentando varias y complejas guerras, y los conflictos están cambiando, coherente con la naturaleza de las relaciones internacionales, donde lo permanente es el cambio. Al respecto, cabe destacar: “No es suficiente con decir que hay más conflictos intra que interestatales. En un mundo que es tan multinivel como multipolar, los conflictos también tienen diferentes niveles: la mayoría de los conflictos tienen fuertes raíces locales, pero suelen ser manipulados por poderes externos o secuestrados por ideologías transnacionales” (Guéheno, crisisgroup.org). En la situación que nos encontramos, pareciera que la invasión de Ucrania, agrava el panorama que se fue desarrollando en el contexto internacional, producto de la pandemia del covid-19 que, en un primer momento, concentró la atención de los gobiernos en sus prioridades nacionales y, algunos de ellos también asumieron posturas militaristas, llegando incluso a rechazar esfuerzos de cooperación internacional. Tal situación, si bien se fue superando con el tiempo, no podemos negar que ha representado un desplazamiento de la atención de la comunidad internacional, reduciendo el interés sobre otros graves conflictos y, en particular, sobre las violaciones de los derechos humanos. En ese contexto, la Memoria Anual de la organización Médicos sin Fronteras del 2020, destaca, entre otros: “Muchas crónicas de 2020 dicen que la COVID-19 paró el mundo. No es del todo cierto. No hizo desaparecer las guerras, la desnutrición y las demás epidemias. En Siria, Yemen, Etiopía, Camerún, Burkina Faso, Níger, Mozambique o Sudán, no hubo treguas en el conflicto y seguimos trabajando sin descanso. En Centroamérica y México, familias enteras cruzaron infiernos para llegar a un lugar seguro; a las puertas de Europa, el mar y los desiertos siguieron tragándose a gente. Cientos de miles de seres humanos necesitaron atención médica –muchas veces la más básica– para sobrevivir y la COVID-19 solo nos trajo más obstáculos para llegar hasta ellos”. Adicionalmente, en el Informe sobre: “La Acción Humanitaria en el 2020-2021” presentado por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria y Médicos sin Fronteras, resaltan: “El recrudecimiento de la situación en Afganistán con el retorno al poder de los talibanes, el agravamiento de la eterna crisis que sufre Haití, el terrible impacto de la guerra en Tigray (Etiopía) o el continuo crecimiento de las cifras de personas refugiadas o en situación de desplazamiento forzado a escala mundial, por poner tan solo algunos ejemplos de situaciones que generan necesidades humanitarias, bastarían para confirmar que el contexto internacional va más allá de la pandemia” Por su parte, Amnistía Internacional en su Informe Anual 2020-2021, entre otros, destaca que: “La pandemia puso al descubierto las devastadoras consecuencias del abuso estructural e histórico de poder. La pandemia de COVID-19, tal vez no defina quiénes somos, pero sin duda ha puesto en evidencia lo que no deberíamos ser. La gente lo vio claro y volvió a alzar la voz: para protestar contra la desigualdad; para protestar contra la violencia policial utilizada de manera desproporcionada contra las personas negras, las minorías y la gente pobre o sin hogar, y para protestar contra la exclusión, el patriarcado, la retórica de odio y la conducta cruel del liderazgo supremacista… Las protestas públicas contra la represión y la desigualdad inundaron las calles de muchos países —como Bielorrusia, Polonia, Irak, Chile, Hong Kong o Nigeria—, y el liderazgo ejercido por defensores y defensoras de los derechos humanos y activistas de la justicia social en todo el mundo, muy a menudo con riesgo para su seguridad, nos impulsó a actuar… Tras años de fracaso colosal, 2020 vino a confirmar que nuestras instituciones políticas internacionales no están a la altura del propósito global al que deberían servir” Recordando otros aportes importantes, cabe señalar que el Informe Anual para el año 2021 de la organización Human Rights Watch, incluyó 102 países que enfrentan denuncias que van, desde irregularidades, hasta flagrantes violaciones de los derechos humanos por parte de los gobiernos. Por otra parte, la BBC Mundo ha alertado recientemente, en: “Más allá de Rusia y Ucrania: 6 conflictos armados que están ocurriendo en el mundo” (15/03/2022, bbc.com), sobre los casos de: Etiopia, Yemen, Myanmar, Siria, Militantes Islamitas en África, y Afganistán. Por su parte, International Crisis Gruop, en sus informes y boletines, mantiene el seguimiento de la situación de unos setenta países considerados como áreas abiertas de conflicto o con posibilidades de conflicto. Adicionalmente, las Naciones Unidas y, en particular la Oficina del Alto Comisionada para los Derechos Humanos que actualmente dirige la Sra. Michelle Bachelet, mantiene un seguimiento lo más exhaustivo posible de la grave situación de los derechos humanos a escala global. Utilizando los limitados instrumentos jurídicos de que dispone y frente a enormes adversidades, desarrolla una observación y evaluación sobre la grave situación que se presenta en muchos países, donde los gobiernos están desarrollando prácticas autoritarias y violaciones sistemáticas de las normativas de los derechos humanos. Ahora bien, no le debemos pedir a las organizaciones internacionales que desarrollen acciones sobre las que no tienen competencias o que nos corresponden a los ciudadanos y nuestras organizaciones políticas y sociales. La Oficina del Alto Comisionado está desarrollando una intensa labor, pues las limitaciones y adversidades son enormes; empero, resulta relevante que no se está cruzando de brazos y la denuncia y el seguimiento se mantienen. Adicionalmente, debemos reconocer que las instancias

Desafíos del nuevo gobierno chileno

