La detención en España de antiguos funcionarios de la representación diplomática venezolana, vinculados según las informaciones publicadas a una investigación por tráfico de cocaína, no debería ser vista únicamente como un episodio policial. Es, sobre todo, una señal profundamente preocupante sobre el deterioro de la función diplomática venezolana y sobre la manera en que se ha entendido la representación del Estado en el exterior.
Las autoridades españolas mantienen la investigación bajo secreto de sumario, por lo que corresponde respetar plenamente la presunción de inocencia y el debido proceso. Sin embargo, los hechos conocidos son suficientemente graves como para abrir una discusión que va mucho más allá de las personas investigadas. En septiembre de 2026 fueron detenidos en España José Rafael Escorihuela Pereira y Kelvin Jesús Matos Pérez en el marco de una investigación relacionada con la incautación de 50 kilos de cocaína en Madrid. Medios españoles y venezolanos han informado que ambos habían desempeñado funciones en la representación venezolana en España; Matos figuraba además en registros oficiales españoles como Primer Secretario.
La pregunta que debemos hacernos es incómoda, pero necesaria: ¿cómo llegaron personas vinculadas a una representación diplomática de Venezuela a estar relacionadas con un asunto de esta naturaleza?
Ser diplomático no significa simplemente ocupar una oficina en una embajada, utilizar pasaporte diplomático o asistir a recepciones oficiales.
La diplomacia es una profesión y, sobre todo, una responsabilidad.
La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas establece que las misiones diplomáticas tienen, entre otras funciones, representar al Estado, proteger sus intereses y los de sus nacionales, negociar con el Estado receptor, informar a su gobierno por medios lícitos y promover relaciones amistosas.
Detrás de cada funcionario diplomático debería existir una carrera profesional, una formación especializada y una comprensión profunda de lo que significa representar a millones de ciudadanos.
Por eso resulta particularmente grave que personas que no cuentan con la preparación, experiencia y trayectoria propias del servicio exterior puedan terminar ocupando posiciones desde las cuales hablan y actúan en nombre de Venezuela.
El problema no es solamente quién ocupa un determinado cargo. El problema es qué concepto de diplomacia se está transmitiendo al mundo.
Del servicio exterior a la política de cuotas
Durante décadas, Venezuela construyó un servicio exterior profesional con diplomáticos de carrera que pasaron buena parte de su vida preparándose en relaciones internacionales, derecho internacional, negociación, protocolo, idiomas y análisis político.
Esa tradición no era un lujo burocrático. Era una herramienta de Estado.
Un diplomático venezolano debía comprender que, independientemente del gobierno de turno, estaba representando a la República.
La politización extrema del servicio exterior ha contribuido, sin embargo, a desdibujar esa frontera. Cuando la lealtad política, las relaciones personales o la cercanía con determinados grupos pesan más que la preparación profesional, la diplomacia deja de ser una política de Estado y comienza a convertirse en una extensión del poder de turno.
No todos los funcionarios son diplomáticos
Conviene hacer una distinción importante.
Una persona puede ser designada por un gobierno para ocupar un cargo en una embajada y, jurídicamente, formar parte de una misión diplomática. Pero eso no significa necesariamente que posea la formación profesional, la experiencia y la cultura de servicio público que históricamente han caracterizado a un diplomático de carrera. Esta diferencia es fundamental.
Un verdadero diplomático entiende que representa a Venezuela, no a un partido, una familia, un grupo económico o un gobierno circunstancial.
Sabe que detrás de su comportamiento está el prestigio de una nación.
Por eso, cuando un funcionario acreditado en el exterior aparece involucrado en un escándalo de esta magnitud, el daño no queda limitado a su persona. Afecta la credibilidad de toda la representación venezolana.
El daño también lo pagan los diplomáticos honestos
Mientras algunos funcionarios aparecen vinculados a investigaciones de esta naturaleza, existen diplomáticos venezolanos de carrera que durante años han servido al Estado en condiciones difíciles y que han mantenido una conducta profesional.
