COLEGIO DE INTERNACIONALISTAS DE VENEZUELA (4)

Por Rafael Gallegos Castro


La política al igual que la física, no tolera vacíos. Cuando los gobiernos se agotan, se inician las transiciones hacia modelos más sustentables. La “revolución’’ que hemos padecido los venezolanos por un cuarto de siglo ha perdido buena parte de los soportes que le dieron vida: apoyo popular, liderazgo carismático, abundante flujo de caja, calidad de vida. La vía democrática que los llevó al poder y los mantuvo por años, se les ha hecho muy, pero muy cuesta arriba. La verdad es que ya nadie los quiere.

Las encuestas indican que el candidato unitario Edmundo González Urrutia, a menos que aparezcan obstáculos insalvables, se dirige a una resonante victoria el 28 de julio. Él ha dicho: “seré el presidente de la transición”.

Las transiciones no son nada nuevo en Venezuela. Todas obedecen a agotamiento del modelo o del liderazgo, y todas tienen sus consecuencias. Hemos tenido transiciones malas, transiciones buenas y transiciones frustradas. Veamos algunas:

Juan Vicente Gómez en 1908… (Transición Mala) Ni sus más áulicos soportaban al Cabito. Los ciudadanos querían un cambio de gobierno, estaban hartos de sus continuas parrandas, los pleitos internacionales como por ejemplo el rompimiento de relaciones diplomáticas con Colombia y Estados Unidos; la represión, la mala situación económica. Estaba tan agotado el gobierno de Cipriano Castro que apenas se embarcó en el navío Guadalupe para operarse del riñón en Alemania, comenzó la conspiración. En tres semanas lo tumbó su compadre Juan Vicente, que quedó como presidente provisional.

Gómez fue una mala transición. Cuando murió, en 1935, Venezuela tenía más de 80 % de analfabetas, el promedio de vida era 34 años, y campeaban las enfermedades endémicas, todo en medio de una gigantesca represión. Su “provisionalidad” duró… 27 años.

López Contreras en 1935… (Transición Buena) Murió Gómez y había que sustituirlo. Dos tendencias lucharon. La del terrible primo del mandatario, Eustoquio Gómez, apoyado por la familia Gómez. Tratando de llegar al poder, Eustoquio fue abaleado y muerto en la Gobernación de Caracas.

La otra opción era López Contreras, ministro de Guerra. Al final se impuso y con altos y bajos comenzó a transformar al país y a implantar la democracia.

La transición de Diógenes Escalante en 1945… (Transición Frustrada) El general Isaías Medina Angarita fue un gran presidente. Sin embargo no pudo manejar ni el relevo de los militares “chopo e’ piedra”, generalotes de a caballo que seguían gobernando por encima de los oficiales de escuela; ni la imperiosa necesidad de la votación universal, directa y secreta.

El Embajador Diógenes Escalante fue seleccionado como candidato presidencial unitario, de común acuerdo entre e gobierno, los oficiales jóvenes, y los políticos emergentes encabezados por Rómulo Betancourt, a condición de que implantaría las elecciones universales, directas y secretas.

Pero… una enfermedad cerebral sacó del juego al Embajador Escalante. El presidente Medina, sin mucha consulta, procedió nombrar candidato al ministro de Agricultura Ángel Biaginni, que no satisfizo ni a los jóvenes oficiales, ni a los políticos, y se generó movimiento 18 de Octubre, que dio al traste con el gobierno.

La transición de Larrazábal el 23 de enero… (Transición Buena) Los militares y el pueblo se cansaron de los fraudes y la represión de Pérez Jiménez, aunado a que internacionalmente, ya venían de regreso las dictaduras militares aupadas por Estados Unidos.

El ex director del Círculo Militar y en ese momento jefe de la Armada, Wolfang Larrazábal, encabezó la transición. Era el oficial de más alta graduación en la milicia.

Soportó la intentona de Castro León en julio del 58. Cuando se lanzó como candidato presidencial entregó el mando. Perdió las elecciones y reconoció la derrota.

Cuando algunos compañeros militares le susurraban al oído que por qué no daba un golpe y se quedaba en Miraflores, el almirante les respondía: “caramba, ustedes me colocaron aquí para que tumbara a un dictador y ahora quieren que yo me convierta en dictador…” Larrazábal fue un gran venezolano que comprendió y ejerció su rol de manejar la transición hacia la democracia.

La transición del 2024 está obligada a ser excelente… De la primaria de octubre 2023 surgió el apabullante liderazgo de María Corina Machado. Casi todas las encuestas reflejan que si fuera candidata presidencial arrasaría con más del 70%, lo cual constituiría un récord.

Sin embargo, como sabemos MCM está inhabilitada. Ella dijo: “hasta el final”, y muy pocos sabían el significado de esa frase. Actuó con mucha inteligencia, en lugar de escándalos o estridencias sorprendió a gobierno buscando sustitutos en línea con la Plataforma Democrática. Finalmente, se escogió al Embajador Edmundo González Urrutia como candidato. Sus rivales políticos comenzaron una campaña de desprestigio diciéndole tapa amarilla, títere, segundón etc. , cuando la realidad es que el candidato presidencial Edmundo González es la punta de la lanza integrada por el liderazgo de María Corina, la Plataforma Unitaria y otras organizaciones, y energizada por el inmenso deseo de cambio de un ciudadanía hastiada de tanta carencia material y espiritual, y de abrazar a sus hijos por las frías pantallas de las computadoras y teléfonos. Y la punta de la lanza se dirige hacia una elección cuyo resultado permitirá el transito hacia la recuperación de Venezuela.

La transición está en sus manos, en las mías y en las de su vecino, que tenemos el deber de votar y hacer que los demás voten, para poder decir el 29 de julio: Transición Habemus.

Un transición Que no sea mala como la de Gómez, ni frustrada como a de Escalante, sino buena como las de López y Larrazábal. A votar.


 

Rafael Gallegos Castro 

 Ingeniero Petrolero. Ex-gerente en PDVSA. Profesor del IESA. Miembro de Gente del Petróleo. Coordinador Académico del Diplomado de “Diplomacia Petrolera y otras Energías” del CODEIV