Por Luis Daniel Álvarez V.

Luis Daniel Álvarez V

Calificar la gestión de una persona cuando apenas ha transcurrido una semana de haber asumido el cargo, puede resultar temerario. Lo justo sería dar un adecuado margen de espera para que se empiece a asomar en el horizonte una ruta de acción que permita formular escenarios y valorar el proceder. Por ello, algunos tienden a recomendar que se espere a que transcurran los primeros cien días de gestión, a efectos de poder tener un panorama más claro que permita valorar los ejes de trabajo, los equipos que constituyen el gobierno y la calidad de las decisiones que se han tomado.

Sin embargo, dada la relevancia que para Venezuela y la región tiene la dinámica colombiana, conviene examinar las perspectivas que se asoman una vez Gustavo Petro se convirtió formalmente en el presidente de Colombia. En primer lugar había que dedicar algunas líneas a la estructura del gabinete, resaltando que varios cargos han sido entregados a personalidades de relevante desempeño en la sociedad como son Alejandro Gaviria en la cartera de Educación y José Antonio Ocampo en el Ministerio de Hacienda. A ellos podrían unirse Álvaro Leyva Durán y Alfonso Prada, actores de larga trayectoria y que tendrán la tarea de garantizar la negociación necesaria para que el gobierno obtenga la confianza requerida para cumplir sus objetivos. Sin embargo, algunos nombres generan inquietud, fundamentalmente la ministra del Trabajo, Gloria Inés Ramírez, y la vicepresidenta de la República Francia Márquez (quien asumirá también el Ministerio de la Igualdad), personajes que poseen discursos y actitudes marcadamente radicales. El reto del presidente será escuchar a sus ministros y tratar que un gabinete tan diverso en posturas ideológicas y discursos no se convierta en una imposibilidad para generar acuerdos.

La transición del poder se estructuró sobre la base del respeto y la armonía. Tanto el gobierno saliente como el entrante adecuaron sus puntos de vista y entendieron que era un perfil institucional el que debía privar. Probablemente la única piedra en el camino fue la solicitud de Petro para que en el acto de toma de posesión estuviese la espada de Simón Bolívar, iniciativa que no fue avalada por el presidente Duque. De allí que en una muestra, a nuestro juicio equivocada y altanera, Petro, ya en ejercicio del cargo, pidió que le llevaran la espada, deteniéndose el acto mientras funcionarios militares acataban la orden. Pareciera que el asunto fue mal manejado, pues dejó al nuevo mandatario como un ser soberbio que quiso imponer un símbolo que podía pasar, a juicio de muchos analistas, como un capricho.

Si bien el discurso del presidente entrante no fue altisonante ni generó escándalos, el acto tuvo ciertos episodios que parecieran alejarlo de la solemnidad de rigor y moverlo hacia una línea de populismo que genera inquietud. El que suprimieran la alfombra roja por la que debía caminar el jefe del Estado, que la banda presidencial la colocara una senadora por ser hija de Carlos Pizarro –personaje con el que Petro compartió en la subversión- o el largo y acomodaticio discurso del presidente del Congreso, Roy Barreras, son simples aristas del inicio de una gestión que corre el riesgo de quedarse en las formas y no en el fondo.

Le toca a Petro una presidencia dura que depende de su habilidad y de los aliados coyunturales que tiene. Radicalizarse es perder la gobernabilidad que le garantizaría tener tranquilidad, en un país en el que la mitad de los electores no acompañó su propuesta.

Luis Daniel Álvarez V.

Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Profesor en la UCV y UCAB. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Secretario General del CODEIV

correoacademicoldav@gmail.com

@luisdalvarezva

Un comentario

  1. Bien escrito, bien informado, una vez más con este nuevo artículo el colega Luis Daniel Álvarez ratifica su calidad de articulista sobre temas internacionales. Nos complace que dirija nuestra querida Escuela de Estudios Internacionales de la UCV.
    Sin embargo, al invitar a sus lectores a que lean su artículo, se refiere al “ excelentísimo y honorable Colegio de Internacionalistas de Venezuela”. Entiendo que a nuestro colegio profesional se le pueda llamar honorable, pero no así excelentísimo, expresión más usada para nombrar a personalidades , no a instituciones.

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