Simón Bolívar de píe y a caballo

Omar Zurita

La figura del Libertador Simón Bolívar, inmortalizada en bronce, se encuentra en innumerables lugares en todo el mundo. De todas esas estatuas quiso mi trayectoria en el Servicio Exterior, que tuviera ocasión de conocer de primera mano, la historia de dos de ellas. Me refiero a la estatua en Londres y a la ubicada en México.

Bolívar de pie en Londres.- Entre los años de 1971 y 1974, me encontraba desempeñando el cargo de Tercer Secretario de la Embajada de Venezuela en el Reino Unido, misión que para entonces estaba presidida por el doctor Carlos Pérez de la Cova, quien como integrante de la llamada Generación del 28, había padecido los horrores de la represión gomecista, como bien lo demostraban las cicatrices que en sus tobillos habían dejado los grilletes aplicados en prisión.

Formaba parte de la acción diplomática encomendada a nuestra Misión, en el área histórica cultural, la de lograr erigir en la capital londinense una estatua de Simón Bolívar y hacerse de la propiedad de la casa donde había vivido el precursor Francisco de Miranda. La Agregaduría Cultural estaba a cargo de la doctora Miriam Blanco Fombona de Hood, quien con su tesón, voluntad, dedicación y empeño de carbonero, que contrastaba con su frágil y delicada humanidad, se puso al frente de la tarea hasta lograr obtener, tras largas y complicadas negociaciones con las autoridades inglesas, todas las aprobaciones y autorizaciones para colocar en la ciudad de Londres una estatua de Bolívar.

El sitio finalmente acordado fue la esquina sureste de Belgrave Square, una plaza ubicada dentro de la City of Westminster que alberga los principales símbolos de la monarquía británica como el Palacio de Westminster, el Palacio de Buckingham y la Abadia de Westminster. La estatua en bronce es obra del escultor Hugo Daini y fue develada el 13 de Julio de 1.974, por James Callaghan, Secretario de Asuntos Exteriores y de la Comunidad Británica de Naciones.

En representación del Gobierno de Venezuela, se hizo presente el doctor Rafael Caldera, quien tres meses antes había concluido su mandato presidencial, y pronunció en inglés el discurso de orden en el cual la describió así: “La estatua lo representa en el momento de pronunciar su histórico discurso ante el Congreso de Angostura, viste el uniforme militar, lleva en una mano el célebre texto y levanta la otra en ademan de persuadir y de arengar”.

Estatua de Bolívar en Londres

Bolívar a caballo en México.- Como dije antes, el curso de mi trayectoria en el Servicio Exterior hizo posible que estuviera directa y sucesivamente involucrado en la develación de dos estatuas de Simón Bolívar. En efecto, por decisión del Ministerio de Relaciones Exteriores, fui trasladado de Londres a la Embajada de Venezuela en México, ascendido a Segundo Secretario. El 1º de Enero de 1975, procedente de Nueva York en vuelo de un DC10 de Aeroméxico con solo ocho pasajeros a bordo, llegué con mi familia a la ciudad de México.

El recibimiento del Embajador, doctor Francisco Herrera Luque, fue muy amable al  tiempo de advertirme que me esperaba un duro trabajo, pues me integraría de inmediato al reducido equipo, la Ministro Consejero y el Primer Secretario, que estaba a cargo de todo lo relacionado con la visita en Marzo de ese año, del Presidente de Venezuela a México. Para mi sorpresa, entre los actos protocolares del programa estaba la develación de una estatua, esta vez ecuestre, del Libertador Simón Bolívar en la ciudad capital mexicana.

Los preparativos de la visita del Presidente de Venezuela, marcharon a toda prisa, se sucedían a diario reuniones en la Secretaria de Relaciones Exteriores de México y en la sede de la Misión en la Calle Londres; las llamadas telefónicas, los mensajes cifrados a Caracas, la revisión y envío de los proyectos de los quince convenios a ser firmados, aparte del trabajo rutinario de la Misión, nos hacían laborar horas extras.

Todo estaba sucediendo según el cronograma acordado con Tlatelolco, la reservación del Hotel Camino Real, la contratación de los automóviles e inclusive se terminaron a tiempo los trabajos de remodelación de la glorieta del Paseo de la Reforma Norte con Calle Violeta, y del pedestal donde se colocaría la estatua del Libertador. Se trataba de una réplica en bronce de la escultura original realizada por Pietro Canónica en 1934, pieza escultórica que se vació en Roma en la Fundición Bruni en 1962.

Transcurría ya la segunda quincena del mes de Febrero y las autoridades mexicanas comenzaban a manifestar su preocupación por la tardanza en la llegada a México de la estatua. Ante tal situación, el Embajador Herrera Luque, me llamo a su oficina para dictarme un cablegrama dirigido al Ministro de Relaciones Exteriores que decía lo siguiente: “vergüenza llena y pedestal vacio”.  Ese texto constituyó sin dudas una genialidad del insigne escritor y en buena medida determinó sacar del programa de actos protocolares la develación de la estatua.  

La historia de la estatua de Bolívar a caballo en México tuvo su conclusión un año después, cuando se develó el 22 de Junio de 1976, fecha para la cual me encontraba, desde hacía un año, en la Cancillería desempeñando el cargo de Jefe de Gabinete del Ministro de Relaciones Exteriores.

Estatua de Bolívar en Ciudad de México

OMAR ZURITA A.

Lic. Estudios Internacionales UCV 1964, Abogado UCV 1966, Magister Ciencias Políticas USB, Embajador de Carrera jubilado, desempeñó cargos en Londres, México, Washington, Director de Gabinete del Ministro, Director Inmunidades y Privilegios, Consultor Jurídico del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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