Por Rafael Gallegos  

Atónitos, observamos las guerras en el medio oriente. Un polvorín. Hamas ataca a Israel. Israel responde y ataca a Gaza. Irán apoya a Hamas. Estados Unidos y Europa apoyan a Israel.  Por su parte en Yemen hubo, pocos años ha, una cruenta guerra civil entre hutíes y el gobierno. Los hutíes, apoyados por Irán vencieron, entonces los países del Golfo intervinieron a favor del gobierno y bombardearon Yemen hasta la saciedad.

En octubre pasado al inició de la guerra Gaza – Israel; los hutíes desde el lejano Yemen y apoyados por Irán, comenzaron sistemáticos ataques a embarcaciones en el Mar Rojo. Y no con flechas precisamente, sino con sofisticado armamento que incluye drones y misiles. Como respuesta, Estados Unidos y Gran Bretaña atacan a Yemen.

Estados Unidos e Irán, se muestran los dientes. Estados Unidos ataca a aliados de Irán, en Irak y Siria.

Por el Mar Rojo, vía Canal de Suez, pasa diariamente alrededor del 10 % del comercio mundial, el 40 % de los contenedores y más de tres millones de barriles de petróleo, así como importantes cantidades de gas natural licuado.

El Canal de Suez es la conexión Asia – Europa. Ante la violencia, muchas empresas han obviado la ruta del Mar Rojo y envían sus naves a dar la vuelta por África para evitar los ataques. Esa vuelta tarda por lo menos diez días y cuesta millones de dólares, que se reflejarán en inflación.

No hay que olvidar que Irán ansía desaparecer al Estado de Israel. Y que los hutíes tienen como lema “Dios es grande, muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, maldición de los judíos, victoria de Irán”

En la zona se producen alrededor de 25 millones de barriles de petróleo por día. Buena parte de la energía de la civilización. He ahí el quid del asunto.  Sin ese petróleo el mundo volvería a la edad de piedra. ¿Hasta dónde puede llegar esta guerra, por tan preciado líquido y con tanto recalentamiento?, ¿hasta el tan pregonado Armagedón?  

¿Qué sucedería si Irán y sus aliados intentan sacar del mapa a Israel? Estados Unidos y sus aliados, ¿permitirían que eso sucediera? ¿Los Estados Unidos llegarían a destruir parte de Irán para evitar el descontrol total en la zona? ¿Y cómo reaccionarían China, que compra mucho petróleo en Irán y tiene inmensas inversiones en ese país por la Ruta de la Seda? ¿Y Rusia, aliado de Irán? Y si todos se descontrolan, ¿qué sucederá con la civilización?

O sea, con usted, con su vecino y conmigo.

VENEZUELA

A primera vista Venezuela pareciera favorecida por este conflicto. De los años setenta, ochenta y hasta noventa nos quedó el recuerdo de como una lejana guerra petrolera, o el estornudo de un jeque árabe, incrementaba sustancialmente los precios del petróleo. Mayores precios … mayores divisas.

Sin embargo, nuestra industria petrolera no es ni la sombra de aquella próspera Pdvsa ubicada en el país petrolero más confiable de occidente.

En primer lugar, la escuálida producción de hidrocarburos, de gas y la improductividad de las refinerías, poco puede aprovechar un alza de precios.

En segundo término, se habla que Estados Unidos necesita el petróleo de Venezuela y que suspenderá todas las sanciones. Falso. Así como a los economistas cuando hacen análisis simplones sin tomar en cuenta los factores políticos y sociales los acusan de “economicistas”, nosotros nos atrevemos a acusar de “petrolicistas” a quienes analizan esta realidad tomando en cuenta sólo el petróleo.

Es necesario analizar que Estados Unidos, además del petróleo, necesita urgentemente recuperar el control del Mar Caribe, donde resalta el triángulo de las Trescubas, – que se puede convertir en endémico – integrado por Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Además, Estados Unidos necesita, con premura, que comience el retorno de tanto emigrante que afecta a su economía y modus vivendi.

Ni la mejora de relaciones USA – Mar Caribe, ni el retorno importante de migrantes se materializará si no se recupera la industria petrolera – el primer motor. Y la recuperación de ésta ni de lejos se logrará con el esquema actual.

Nuestro nivel de reservas debería reflejarse en una producción de tres o cuatro millones de barriles diarios, seis o siete mil millones de pies cúbicos de gas, y refinerías productivas. Para ello se requieren inversiones de miles de millones de dólares que no vendrán mientras no tengan seguridad y confianza en el retorno de los capitales, y que eso requiere de un gobierno eficaz, separación de poderes, tribunales autónomos, libertades de empresa y de prensa, y que para lograr estos aspectos se requieren elecciones libres…

Ergo… se requiere un profundo cambio político. De lo contrario, anótelo, seguirá el marasmo.

Y como si fuera poco, hay que tomar estar claros en que cerca de Venezuela, en Guyana, Brasil y Argentina hay hartas posibilidades de inversiones petroleras más seguras. Venezuela ya no es el monopolio petrolero de América Latina.

La capacidad de atraer inversiones milmillonarias, hay que ganársela.

¿LLEGARÁ LA HUMANIDAD AL AÑO 2100?

De los terribles jinetes del apocalipsis Pobreza, Contaminación, Cambio Climático y Peligro Nuclear, el más peligroso no lo dude, es Peligro Nuclear.

Y es producto de esa paradoja donde la tecnología asciende vertiginosamente por modernos ascensores y las pasiones humanas suben, jadeantes, por tortuosas escaleras.

Es triste que hayamos llenado al mundo de guerras cada vez más peligrosas y totales. Las acciones de buena parte del liderazgo mundial hacen recordar aquella figura de mono con hojilla. Como que no dan la talla.

Tenía razón el Maestro Borges cuando hablaba del portentoso y frágil destino humano. La paz mundial es más que una palabra, requiere de un gran cambio de paradigmas. Cuando Caín mató a Abel lo hizo con una quijada de burro que apenas afectó a su víctima. Hoy los caínes manejan armas para centenares de armagedones.

Dios quiera que elevemos nuestras pasiones, es cuestión de sobrevivencia.

Rafael Gallegos

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