Por Félix Gerardo Arellano Ha asumido la presidencia chilena el joven Gabriel Boric y pocos Presidentes asumen la primera magistratura batiendo tantos records y, simultáneamente, generando tanta expectativa, angustias e incluso resistencias. El Presidente más joven de la historia chilena, que ha logrado la mayor votación en los recientes años de democracia, que ha conformado un equipo de gobierno, con mayoría de mujeres, fundamentalmente técnicos; empero, los desafíos que le esperan son colosales y, podríamos asumir que la Convención Constituyente se presenta como uno de los más retadores. No se conoce el texto de la nueva Constitución, pero la información que circula y declaraciones de algunos miembros de la Convención, permiten estimar que podría resultar ambiciosa, heterogénea, contradictoria y disruptiva en materia de gobernabilidad. Conviene recordar que ha sido una iniciativa que nace vinculada con el liderazgo del joven Boric, que se fortaleció en el marco del estallido social (octubre 2019-marzo 2020), estimulado por los niveles de exclusión y descontento social; empero, dado el vandalismo que generó, también ha dejado una estela de rechazo social. No pretendemos descalificar al nuevo Presidente por decisiones de juventud, pero la constituyente se presenta como una de sus pruebas de fuego. Un proyecto que nació en la euforia de la protesta de calle; que proyecta débil racionalidad, deficiente coherencia y bastante incomprensión sobre la complejidad de los tiempos que vivimos; caracterizados, entre otros, por la interdependencia compleja de la globalización, proceso que Chile ha sabido aprovechar, pero que también conlleva inequidades, que se ha incrementado con la pandemia del covid-19. Entendemos que un importante número de miembros de la Convención tiene como objetivo refundar el país mediante la nueva constitución; propuesta ambiciosa, etérea, romántica, que estimula pasiones, pero resulta poco eficiente para la construcción de soluciones a los problemas que enfrenta el país y, adicionalmente, se presenta como una espada de Damocles para la democracia. En la eufórica expresión: “cambiarlo todo”, el nuevo Presidente puede resultar el gran perdedor. Desde la campaña electoral el candidato Boric ha insistido en la necesidad de realizar importantes cambios en temas claves, como: pensiones, política tributaria, salud, educación; lo que seguramente afecta intereses, pero no se requiere refundar el país para avanzar en la transformación de algunas políticas públicas. Lo que resulta apremiante para Chile, y para la región en su conjunto, es la conformación de un proceso efectivo de diálogo, negociación y cooperación entre todos los sectores involucrados, que permita avanzar en la generación de oportunidades para los excluidos y vulnerables, sin destruir los progresos alcanzados en distintas áreas. La economía de mercado ha demostrado sus bondades para generar crecimiento económico, competitividad, productividad, y países comunistas como China o Vietnam lo evidencian claramente; empero, también conlleva un importante déficit en términos sociales; situación que la pandemia del covid-19 ha exacerbado. Chile representa una expresión de esa tendencia, pues su sólido crecimiento económico, se enfrenta con una marcada desigualdad social y el estancamiento en las expectativas de las nuevas clases medias. Y conviene destacar que los sectores vulnerables, tradicionalmente excluidos, están participando más activamente en los procesos electorales y, en algunos casos, ante la debilidad de los sectores democráticos, son atraídos por las propuestas mágicas, agresivas, destructivas de los populismos radicales y autoritarios. Al respecto, encontramos diversos ejemplos, entre ellos, uno cercano ha sido el apoyo popular que recibió el proyecto marxista del partido Perú Libre, en las pasadas elecciones presidenciales en Perú. No conviene etiquetar, ni estigmatizar la constituyente chilena, pero los discursos de varios de sus miembros generan preocupación; en tal sentido, gravitan algunas interrogantes, por ejemplo: cómo se plasmará la refundación del país en el nuevo texto constitucional y, fundamentalmente, cómo manejará el nuevo Presidente tal situación, que puede reactivar el fuego y acabar con la débil gobernabilidad. La incertidumbre reinante estimula temores en los críticos del Presidente, que no son pocos, pues el país está polarizado y la composición del Congreso constituye otra manifestación de la compleja dinámica política que le espera al Presidente Boric. Por otra parte, desde distintos puntos de la geografía chilena surgen desafíos para el nuevo gobierno. Desde el sur, se ha complicado la situación de los pueblos indígenas o pueblos originarios, que se calculan en más de diez grupos étnicos. Un tema mal tratado en el tiempo y, en algunos casos, menospreciado; que la Convención Constituyente está asumiendo de forma relevante. Ahora bien, voces críticas alertan que se podría estar sobredimensionando la situación, lo que puede complicar el objetivo de fomentar la convivencia respetuosa y, por el contrario, propiciar rechazo social. Desde el norte, el país enfrenta un nuevo drama social, el incremento de la xenofobia, que está alcanzando lamentables niveles de agresividad. Un tema complejo que se ha exacerbado con la creciente diáspora de venezolanos, que migran por la región, buscando mejores condiciones de vida; pero, el creciente número, está generando presión social y malestar en los diversos países de la región. La experiencia colombiana en el manejo del tema de la migración venezolana constituye una interesante experiencia para Chile. Pero, resulta prioritario que el nuevo gobierno chileno se sume a los esfuerzos por lograr una salida pacífica y democrática de la grave situación que se vive en nuestro país, que representa el origen del problema migratorio. En sectores críticos del Presidente Boric existe preocupación por las diversas facetas que se han conocido del Presidente en un corto periodo de tiempo. En un primer momento, durante el estallido social, un liderazgo agresivo que le permitió un posicionamiento político; en esa línea, su discurso radical durante la campaña electoral en la primera vuelta; muy pronto, en la campaña de la segunda vuelta, una posición diferente y conciliadora, en la búsqueda de alianzas que permitieran los votos de la victoria, discurso que resultó convincente y atractivo. Ahora, en su discurso inaugural, al retomar parte de la vieja narrativa del extinto Presidente Allende, incrementa la incertidumbre que lo acompaña. Ante ese panorama, reinan dudas sobre el verdadero contenido y orientación política del Presidente, los más críticos estiman que el tono

Vladimir Putin y el orden internacional

