El COVID19, la 4ta. revolución industrial y las relaciones internacionales

NANCY ELENA FERREIRA GOMES

Se ha convertido en un lugar común afirmar que la crisis generada por el Coronavirus (Covid19) está acelerando tendencias, por ejemplo, en relación a la que denominamos “nueva industrialización”, pero también a la emergencia de nuevos poderes en una Sociedad Internacional particular como en la que vivimos.

De hecho, frente a la pandemia, el teletrabajo, por ejemplo, evidencia una transformación “silenciosa”, pero no por eso menos estructurante, por la que atraviesa el mundo que vimos emerger en los primeros años del post-Guerra Fría. Para Klaus Schwab, lo que distingue a la Cuarta Revolución Industrial de otras revoluciones es su impacto sistémico, amplitud, profundidad y velocidad.[i]

La robótica, inteligencia artificial, big data, internet de las cosas, comunicaciones y computación cuántica, potencian la substitución del hombre por el robot en áreas como, administración, salud, investigación, justicia, defensa, etc.  En 2019, 24% de las personas empleadas en los Estados Unidos trabajaron remotamente.[ii] Tres años antes, en 2016, en Suecia, 20% de la población empleada ya trabajaba desde sus casas. En 2017, en Dinamarca, ese porcentaje subía para 23%.[iii]. Más recientemente, desde la primavera pasada, se calcula que sean 300 millones las personas con empleo, que en la China, trabajan remotamente.[iv]

Pero estas tecnologías no están llegando a todos los sitios al mismo ritmo. En países como la República Bolivariana de Venezuela, la falta de luz y de servicios en general, son los principales enemigos del teletrabajo. Y según Andrés Azpúrrua, director de Venezuela sin filtro y Venezuela Inteligente, “la mayoría de los venezolanos tiene una conexión a Internet de 1 mega o por debajo de 1 mega”[v].

Para José António Sanahuja, los cambios tecnológicos más recientes  están facilitando  la relocalización productiva anunciando una Nueva División Internacional del Trabajo, soportada a su vez por la automatización y ascensión de las plataformas digitales.[vi] En este escenario, el crecimiento para países con baja inserción en las cadenas de valor globales de la Cuarta Revolución Industrial estará, seguramente, comprometido.

Desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales como ciencia, a partir de la década de 1970, la “tercera ola” (Alvin Toffler) provocada por la internet, las comunicaciones y los transportes, convierte el factor tecnológico en objeto de análisis del teórico. Varias generaciones de transnacionalistas (Joseph Nye, Robert Keohane, Margaret E. Keck, Kathryn Sikkink, Helmut K. Anheier, Marlies Glasius, Mary Kaldor, entre otros) con una visión interactiva y cooperativa de las Relaciones Internacionales, destacan la existencia de una diversidad de actores, más allá del Estado.

En el transcurso del pensamiento teórico, todavía en el ámbito de nuestra ciencia, la corriente globalista (Marshall Macluhan,  Zbigniew Brzezinski, Theodore Levitt, y  Ulrich Beck) observaba los impactos globales generados por los fenómenos locales, identificando las oportunidades y riesgos de un proceso caracterizado como siendo multidimensional. Hoy, en plena pandemia, gana vigencia la teoría de la “Sociedad de Riesgo” de Beck.

Por otro lado, las teorías estruturalistas (Fernand Braudel, Immanuel Wallerstein, y otros) revigorizan, ahora con la atención puesta en las transformaciones que se generan a largo plazo. En ese sentido, autores como José António Sanahuja defienden la tesis de que el orden liberal que sustenta la Globalización está en crisis.[vii]

Entretanto, una generalidad de otros teóricos, en línea con el neorrealismo de Kenneth Waltz, actualizan la imagen de un mundo bipolar, ahora dividido en áreas de influencia entre las dos Grandes Potencias del momento.

Frente a las teorías enunciadas atrás, observamos que, si bien es verdad que los EUA y China compiten hoy, lo hacen, principalmente, en las áreas económica y comercial. En el campo tecnológico, la competencia incluye otros actores, grandes consorcios internacionales como Google, Facebook, etc.

