Por María Alejandra Aristeguieta

Con el proceso de las elecciones primarias en Venezuela, y con los incidentes ocurridos en Ciudad Juárez y Texas, así como las recientes medidas migratorias tomadas por Estados Unidos, Chile y otros países de la región, el tema de la diáspora venezolana cobra de nuevo particular relevancia.

De acuerdo con las cifras proporcionadas a finales de marzo de 2023 por la plataforma de coordinación inter-agencia para refugiados y migrantes de Venezuela del sistema de Naciones Unidas, R4V, al menos 7.239.953 venezolanos viven en el exterior, de los cuales, 6.095.464 están en América Latina y el Caribe.

Sin lugar a dudas, Venezuela se enfrenta a uno de los fenómenos migratorios más significativos de su historia. La diáspora venezolana ha dejado una huella profunda en diversos países alrededor del mundo y en particular del continente, generando una necesidad imperante de abordar las problemáticas que enfrentan los migrantes y establecer canales efectivos de comunicación y cooperación con ellos, más allá de las que ya estén en desarrollo a través de agencias humanitarias internacionales de la ONU, la sociedad civil internacional, o los gobiernos de acogida.

Ante este panorama, y a sabiendas que el actual régimen expulsa a sus connacionales como parte de una política de Estado, surge la necesidad de considerar la creación de un Ministerio de la Diáspora en un futuro gobierno democrático venezolano, con el propósito de atender de manera integral y organizada las necesidades tan específicas de los venezolanos en el exterior y fortalecer los lazos con ellos, así como canalizar el posible retorno y reintegración de aquellos venezolanos que deseen regresar a su país de origen.

Un Ministerio de la Diáspora podría promover la cultura, el idioma, las costumbres y tradiciones venezolanas en las nuevas generaciones, ya nacidas fuera del país de origen de sus padres, incluso podría promover programas educativos complementarios que transmitan historia y otros valores patrios. Podría además contribuir con la protección y asistencia de los venezolanos en el exterior como por ejemplo en materia de derechos humanos en los países de acogida, más allá de las labores normalmente llevadas a cabo a través de las actividades consulares.

Y podría además ser una herramienta de promoción política, social y económica, como ha sido en el caso de grandes comunidades diaspóricas a nivel mundial.

Por ejemplo, para comprender la relevancia de un Ministerio de la Diáspora en Venezuela, podemos analizar el impacto y la influencia que han tenido las diásporas judía y armenia en diferentes países del mundo. Ambas comunidades han demostrado la importancia de contar con instituciones y organizaciones dedicadas a la diáspora para promover sus intereses y garantizar la protección de sus ciudadanos en el extranjero. La diáspora judía ha trabajado incansablemente para influir en políticas relacionadas con Israel, el antisemitismo y los derechos humanos. Organizaciones como el Congreso Judío Mundial y el Comité Judío Americano han jugado un papel fundamental en la defensa de los derechos de los judíos en todo el mundo y en la promoción de la relación entre los países de acogida y el Estado de Israel. Por otro lado, la diáspora armenia se ha destacado en su lucha por el reconocimiento internacional del genocidio armenio y la defensa de los derechos y la causa armenia. A través de su activismo político, han logrado presionar a gobiernos y a instituciones internacionales para que tomen medidas favorables a sus preocupaciones y demandas.

Estos ejemplos muestran cómo las diásporas, coordinadas a través de unas políticas de Estado bien diseñadas pueden ejercer una influencia política significativa y abogar por los intereses de sus comunidades en el extranjero. Un Ministerio de la Diáspora en Venezuela podría desempeñar un papel similar al promover los intereses de los venezolanos en el exterior y fortalecer temas de interés nacional.

De igual manera, es importante destacar la atención que algunos países brindan a la salud de sus ciudadanos en la diáspora. Por ejemplo, Filipinas cuenta con la Comisión de Filipinos en el Extranjero (CFO), que ofrece servicios de asistencia médica a los filipinos en el extranjero a través de su Programa de Asistencia para la Salud. Este programa brinda servicios médicos y ayuda financiera a aquellos filipinos que enfrentan dificultades médicas graves y no pueden costear sus tratamientos. Del mismo modo, los ciudadanos italianos que viven en el extranjero y están registrados en el Registro de Italianos Residentes en el Exterior (AIRE) tienen derecho a recibir asistencia médica en Italia.

En materia económica, un Ministerio de la Diáspora podría contribuir a salir de la actual “trampa de las remesas” y desempeñar un papel fundamental en el fomento de la innovación y la creación de sinergias entre la diáspora y los venezolanos que residen en el país, incluso haciendo uso de las tecnologías digitales que permitan fortalecer lazos económicos y empresariales entre connacionales situados en distintas partes del mundo. Un ejemplo de esto es el caso de la India, cuyo gobierno ha establecido el Ministerio de Asuntos de la Diáspora para fortalecer los lazos con los indios en el extranjero y promover la inversión y el desarrollo laboral. A través de programas de cooperación, intercambio de conocimientos y promoción de inversiones, un Ministerio de la Diáspora podría facilitar la colaboración entre los venezolanos dentro y fuera del país promoviendo así el crecimiento económico y el desarrollo sostenible.

Por último, es importante distinguir un Ministerio de la Diáspora del Ministerio de Relaciones Exteriores. Un Ministerio de la Diáspora se enfocaría exclusivamente en atender las necesidades de los ciudadanos venezolanos en el extranjero, promover sus intereses y fortalecer los lazos con ellos, tanto en términos de protección como de desarrollo, así como en el regreso ordenado y estructurado de aquellos que quieran reinsertarse en la vida laboral y social dentro de Venezuela.  Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores es responsable de la gestión de las relaciones diplomáticas y consulares, y de la política exterior del país en general, abarcando una amplia gama de temas de interés nacional y no enfocándose específicamente en la diáspora. En aquellos casos, como la emisión de pasaportes u otros documentos, un Ministerio de la Diáspora podría dar el apoyo necesario para que, de manera organizada y sistematizada, los más de 7 millones de venezolanos puedan de nuevo contar con sus documentos de identidad.

Una población de 7 millones de personas es el equivalente a la de países de la talla de Suiza, Austria o Paraguay, suficiente como para pensar en un Ministerio de la Diáspora. Sobre todo, cuando la mayor parte de ellos se encuentran en situación de vulnerabilidad y precariedad.

María Alejandra Aristeguieta

Internacionalista UCV, ex diplomática, consultora y analista de relaciones multilaterales.

@MAA563

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