Son ellos quienes terminan pagando también el costo de la pérdida de reputación.
Un funcionario que ha dedicado veinte o treinta años al servicio exterior puede encontrarse de repente teniendo que explicar ante colegas extranjeros una conducta con la que no tiene ninguna relación.
La conducta individual de quienes sean finalmente responsables no puede convertirse en una condena colectiva contra todos los venezolanos que trabajan en la diplomacia.
Precisamente por eso resulta indispensable recuperar la profesionalización del servicio exterior.
España y Venezuela: una relación que merece respeto
España no es un escenario cualquiera para Venezuela. Los vínculos históricos, humanos, culturales, económicos y familiares entre ambos países son extraordinariamente profundos. Millones de venezolanos tienen algún vínculo con España y miles de españoles mantienen relaciones personales y económicas con Venezuela.
Por ello, cada actuación de un funcionario venezolano en Madrid tiene una dimensión adicional.
No solo está en juego la relación entre dos gobiernos. Está también la imagen de Venezuela ante una sociedad que conoce profundamente nuestra realidad.
El comportamiento de quienes representan a Venezuela en España debería contribuir a fortalecer esa relación, no a deteriorarla.
La verdadera pregunta
Más allá de lo que determine la justicia española, existe una responsabilidad política e institucional que no puede desaparecer detrás de un expediente judicial.
¿Quién seleccionó a esas personas? ¿Qué antecedentes profesionales tenían? ¿Qué controles existían? ¿Qué mecanismos de supervisión funcionaban?
Y, sobre todo: ¿qué ocurrió con el principio de que representar a Venezuela en el exterior debe ser una responsabilidad reservada a personas preparadas para ejercerla?
Porque el problema no es únicamente el posible comportamiento ilícito de determinados individuos. El problema es el sistema que permitió que personas cuestionadas pudieran llegar a ocupar posiciones desde las cuales tenían acceso a los símbolos, recursos y representación de la República.
Recuperar la diplomacia como política de Estado
Venezuela necesitará, tarde o temprano, reconstruir sus instituciones, esa reconstrucción tendrá que incluir necesariamente al servicio exterior.
Será necesario recuperar la carrera diplomática, establecer criterios profesionales de ingreso y ascenso, fortalecer los mecanismos de control y evaluación y separar la representación del Estado de la militancia política. La diplomacia venezolana necesita volver a ser una profesión de Estado, como lo fue durante la democracia.
Porque Venezuela no necesita funcionarios que simplemente ocupen embajadas. Necesita diplomáticos que entiendan y sepan representar a un país.
Personas preparadas, honestas, con conocimiento de la realidad internacional y conscientes de que cada palabra, cada reunión y cada actuación en el extranjero lleva consigo el nombre de Venezuela.
Los recientes acontecimientos en España deberían servir, al menos, para abrir esa discusión. No se trata de condenar anticipadamente a quienes están siendo investigados. Eso corresponde a los tribunales.
Se trata de algo diferente y mucho más profundo: preguntarnos qué ha ocurrido con la diplomacia venezolana y qué debemos hacer para recuperar su dignidad profesional. Ante este incidente, tiene que haber responsables más allá de estos “funcionarios” involucrados, aquí vale la pregunta “De quien es la culpa del ciego, o del que les da el garrote”
Porque un país puede cambiar de gobierno. Puede reconstruir su economía. Puede recuperar sus instituciones.
Pero fundamentalmente necesita recuperar, el respeto por el servicio público y el honor de representar a Venezuela ante el mundo.
Juan Francisco Contreras Arrieche
Internacionalista UCV / Magister en Seguridad y Defensa (IAEDEN- Caracas, Venezuela) / Magister en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho (Universidad Rey Juan Carlos – Universidad Francisco de Vittoria – Madrid, España) / Presidente del CODEIV / Miembro de Real-Latam.org
