En este Editorial no nos vamos a referir a la novela de Max Brook, ni a su versión cinematográfica en la película de Hollywood, protagonizada por Brad Pitt, contra los zombies. Si no a otro tipo de Invasión, como es la protagonizada por Rusia en Ucrania, donde la letra Z es un distintivo usado por los militares rusos en el propósito arrasar y destruir ciudades ucranianas, violando las más elementales normas humanitarias y asesinando civiles, con el irracional objetivo de desmembrar por la vía armada a un pais soberano que forma parte de la Organización de las Naciones Unidas.

Esta increíble situación, ocurre en pleno Siglo XXI, y a pesar, que el enfrentamiento bélico, ya lleva casi dos meses y medio, ninguna de las instituciones creadas dentro del sistema internacional, ha podido detener una guerra en la cual se están violando todos los parámetros establecidos en el Derecho Internacional y humanitario, lo cual nos ha hecho retroceder hasta la primera mitad del siglo XX.

Si bien es cierto que algunos lideres internacionales han intentado utilizar la diplomacia y la negociación, en ningún momento han logrado detener la barbarie rusa.  El costo de esta guerra será muy alto no solo para Rusia y Ucrania, sino para Europa y el planeta. Con seguridad se producirán importantes cambios y consecuencias, para evitar que este tipo de episodios vuelvan a repetirse.

Por lo pronto la guerra continua y lejos de visualizarse un fin cercano, los movimientos militares rusos hacen presagiar que continuara escalándose el conflicto y sus consecuencias, ya vimos como anexión de la península de Crimea, no fue sino el comienzo para incrementar la estrategia de desintegrar y ocupar militarmente el este de Ucrania, la llamada región del Dombas, específicamente en Donetsk y Lugansk.

Cada día se incrementa el drama humano producto del desplazamiento de los millones de civiles, tanto en el interior de Ucrania como hacia los paises europeos vecinos. También preocupa el anuncio ruso de dirigirse hacia el sureste de Ucrania, el cual parece estar vinculado con los sucesos recientes en la región Transnistria (Moldova), ubicada al sur de Ucrania, donde existe un enclave pro-ruso y todo parece indicar que será parte del siguiente paso de la ocupación de las tropas rusas.

Prevenidos a esta realidad se encuentran también Letonia, Estonia y Lituania, los llamados países Bálticos, ya que tienen realidades parecidas, donde existe una minoría rusa, que es incentivada y financiada desde Moscú. Con la sustancial diferencia que estos países son miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Este clima de inseguridad también se vive en Finlandia y Suecia, los cuales también han sido amenazadas represalias por parte de Rusia, si deciden incorporarse a la OTAN.

La situación del conflicto parece haber unificado a la Unión Europea en el apoyo a Ucrania, la posición que asuma China, a quien no le interesa que el conflicto escale, por razones económicas, es realmente una incógnita. En el caso de América Latina existen tres países en la región (Venezuela, Nicaragua y Cuba), que se han declarado a favor de la Federación Rusa. Es importante resaltar que, en su incoherencia ideológica, se declaran a favor de principios como la soberanía, autodeterminación de los pueblos y el antimperialismo. Sin embargo, en la práctica estos países están apoyando la violación de la soberanía ucraniana, irrespetan la determinación de la población ucraniana de vivir el libertad y democracia y finalmente apoyan los planes imperialista rusos, así que para estos países hay imperialismos malos (el norteamericano) e imperialismos buenos (el ruso).  

Ante este panorama poco alentador para las iniciativas diplomáticas, tenemos las recurrentes amenazas de Putin y su Canciller, el Señor Lavrov, quienes en varias ocasiones han hecho referencia a la posibilidad del comienzo de la Tercera Guerra Mundial, en la cual se podría utilizar armamento nuclear, finalmente, esta absurda guerra podría llamarse la Guerra Mundial Z.

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