Por Abraham Clavero

Abraham Clavero

Las recientes declaraciones del Viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Riabkov, mediante las cuales su país nos descartaba desplegar tropas en Cuba y Venezuela, nos lleva de regreso al periodo de la Guerra Fría, con las Crisis de los Misiles de 1962.

Estas declaraciones se producen en circunstancias cuando la comunidad internacional se ve afecta por la peor crisis geopolítica en lo que va del Siglo XXI, provocada por la presencia de tropas del ejército ruso junto a la frontera con Ucrania. Sus causas se deben a las garantías de seguridad exigidas por Moscú mediante la promesa de Kiev que nunca se integrara a la Alianza Atlántica. Ello aplica, además, para algunos países que aún se encuentra bajo la influencia rusa y que osen acercarse más alla de lo estrictamente necesario a la Unión Europea y a la OTAN. 

Mirándolo en retrospectiva, los Estados Unidos descubrieron bases militares con misiles soviéticos nucleares de mediano alcance, en suelo cubano a menos de 50 millas de las costas de la Florida. Este hecho, condujo a las dos súper potencias al borde de una guerra nuclear, colocando el nivel de disponibilidad y defensa del ejército norteamericano en la escala 2 de DEFCON, uno de los más altos en su historia. El mismo es considerado como el paso previo para una guerra nuclear.

Las arduas negociaciones diplomáticas tanto en Washington como en Moscú, que excluyeron a Fidel Castro, sirvieron para delinear un convenio mediante el cual el gobierno del Presidente John Kennedy se comprometía a no invadir Cuba ni apoyar a ningún grupo que tuviera esa intención. También contemplaba, el desmantelamiento de los misiles ubicados en Turquía como parte del sistema de defensa de la OTAN.

La gran derrotado de esa crisis fue la Cuba castrista que debió aceptar el “fait accompli” presentado el Primer Ministro ruso Nikita Khrushchev que obligó a la URSS a repatriar todo ese material bélico que ya se encontraba en suelo cubano.

Una de las consecuencias de esta crisis fue la decisión de ambas potencias de establecer lo que se conoce como “el teléfono rojo”, una línea de comunicación directa entre la Casa Blanca y el Kremlin para la conversación de los mandatarios de ambos países cuando se presentaran situaciones de emergencia que hagan necesario una acción inmediata en caso de amenaza a la paz y la estabilidad internacional.

Sin duda que las circunstancias han cambiado en esas siete décadas que han transcurridos. Se podría decir que en los actuales momentos ha surgido una nueva versión de la denominada Guerra Fría que enfrenta nuevamente a Washington y Moscú. No obstante, no se puede descartar que una crisis semejante a los de los años 60 se pudiera repetir

Lo que pudiera preocupar en estos momentos, es que el país se viese involucrado en un hecho tan lejano como los acontecimientos en Ucrania. La posibilidad que nuestro territorio se convierta en receptor de tropas extranjeras debilitaría nuestra soberanía y pondrían en entredicho la retórica del gobierno chavista que tanto ha criticado a Colombia por haber permitido el establecimiento de bases del ejército norteamericano, al otro lado de la frontera.

La Constitución bolivariana lo establece muy claro en su contenido señalando que “Venezuela es un territorio de paz, en el que no se pueden establecer bases militares extranjeras o instalaciones que tengan propósitos militares”.

La reacción del gobierno nacional expresada a través del Ministro de la Defensa Vladimir Padrino ha sido de bendecir la presencia de esas tropas rusas en territorio venezolana, mientras Cadena Venezolana de Televisión manifestaba en unos de sus programas, sin darse cuenta de las consecuencias que implican este despliegue, que si ya teníamos turistas rusos cual sería el problema de aceptar contingentes militares de ese país en nuestro suelo.

Dentro de este punto hay que acotar que Moscú ha puesto en práctica, desde hace cierto tiempo, la ubicación de contingentes militares mediante una modalidad que pudiera ser calificados de mercenarios como son los casos de Siria y Libia. Esto ha sido confirmado por un informe de Naciones Unidas en el cual señala la presencia de mercenarios rusos del grupo Warner afín al presidente Vladimir Putin.

Diversos analistas han evaluado esa reciente declaración del gobierno ruso destacando que:

a. No se debería descartar esta posibilidad si se toma en cuenta los fuertes vínculos que existen entre ambos países en una gran variedad de áreas de entendimiento. Se especulan que ya se han producido algún tipo de operaciones militares encubiertas dentro del territorio nacional.

Lo que sí está confirmado es las relaciones militares con países de la órbita del Socialismo del Siglo XXI. Con respecto a Venezuela, existen acuerdos para el mantenimiento del sistema de misiles anti-aéreos S-300 y la visita de 2 bombarderos estratégicos que tuvo lugar en 2018.     

Cabe destacar el artículo publicado por el País de España (17/01/22) intitulado “Botas rusas en suelo venezolano” en el cual se hacen una serie de señalamientos entre las que destaca que “Maduro ha aumentado la presencia militar de Moscú, que se remonta a Hugo Chávez.

b. Por el contrario, de acuerdo con análisis realizados por institutos de altos estudios son de la opinión que Rusia no dispone en este momento de los suficientes recursos como para mantener un contingente importante en un territorio fuera de su área de influencia por tiempo indefinido. Una cuestión muy diferente es el caso de Siria donde Rusia ha desempeñado un papel significativo para el mantenimiento del régimen de Bashar al-Assad indispensable para la geopolítica de la región.

Hay que recordar que, en febrero de 2014, luego de la invasión rusa a Crimea el Ministerio de Defensa dejó entrever la posibilidad de desplegar tropas en Venezuela, Cuba y Nicaragua. 

c.  Al igual que en la década de los sesenta del siglo pasado, la administración norteamericana reaccionaria de la forma más contundente posible ante esta declaración que ha sido considera en cierta forma más que todo una “bravuconada” por parte del gobierno de Putin. Sin embargo, no se debería descartar ninguna postura del gobierno del Presidente Maduro.

d. A pesar de que muchos analistas consideran que la administración de Maduro se encuentra lo suficientemente asentado para seguir gobernando, existen factores que deben ser considerados con más detenimiento, luego de los resultados del 9E. También se debería incluir, entre estos considerandos, el asomo de un cambio respecto al Dialogo en México en caso de que surgieras variaciones positivas en la política norteamericana respecto a Venezuela. 

Todo está por verse, pero nada es descartable en esta situación donde simplemente somos un peón más dentro del gran juego de la geopolítica internacional de las grandes potencias.

Abraham Clavero T.

Deja una respuesta