Por Felix Gerardo Arellano Resulta difícil abordar un tema cargado de sentimientos e indignación, toda vez que, al escribir estas líneas, debe correr sangre de gente inocente, que lucha por su libertad en Ucrania; enfrentando una dramática situación por las obsesiones de un autócrata, que trata de justificar lo injustificable con manipulaciones, desinformación y falsos discursos. La invasión está destruyendo la capacidad de acción de Ucrania, pero también impacta en el orden internacional y en la economía global, en particular en los sectores: energético, agrícola y el ámbito financiero. Me disculpan los lectores que en este momento asuma el texto en primera persona, pero debo reconocer que por convicción me he sumado a quienes promovían la negociación, como salida para la compleja crisis creada por el Presidente de Rusia Vladimir Putin; empero, los hechos están avanzando por otra vía. Sigo creyendo en la negociación, como la opción más eficiente, pues las guerras solo generan muerte, destrucción y miseria, pero el Presidente Putin ha decidido que negocia con tanques y sangre en la calle. En ese contexto, resulta cuestionable el abandono que está enfrentando Ucrania por parte de occidente; decisión que fundamentan en lo formal, por no ser miembro de la OTAN y, en lo estratégico, para evitar una conflagración mayor; pero resulta una posición peligrosa, ya que tiende a empoderar el expansionismo ruso y puede estimular otros planes de China. Una vez más nos enfrentamos con las arbitrariedades del autoritarismo que, al consolidarse con represión, hambre y manipulación; asume que, al no existir limitaciones en el ámbito interno, puede promover guerras. Los autócratas toman las decisiones en términos de poder y beneficios individuales, no del bienestar del país y, por lo general asumen la negociación como una capitulación y no como un proceso en el que se pueden alcanzar equilibrios y beneficios para cada una de las partes. Ahora bien, en las últimas décadas se estimaba que existían algunos limites definidos por el orden internacional. Al abordar el tema del orden internacional, conviene precisar que su primera presentación, definida como orden Westfaliano, se caracteriza por el respeto de los Estados a la soberanía, la autodeterminación y un multilateralismo limitado, que no interfiere en los asuntos internos de los Estados, no ejerce controles y mucho menos sanciones. Luego, en la medida que se fortalece el liberalismo internacional, el orden global se fue tornando más exigente y se han adoptado algunas instituciones más ambiciosas, lo que se ha denominado como el Orden Liberal Internacional 2.0 donde, entre otros elementos, podemos destacar: la normativa de la Organización Mundial de Comercio (OMC) es vinculante y cuenta con la posibilidad de la aplicaciones de sanciones en el mecanismo de solución de diferencias; la normativa de los derechos humanos es de carácter universal y no prescribe y varios esquemas de integración económica adoptan normas de carácter supranacional vinculantes, que trascienden las normativas internas de los países miembros. Ese orden internacional, en particular el llamado 2.0, ha estado enfrentando en los últimos años fuertes desafíos, en particular de los gobiernos autoritarios, indiferente de su tendencia ideológica, que privilegian la soberanía y la autodeterminación y rechazan los controles o límites provenientes del ámbito internacional. Con la invasión de Rusia al Estado independiente y soberano de Ucrania, enfrentamos una implosión del orden internacional en sus diversas manifestaciones. La invasión constituye una flagrante violación del derecho internacional público y de los valores, principios y reglas que, con mucho esfuerzo, se han adoptado después de la Segunda Guerra Mundial, para garantizar un mínimo de convivencia y seguridad internacional. Para hacer más evidente el menosprecio por la institucionalidad internacional, el Presidente Putin inició la invasión a Ucrania en el momento que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas deliberaba sobre el conflicto. Como parte del golpe al orden Westfaliano, fundamentado en el principio del respeto a la soberanía, la invasión rusa violenta, entre otros, el Memorándum de Budapest que reconoce la integridad territorial e independencia de Ucrania, suscrito por los gobiernos de Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido en 1994; el Gran Tratado mediante el cual Rusia reconoce las fronteras de Ucrania, suscrito en 1997 y los Acuerdo de Minsk, que definen el cese de las hostilidades en la zona de Donbas, promovidos por el Cuarteto de Normandía integrado por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania, firmados en el 2015. Por otra parte, los argumentos que esgrime el Presidente Putin para justificar lo injustificable, proyectan una posición imperialista, terrófaga, cargada de profundo historicismo; manipulando valores nacionalistas y hechos históricos, con el objetivo de lograr cohesión ante el creciente deterioro de su imagen a nivel nacional. Por otra parte, el discurso del Presidente representa una amenaza para las repúblicas que surgen de la caída de la vieja URSS. Si los viejos imperios asumen la narrativa del Presidente Putin, y aspiran retomar territorios ancestrales que dominaron, básicamente mediante el uso de la fuerza, el mundo entrará en una vorágine de anarquía impredecible. En ese contexto, sorprende que un país en desarrollo asuma la defensa de tal posición imperialista, que abre las puertas para una dinámica en la cual los más poderosos deciden las reglas de juego, en detrimento de los más débiles. Al respecto, llama la atención la situación que se presenta en nuestra región pues, con la excepción del gobierno de Colombia, ha reinado un silencio frente a las declaraciones de altos funcionarios del gobierno ruso, incorporando la región en sus estrategias expansionistas y militares. Ahora, consumada la invasión, impacta que varios gobiernos, de tendencias ideológicas diferentes, apoyen la posición rusa, menospreciando las peligrosas consecuencias que puede generar. Algunos de los fanáticos radicales que apoyan la invasión argumentan que en occidente se han presentado situaciones análogas y, asimilan con ligereza diversos casos, sin cuidar las especificidades. Al respecto, la necesidad de poner límites a la amenaza que representó Sadam Hussein en Irak, que también violentó la soberanía de un país, al invadir a Kuwait; no se puede comparar con Ucrania, cuyo desafío ha sido avanzar en la consolidación de su democracia

Colombia: tendencias electorales

