La Corte Internacional de Justicia, de la cual Venezuela es miembro, es uno de los seis (6) órganos de Naciones Unidas, , está compuesta por quince (15) magistrados, que son electos, por un periodo de nueve (9) años, por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad. Sus sentencias son vinculantes para las partes y no tienen apelación.

En este en Editorial no se va a tratar el tema de como llego el caso del Esequibo a la Corte,  ya que tradicionalmente Venezuela se había opuesto a que la controversia se tratara en esta instancia. Este tema será tratado en otra oportunidad.

Lo concreto es que la solicitud de Guyana ante la Corte Internacional de Justicia se basa en solicitar que decida si el Laudo Arbitral de Paris de 1.899, es valido como dice Guyana o es nulo e irrito como señala Venezuela. Ante esta solicitud la Corte se declaró competente, así que el proceso está en marcha. Nos toca defender nuestra posición, para lo cual tenemos suficientes evidencias de las irregularidades y componendas que ocurrieron en ese evento. Pero atacar a la Corte no nos ayuda para nada, en la decisión que debe tomar.

Vemos con gran preocupación que se ha venido generando una matriz de opinión negativa, en la cual se ataca a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), haciendo señalamientos absurdos, impertinentes e inapropiados. Señalando a la Corte de estar parcializada por Guyana, inclusos algunos más temerarios, señalan que los magistrados reciben dinero de las empresas petroleras, a fin de que decidan a favor de los guyaneses.

Estos señalamientos no son ciertos, pero además, perjudican nuestros intereses en la controversia, ya que cualquiera que sea la decisión de la CIJ con respecto al tema del Laudo Arbitral, surgirán como consecuencia de la misma, nuevos aspectos en esta controversia, que podrían ser ventilados en esta instancia.

Lo grave es que voceros oficialistas lo planteen o se hagan eco de los mismos. Por esta razón, queremos llamar la atención al País, señalando que la CIJ no es nuestro enemigo. El ataque a la Corte, es una estrategia equivocada y contraria a los intereses de Venezuela. La estrategia tiene que estar dirigida a divulgar nuestros argumentos, nuestra razones por la cual consideramos que el Laudo Arbitral de Paris de 1,899 fue un fraude, una farsa, montada por los británicos.

Los venezolanos, sabemos que fuimos víctimas del abuso del mayor imperio de la historia, como fue el Británico, durante los siglos XIX y XX. Sabemos que tenemos la razón, pero hay que demostrarlo. Así, que esperamos que se haga justicia y que a través de la Corte Internacional de Justicia, podamos recuperar nuestros derechos en el territorio Esequibo.

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