Por otro lado vemos que, los valores occidentales asociados al orden liberal se muestran insuficientes delante del déficit de responsabilidad democrática que existe en la gobernanza internacional[viii]. La Gobernanza se deslegitima y falla. Y como “efecto perverso” de la Globalización, la comunicación internacional (propaganda) en vez de ayudar a preservar el orden que sustenta todo este proceso,  ataca sus cimientos, valores e instituciones. El resultado está a la vista de todos.

Anárquica, y desprovista de orden, la Sociedad Internacional (en el sentido de la Escuela Española de António Truyol) tiende al caos. Aumenta la imprevisibilidad e incertidumbre, impidiendo que agentes, incluyendo los Estados, puedan definir estrategias que les permitan competir, sin alterar el equilibrio del sistema. En relación al gigante asiático, por ejemplo, Arturo Oropeza García observa que “China participa en el desorden pero también sufre”[ix]. Para el teórico chino Yan Xuetong, en un sistema internacional anárquico, el poder es fundamental y “los intereses nacionales no son negociables”.[x] Se abre espacio para el enfrentamiento.

Pero hoy, es evidente también, que el poder está más difuso. La diplomacia y la guerra en sus acepciones clásicas van perdiendo eficacia, poniendo en evidencia la erosión de las soberanías y la emergencia de nuevos poderes, como vimos, menos legítimos. ¿Cómo combatir las malas consecuencias del poder? Arnold Toynbee responde: Ética y más ética.[xi] Y ¿Qué sabemos sobre el nuevo orden internacional? Para responder a esta pregunta, el debate entre paradigmas será más o menos útil según sean las insuficiencias que asuman los teóricos de nuestra ciencia.


[i] Schwab, K. (2019). A quarta revolução industrial. Trad. Daniel Moreira Miranda (Título original: The Fourth Industrial Reviolution).  São Paulo: Edipro.

[ii] US Bureau of Labor Statistics, American Time Use Survey Summary. Contenido on line, disponible en https://www.bls.gov/news.release/atus.nr0.htm

[iii] World Economic Forum, “Working from home was a luxury for the relatively affluent before coronavirus – not any more. Contenido on line, disponible en https://www.weforum.org/agenda/2020/03/working-from-home-coronavirus-workers-future-of-work/”

[iv] Según datos de la consultora iiMedia Research, disponibles en https://www.iimedia.cn/c400/68850.html

[v] “El teletrabajo crece en el mundo, pero es cuesta arriba en Venezuela”, Periódico El Nacional on line, 5/06/2020. Disponible en https://www.elnacional.com/ciencia-tecnologia/el-teletrabajo-crece-en-el-mundo-pero-es-cuesta-arriba-en-venezuela/

[vi] Sanahuja, José Antonio, “¿Bipolaridad en ascenso? Análisis equívocos frente a la crisis de la globalización” en Foreign Affairs Latinoamérica vol. 20 No. 2. 2020.

[vii] Ibíd.

[viii] Mazower, Mark (2017) , Governar o Mundo. Trad. Miguel Mata (Título original: Governing the Worls, 2012). Lisboa: Edições 70,  p. 445.

[ix] Arturo Oropeza Garcia en la Conferencia sobre el tema “América Latina y la China”,  realizada en la Universidade Autónoma de Lisboa, el 29 de Mayo de 2020.

[x] Xuetong, Y. (2006). The rise of China and its power status. The Chinese journal of international politics, 1(1), 5-33.

[xi] Toynbee, Arnold e Ikeda, Daisaku, (1976), Escolha a vida. Um diálogo sobre o Futuro. Trad. Ruy Jungmann (Título original: Choose Life). Rio de Janeiro: Editora Record, p. 44.

Nancy Elena Ferreira Gomes

Internacionalista UCV. Doctora en Relaciones Internacionales por la Universidade Nova de Lisboa. Profesora Asociada de la Universidade Autónoma de Lisboa. Investigadora integrada en el Observatório de Relações Exteriores (OBERVARE)

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