Colombia se prepara para un intenso proceso electoral en el presente año, que contempla: la elección de los representantes al Congreso, 108 Senadores y 188 Representantes, prevista para el próximo13 de marzo. Ese mismo día tres coaliciones electorales definirán su candidato para la elección presidencial, cuya primera vuelta se efectuará el 29 de mayo y, de ser necesaria, la segunda vuelta está programada para el 19 de junio. Dadas las condiciones prevalecientes en el proceso, todo indica que reproduce la tendencia de fragmentación polarizada que ha caracterizado las recientes elecciones en la región, que conlleva negativas consecuencias en términos de gobernabilidad, convivencia, crecimiento económico sostenible y bienestar social. La fragmentación se manifiesta por la cantidad de partidos políticos que participan en las elecciones legislativas o de candidatos que compiten en la contienda presidencial y, como todo fenómeno social, genera varias lecturas. Desde una perspectiva optimista, puede reflejar avances en el reconocimiento de la diversidad y complejidad de la realidad que vivimos. Se forman diversos grupos políticos para expresar la opinión de la sociedad frente a la compleja agenda de temas que caracterizan la realidad social. Obviamente en la dinámica democrática es posible que se conformen grupos que promueven temas discriminatorios y de exclusión, entre otros, xenofobia, aporofobia, nacionalismo o racismo. La diversidad que conlleva la fragmentación también puede estimular una mayor participación de la población en los procesos electorales, en la medida que temas que le resultan prioritarios se posicionan en el debate político y estimulan el ejercicio del voto, lo que puede contribuir a reducir la marcada abstención que está caracterizando las elecciones en varios países. Pero la fragmentación también genera dispersión del voto y, en consecuencia, la dificultad de poder alcanzar el triunfo. Situación que se podría superar si los diversos grupos políticos logra construir una plataforma unitaria, que incluya en su agenda o programa de trabajo los diversos temas de interés de la sociedad. Por otra parte, la creciente fragmentación también puede evidenciar la crisis del sistema político que enfrentan varios países de la región, que se expresa, entre otros, por la desconexión de los partidos y los políticos con la realidad social; el descontento y rechazo de la sociedad contra los partidos tradicionales; la formación de alianzas oportunistas y movimientos efímeros, que solo responden a una coyuntura electoral. También la fragmentación representa una expresión de los personalismos, las agendas personales y, en alguna medida, el deterioro institucional y moral de los partidos, que se vinculan con prácticas ilícitas como: corrupción o lavado de capitales, lo que genera el dinero negro en las campañas electorales. Todo ese conjunto de factores alimenta la antipolítica, el rechazo radical e irracional de los partidos políticos, instituciones fundamentales para el funcionamiento de la democracia. La antipolitica, que en gran medida se fortalece con la tecnología de las comunicaciones y, en particular las redes sociales; estimula y se beneficia de la fragmentación y la polarización. Algunos de los nuevos grupos políticos buscan ganar protagonismo con narrativas que propician una atmosfera de desconfianza destructiva del sistema democrático; situación que aprovechan los proyectos populistas y autoritarios, en detrimento de la democracia, las libertades y los derechos humanos. Otro elemento que caracteriza la fragmentación en algunos países de la región, es que se manifiesta de forma más acentuada en los sectores democráticos, limitando su capacidad de acción, lo que inexorablemente favorece a los grupos populistas y radicales. Se podría interpretar que la democracia se caracteriza por la diversidad y, en consecuencia, se presenta más diferencia y mayor cantidad de grupos y propuestas, pero eso acarrea la dispersión del voto que favorece a los contrarios. En una balanza, la fragmentación generar mayores efectos negativos, pero la polarización, en sus diversas expresiones, resulta más nefasta. Por una parte, tenemos una primera lectura de la polarización en la que se presenta el debate anacrónico y estéril entre derecha e izquierda, que estimula fanatismos, pasiones y hormonas, pero debilita o impide la capacidad de razonar. Por otra parte, y con un mayor nivel de complejidad se presenta la polarización entre los defensores de la democracia competitiva y los promotores del autoritarismo, que va asumiendo diversas tonalidades, definidas como: autoritarismo competitivo autoritarismo hegemónico y democracia iliberal. Una polarización mas más destructiva, pues está en juego el funcionamiento y existencia de la democracia y de los valores liberales que constituyen su fundamento. Los desafíos que genera la interdependencia compleja que vivimos y los problemas estructurales que arrastran nuestros países, no encuentran soluciones efectivas y eficientes desde las visiones radicales de la derecha o la izquierda; que han perdido sentido para construir gobernabilidad, convivencia, crecimiento sostenible y bienestar social. Ahora bien, sus discursos son sencillos, manipuladores y cautivan; empero, no resuelven los problemas y, por el contrario, crean nuevos. En ese contexto, las pasadas elecciones presidenciales en Bolivia y Perú ilustran claramente la tendencia de fragmentación polarizada y, desafortunadamente, la situación que se vive en Colombia reproduce tal dinámica. En el caso de Bolivia, la oposición democrática no logró construir unidad y participó con siete candidatos, contra el candidato del MAS, el partido de Evo Morales que, no obstante, su corrupción y prácticas autoritarias y excluyentes, mantiene un importante respaldo popular y, además, hábilmente presentó como candidato a Luis Arce, la cara fresca de un tecnócrata. El resultado estaba cantado, la dispersión del voto en los partidos democráticos tiende a garantiza el triunfo del adversario. En Perú, en la primera vuelta participaron 17 candidatos, en su mayoría defensores de la democracia y los valores liberales, pero entre otros, la insistencia de Keiko Fujimori de mantener por cuarta vez sus aspiraciones presidenciales, limito las posibilidades de la unidad y, en la segunda vuelta se evidenció la polarización anacrónica de los radicalismos, la derecha con Keiko Fujimori de Fuerza Popular y Pedro Castillo por el partido marxista radical de Perú Libre. Lamentablemente para la democracia peruana, varios ciudadanos justificaron su voto a favor de Pedro Castillo, argumentando su rechazo a Keiko Fujimori. Por otra parte, no debemos desconocer que Castillo representa a los

Desafíos rusos

Por Félix Gerardo Arellano P. Inició el nuevo año 2022 con un Vladimir Putin, Presidente de Rusia, dispuesto a consolidar su poder hegemónico en la zona que considera su espacio natural, e incrementar su liderazgo a escala mundial, a cualquier costo. En tal sentido, las alarmas de la comunidad internacional se han encendiendo ante el peligroso asedio contra Ucrania y la presencia militar en apoyo a la dictadura en Kazajistán. Tales jugadas se suman a una estrategia de expansión en la que destacan casos como: Georgia (2008), Crimea (2014), Donbás, la guerra hibrida de la conexión rusa contra las democracias, su activa participación en el Medio Oriente y la gradual presencia en nuestra región. El nuevo expansionismo ruso se va gestando desde que Vladimir Putin asume el poder en la Rusia postcomunista en el año 2000. Pero cabe destacar que constituye un sentimiento constitutivo de la idiosincrasia del pueblo ruso, de sus raíces históricas. En buena medida representa el fundamento de la construcción del gran imperio de los zares, que además de abarcar un inmenso territorio, jugó un activo papel en el marco de la balanza de poder, durante el llamado “concierto europeo”. Luego, al caer la monarquía zarista de manos del comunismo, el expansionismo ruso alcanzó dimensiones globales llegando a ser considerada segunda potencia mundial durante la llamada guerra fría. El comunismo ruso, producto de las contradicciones inherentes a ese sistema, se fue desmoronando y, al desaparecer la vieja URSS, el bloque se fragmenta, quedando una Rusia sin mayor fortaleza económica, mucha pobreza; pero, un importante poderío militar, en particular nuclear; y en la mentalidad del pueblo ruso se mantienen los sueños de grandeza imperial, que Putin ha logrado hábilmente cultivar. Controlar su país y sus vecinos representan objetivos fundamentales de la estrategia de Vladimir Putin, de allí la importancia que asigna a los casos de: Ucrania, Kazajistán, Bielorrusia. Pero con el tiempo, en la medida que ha logrado consolidar su poder absoluto a nivel interno, va desarrollando un expansionismo internacional que ha logrado éxitos. Ha sido el caso de su activa presencia en el Medio Oriente, consolidando su posición militar en Siria y sus alianzas políticas con los diversos actores de la zona, incluyendo a Israel. En la conformación de la estrategia de expansión a escala global se han fortalecido las relaciones con China y otros gobiernos autoritarios como Bielorrusia, Irán, Turquía y, progresivamente, está desarrollando mayores vinculaciones con los gobiernos autoritarios, radicales y populistas en nuestra región latinoamericana, que resultan fichas útiles en su histórico enfrentamiento con los Estados Unidos. Por otra parte, no debemos olvidar que las sanciones que están aplicando varios gobiernos de occidente a Rusia, tienen que ver con sus prácticas expansionistas como se pudo apreciar en Georgia en el 2008 y, en particular, con la anexión de Crimea en el 2014. Actualmente, occidente observa con preocupación la creciente militarización de la frontera rusa con Ucrania, donde se calcula la presencia de más de cien mil soldados rusos, en actitud amenazante para su independencia. Adicionalmente debemos recordar que el gobierno ruso ha estado apoyando grupos secesionistas en el este de Ucrania, en la zona de Donbás, donde se está desarrollando constantes enfrentamientos. La retórica hostil del Kremlin ha destacado que occidente, en particular la OTAN, “quiere transformar a Ucrania en una plataforma militar contra Rusia”. Por otra parte, ante solicitud del gobierno autoritario de Kassin-Yomart Takaev en Kazajistán y, utilizando como excusa el formato del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) establecido en 1992, con la participación de seis de las exrepúblicas soviéticas, -una débil copia del Pacto de Varsovia de 1955- el gobierno ruso está enviando tropas a Kazajistán, para reprimir con sangre las legítimas protestas del pueblo, y con el propósito de perpetuar en el poder a Takaev, En este contexto, Putin también está apoyando a Alekzandr Lukashenko en Bielorrusia, que constituye la dictadura más longeva de Europa. Ahora bien, la estrategia de expansión rusa es compleja e innovadora, entre otros, incluye el manejo de la guerra hibrida, particularmente la utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación e información para manipular la población en los países donde reina la libertad de expresión. Al respecto, caben mencionar las campañas de falsas noticias y descalificación que, desde los laboratorios de comunicaciones rusos, se han desarrollado contra el sistema democrático en los Estados Unidos, en recientes procesos electorales o el apoyo a grupos nacionalistas y radicales en varios países europeos, con el claro objetivo de fragmentar la región y debilitar la integración. Adicionalmente, la situación se agudiza al observar las temerarias declaraciones del Vicecanciller ruso Sergei Ryabkov, quien ha presidido la delegación de su país en las recientes negociaciones sobre temas de seguridad con los países de la OTAN, que ha involucrado a nuestra región como una ficha en el juego geopolítico con fines de carácter militar. En un panorama cargado de incertidumbre, la iniciativa del gobierno de los Estados Unidos de promover un esquema de diálogo y negociación en diferentes niveles (bilateral y multilateral) con el gobiernos ruso, para abordar los temas de seguridad, proceso que se efectuó en Ginebra -con Estados Unidos iniciaron el 10 de enero, con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el 12 de enero y con la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), integrada por 57 países miembros, el día 13- constituyen un camino acertado para tratar de superar la crisis, empero, no podemos albergar mayores expectativas, es previsible que Putin aspire ganar tiempo y, paralelamente, propiciar el caos y la incertidumbre. Rusia y China constituyen los actores fundamentales de la geopolítica del autoritarismo y una creciente amenaza para occidente y sus valores fundamentales, pero la estrategia para limitar su capacidad de acción no está muy clara. En el caso de los Estados Unidos, desde la administración de Donald Trump, se aprecia el interés de generar una mayor división entre los países del bloque autoritario, propiciando una postura más flexible frente a Rusia, que en el caso del Presidente Trump llegó a niveles

2022: nuevos desafíos

Por Félix Gerardo Arellano Porras Estamos culminando el 2021, un año difícil de definir en una palabra y, posiblemente, podría ser caracterizado por sus marcadas contradicciones. Enormes desafíos, importantes avances, creciente desasosiego, muchas dificultades y tareas pendientes, particularmente en la esfera de lo individual. Una vez más la creatividad humana ha logrado alcanzar objetivos que parecían imposibles, nos referimos en particular, a los avances en la lucha contra el virus del covid-19, que sigue amenazando a la humanidad, en particular a la creación de las vacunas, que, si bien no han logrado su eliminación, han permitido un importante control de sus efectos. Pero el reto se mantiene, ahora nos encontramos con una nueva variante calificada como multimutante el “ómicron”, que representa otro gran desafío para la ciencia, pues implica superar la “epistasis del virus”; es decir, la manera en que las mutaciones interactúan entre si y las consecuencias que pueden generar en lo que respecta a los niveles del contagio y letalidad.   Estamos seguros la creatividad científica logrará, una vez más, superar el nuevo reto; empero, otros problemas afectan los avances de la ciencia, es el caso de acciones de carácter político. El egoísmo racional de los decisores que tiende a menospreciar los efectos sociales de sus decisiones, en particular, frente a los sectores más vulnerables. Muchos gobiernos responden a los intereses de la camarilla en el poder y, justifican sus actuaciones, desde la perspectiva de una soberanía mal entendida o la autodeterminación. En ese contexto, la pandemia del covid-19, ha estimulado en muchos gobiernos facetas no cooperativas, tales como: acaparar los recursos sanitarios, estimular el proteccionismo, apuntalar el autoritarismo o monopolizar las vacunas. La creatividad científica y tecnológica avanza a pasos de gigantes en diversos ámbitos, entre otros, la inteligencia artificial, la robótica, la electrónica, las telecomunicaciones, los nuevos materiales, la exploración de los espacios extraterrestres; una lista larga de abordar. En este contexto, al apreciar el creciente deterioro del ecosistema, tenemos la esperanza que la creatividad humana y la ciencia lograrán desarrollar recursos y tecnologías sostenibles, biodegradables y respetuosas del medio ambiente. Pero de nuevo la política y las conductas individuales pueden ser el gran enemigo. Los progresos en la racionalidad científica y tecnológica no conllevan automáticamente conductas más prudentes y sensibles en términos sociales, que permitan la construcción de un contexto político y social más estable y equitativo; por el contrario, pareciera que los novedosos desarrollos en comunicaciones están facilitando prácticas de manipulación y desinformación, que permiten el avance de los proyectos populistas y radicales. Al respecto, las falsas noticias difundidas masivamente forman parte de los nuevos problemas que enfrentamos, particularmente en las sociedades que respetan las libertades y la democracia. El autoritarismo, en sus diferentes manifestaciones, aprovecha las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías y la institucionalidad democrática para manipular a los electores. Luego, al llegar al poder mediante el voto popular, desarrollan una agenda de destrucción institucional y erosión de los derechos humanos, con el objetivo de perpetuarse en el poder. Lamentablemente, el progreso tecnológico no conlleva el fortalecimiento de la capacidad crítica, reflexiva y la sensibilidad social. Cabe destacar que los avances tecnológicos se pueden apreciar con mayor intensidad en el contexto global e interdependiente que vivimos, pero también los problemas y los desafíos que generan. La pandemia del covid-19, el desempleo o los efectos del cambio climático, entre otros, evidencian las complejidades del mundo global. Ahora bien, muchos gobiernos se aferran a sus fronteras nacionales, buscando soluciones rápidas y fáciles; pregonando discursos radicales cargados de pasión, pero carentes de efectividad, que no resuelven los graves problemas estructurales que enfrentan las sociedades y crean otros nuevos, luego el autoritarismo se presenta como el recurso para silenciar la crítica y el descontento. En el contexto del impresionante desarrollo científico y tecnológico que vivimos; paradójicamente, también está avanzando el deterioro de las libertades, la institucionalidad democrática, los derechos humanos y el orden liberal internacional. La geopolítica del autoritarismo está logrando mayores espacios, en particular en los países en desarrollo, que ven multiplicados sus problemas sociales con los perversos efectos de la pandemia del covid-19. La pobreza, el hambre, la miseria, la marginalidad y la exclusión; crecen y amenazan la paz y la seguridad a escala global; situación que los populismos y radicalismos aprovechan y manipulan, con falsos discursos, que estimulan pasiones e incrementan los odios. Ahora bien, resulta harto conocido que destruyendo la riqueza no se genera bienestar. Promover polarización y odio forman parte de la estrategia encaminada a empobrecer y lograr mayor control social. En los casos planteados podemos apreciar que, en gran medida, en la esencia de los problemas se encuentra nuestra conducta individual, nuestro patrón de consumo, nuestra capacidad de reflexión crítica, la senilidad social, el respeto a la dignidad humana y a la diversidad en sus múltiples expresiones. En tal sentido, nos enfrentamos con el desafío de superar conductas cultivadas e internalizadas; la necesidad de revisar nuestra forma de abordar la realidad, estimulando procesos de articulación que privilegien la flexibilidad, la tolerancia y la disposición para dialogar, negociar y cooperar. No es un proceso fácil, para quienes se encuentran en pobreza y hambre, la sobrevivencia condiciona su conducta; para quienes se vinculan al poder, el objetivo es perpetuarse y, para muchos, superar las zonas de confort es un reto que sobrepasa las capacidades. En el nuevo año debemos realizar nuestro mejor esfuerzo por contribuir a la construcción de espacios de convivencia en todas las instancias: local, nacional y global.  Félix Gerardo Arellano Porras Internacionalista y Doctor UCV, Ex Director y Profesor Titular de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV

Cambio climático: ¿avances?

La Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP26) Por Félix G. Arellano P. Finalizada la 26 reunión de la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP26), que tuvo lugar en la ciudad de Glasgow en Escocia, ahora hablamos del Acuerdo de Glasgow, que está generando interesantes reflexiones y muy diversas lecturas, varias de ellas cargadas de escepticismo y desconfianza, situación inevitable, pues nos encontramos frente a un tema complejo y que genera grandes expectativas en los grupos ambientalistas. Nuestra lectura es limitada y se concentra en aspectos políticos, resaltando avances, en particular aquellos pequeños, quizás intangibles, pero significativos para generar las condiciones que permitan avanzar en las transformaciones que se requieren en beneficio de nuestro ecosistema. Veamos algunos aspectos que parecen elementales, pero son relevantes. Se ha mantenido del ritmo de las reuniones, desarrollado sistemáticamente 26 conferencias; en ese proceso, el número de gobiernos participantes no ha disminuido, la agenda se ha fortalecido y el tratamiento de los temas se ha profundizado; los compromisos siempre son mayores y más exigentes, tanto para los gobiernos, como para la sociedad en su conjunto. Sobre aspectos técnicos cabe destacar que, en los resultados de la reunión de Glasgow encontramos avances, por ejemplo, se ha reconocido claramente los efectos del carbón como energía sucia; empero, poderosos intereses, particularmente de China e India, han impedido adoptar compromisos más categóricos. Ahora bien, no obstante, la complejidad y lentitud de la dinámica multilateral, la COP avanza en la identificación de los problemas, los factores determinantes, los obstáculos y la formulación de propuestas técnicas para la solución. El riguroso y sistemático trabajo de la COP y toda la maquinaria técnica que ha generado de académicos, investigadores, gremios y ONG están realizando aportes desde diversos ángulos: trabajando en los diagnósticos, promoviendo propuestas, generando conciencia, formando recursos humanos, colaborando en la aplicación de las acciones, controlando el cumplimiento de los compromisos, denunciando irregularidades. La COP ha estimulado la conformación de toda una red de instituciones y personas concentradas en la búsqueda de soluciones, que crece y se multiplica a escala mundial. Otro elemento interesante tiene que ver con la capacidad creativa e innovadora que está caracterizando la negociación, particularmente, en la conformación de los incentivos para promover conductas responsables en los diversos actores involucrados en el tema como: gobiernos, empresas y la sociedad; orientadas a reducir y progresivamente eliminar la emisión de los gases de efecto invernadero o desarrollar mecanismos eficientes de absorción de tales gases. La COP ha estimulado la incorporación de creativos mecanismos del ámbito financiero (bonos de carbono), y de innovación técnica y tecnológica como recursos fundamentales para apoyar el logro de objetivos ambiciosos y complejos, tales como: eliminar las energías contaminantes (combustibles fósiles) o evitar el incremento de la temperatura del planeta.   También debemos destacar que la COP ha logrado avanzar en la progresiva incorporación de la equidad en el proceso de negociaciones. La situación de los más débiles y vulnerables frente a las consecuencias del cambio climático, ha estado presente en la agenda y en los compromisos y, no obstante, las dificultades y resistencias, se van logrando resultados concretos. En efecto, la declaración de Glasgow desarrolla ampliamente el tema del apoyo a los países más vulnerables, particularmente en el aporte de recursos técnicos y financieros. Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, conviene resaltar que el tema ecológico en general y, el cambio climático en particular, están contribuyendo a la transformación de los paradigmas vigentes. El monopolio y la primacía de los Estados se va diluyendo, no desaparecen, pero resultan cada día más limitados para poder enfrentar los desafíos que conlleva el mundo global. Casos como el efecto invernadero, el deterioro de la capa de ozono o la propagación de nuevos virus o bacterias que amenazan a la humanidad; no encuentran solución cuidando las fronteras o imponiendo restricciones nacionales. Por otra parte, los nuevos temas, en particular la ecología, confirman que la ruta para la construcción de soluciones efectivas y eficientes, conlleva desarrollar el proceso de: diálogo, negociación y cooperación, sin exclusiones. La pandemia del covid-19 nos está demostrando que la inmunidad de rebaño conlleva la atención de la humanidad en su conjunto. Las burbujas de privilegiados no resultan eficientes. La construcción de soluciones globales exige de la participación, no solo de todos los gobiernos, también de múltiples sectores que forman parte de la sociedad civil, en particular de cada uno de nosotros como seres humanos, que nos enfrentamos con la urgencia de cambios en los patrones sociales, conductas de consumo y de comportamiento individual. Otro elemento de la dinámica ecológica que incide en la dinámica de las relaciones internacionales, tiene que ver con el papel de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que se posicionan como un novedoso actor, cada día más activo y necesario. Representan un medio de acción de los ciudadanos en la intrincada interdependencia compleja que vivimos a escala global; permiten, entre otros, articular propuestas, ejercer presión tanto interna como global, promover iniciativas, apoyar el seguimiento y cumplimiento de los compromisos. Entre los factores que estimulan el escepticismo frente a Glasgow destacan los dilemas entre los urgente y lo acordado y, entre lo acordado y su efectivo cumplimiento. Este último aspecto constituye un tema medular en las relaciones internacionales, que algunos estiman se puede supera con la adopción del carácter vinculante de los compromisos; es decir, el obligatorio cumplimiento de las normas, elemento importante en la dinámica del orden liberal internacional 2.0 (OLI 2.0). Compartimos la conveniencia del OLI 2.0 para construir soluciones globales más dinámicas y eficientes; empero, debemos reconocer que la realidad se presenta contradictoria frente a la efectividad del carácter vinculante de las normas, que no garantiza el pleno cumplimiento de los acuerdos. Tampoco la existencia de sanciones, un tema sensible, toda vez que los Estados, muchos de ellos con una visión rígida de la soberanía, rechazan la existencia de controles, limitaciones y peor aún sanciones provenientes del contexto internacional. Los casos de la integración económica y la Organización Mundial del Comercio (OMC) ilustran

Nicaragua: autoritarismo y elecciones

Por Félix G. Arellano P. Pareciera una obsesión de los gobernantes autoritarios promover espectáculos electorales completamente manipulados, aspirando trasmitir una imagen de legitimidad, cuando propios y extraños están conscientes que se mantienen en el poder mediante la represión sistemática. Cuba e Irán constituyen casos emblemáticos y actualmente lo encontramos en pleno desarrollo en Nicaragua que, en el marco de un autoritarismo hegemónico, tiene previstas elecciones presidenciales para el 07 de noviembre; empero, previamente están eliminando cualquier vestigio de competencia por parte de la oposición democrática, con una sistemática política del terror. La deriva autoritaria y represiva que están promoviendo la pareja Ortega-Murillo en Nicaragua, con el objetivo de perpetuarse en el poder, si bien los debilita y aísla, pareciera estar dando resultados, entre otros, por la destrucción y fragmentación de la oposición interna; la lenta reacción de la comunidad internacional y la falta de coordinación efectiva de todos los actores que participan en la luchan por la recuperación de la democracia en Nicaragua. Conviene recordar que el binomio de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, llega a la presidencia y vicepresidencia respectivamente, en el año 2007, por el partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), gracias a una maniobra jurídica irregular, apoyada por el expresidente Arnoldo Alemán, reduciendo el tope establecido en la normativa para ser considerado vencedores en la contienda electoral. Al asumir el poder, la pareja presidencial inician un proceso autoritario, desmantelando progresivamente la institucionalidad democrática y las libertades, que ha contemplado un férreo control de las instituciones fundamentales, entre otras, su partido el FSLN, las fuerzas armadas y policiales, los grupos paramilitares que dirigen directamente, el Consejo Supremo Electoral (CSE), el poder legislativo con 71 de los 92 diputados de la Asamblea Nacional, la gran mayoría de medios de comunicación; y, paralelamente, han logrado avanzar en la fragmentación de los partidos políticos de oposición y la sociedad civil. En este proceso, el país ha pasado de un frágil autoritarismo competitivo, hasta llegar en los actuales momentos a un autoritarismo hegemónico, con una creciente violación de los derechos humanos. Ahora bien, con gran habilidad, también han desarrollado una política clientelar, para lograr el apoyo de algunos grupos políticos, empresariales y miembros de la sociedad civil, que han contribuido a su mantenimiento en el poder, a cambio de beneficios individuales. Por otra parte, han cultivado el apoyo de gobiernos autoritarios, en particular el asesoramiento de la dictadura cubana, con amplia experiencia en control social y represión. Paradójicamente, la mayoría de la comunidad internacional democrática asumió, en los primeros años, una posición ambigua, de relativa indiferencia, ante el proceso progresivo de destrucción de la institucionalidad democrática y la violación de los derechos humanos. En este contexto, llama la atención la posición que ha jugado la Organización de Estados Americanos (OEA) y, en particular, el Secretario Luis Almagro, por varios años de bajo perfil, asumiendo que era posible mantener la democracia en Nicaragua, logrando una relación cercana con la pareja presidencial; visión equivocada, pues desde la fuerte protesta popular del 2018, el autoritarismo y la represión se han agudizado. Conviene destacar que el descontento social del 2018 producto, entre otros, del rechazo a la reforma del sistema de pensiones, se extendió por todo el país con una activa participación de los jóvenes y, la reacción del gobierno de Ortega se concentró en una brutal represión. Al respecto, informes de la OEA destacan que las protestas han dejado un saldo de aproximadamente 448 muertos, más de 2000 heridos y unos 700 desaparecidos. Frente a la masiva protesta social, la pareja presidencial logró calmar las aguas, promoviendo un proceso de diálogos nacionales, que contó con la activa participación de la iglesia católica y la OEA, comprometiéndose que, para mayo del 2021, adoptarían reformas electorales, orientadas a definir condiciones competitivas para las elecciones de noviembre del 2021. Llegado el plazo previsto encontramos que el gobierno sandinista no ha cumplido con los compromisos asumidos y, por el contrario, está avanzando en un proceso de destrucción de la oposición democrática. En estos momentos, la represión constituye la estrategia central de la pareja presidencial con consecuencias dramáticas, como lo destacan centros de defensa de los derechos humanos, que registran unos 155 presos políticos, incluye 37 líderes de la oposición y 7 aspirantes a la presidencia para la elección de noviembre. La lista de perseguidos y exilados es larga e incluyendo, entre otros, empresarios, líderes sociales, jóvenes críticos; incluso han arremetido contra la iglesia católica, activa defensora de los derechos humanos; recientemente, el Presidente Ortega ha calificado a los obispos como: “hijos del demonio y terroristas”. También ha crecido la diáspora de nicaragüenses huyendo del país; expertos calculan que unos 10 mil han cruzado la frontera con Costa Rica y, se estima que, desde el inicio de las protestas sociales en el 2018, más de 100 mil ciudadanos han salido al exilio. En este contexto, destaca la sistemática persecución a los hijos de la expresidenta Violeta Chamorro Barrios (Carlos, Cristina y Joaquín); particular ensañamiento contra Cristina Chamorro, detenida por presuntos manejos financieros irregulares, luego de manifestar su interés de participar en proceso electoral. Junto al desmantelamiento de los partidos políticos democráticos, también están en la mira miembros críticos del sandinismo y, recientemente, han sido detenidos algunos líderes históricos tales como: Dora María Téllez, Víctor Hugo Tinoco y Hugo Torres. También el prestigioso escritor Sergio Ramírez, compañero de lucha de Daniel Ortega, viviendo en el extranjero, enfrenta una orden de detención. Más recientemente recibieron orden de detención el presidente y vicepresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). Ante la dramática situación, la comunidad internacional está reaccionando con contundencia, pero tardíamente. Al respecto, cabe destacar que el Consejo Permanente de la OEA ha adoptado en estos meses dos resoluciones críticas contra el gobierno de Nicaragua: la CP/RES. 1175 del 15/06/2021 y la CP/RES. 1181 del 20/10/21, sin llegar a la aplicación de la Cláusula Democrática. Sobre el particular, llama la atención la abstención en la OEA de los gobiernos de Argentina y México que recientemente, ante