Por Luis Daniel Álvarez V.

Si bien en España los ayuntamientos se han instalado para elegir a las autoridades municipales, Barcelona en Cataluña se ha convertido en tendencia por el movimiento interno asumido por los distintos factores que ha llevado a que el líder del Partido Socialista de Cataluña, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de esa región, Jaume Collboni se convierta en el alcalde de la ciudad, arrebatándole al virtual ganador y exalcalde, Xavier Trías, el triunfo, la conducción de la ciudad y la puesta en práctica de una manera de hacer política.

Del resultado podrían decirse muchas cosas y hacerse ejercicios de distinta naturaleza. El primero de ellos es la frustración de los sectores independentistas de Junts y de Esquerra Republicana Catalana al no lograr concebir su proyecto unitario –pese a sus diferencias- de triunfar, expresado en el mensaje de Trías, quien no sólo manifestó que tenía su discurso de alcalde escrito y listo para ser leído, sino que fustigó con dureza a sus adversarios, victimizó su proceder y reprochó con amargura la actuación de sus detractores, al tiempo que daba indicios de no mantenerse como edil y asomar una eventual salida de su escaño como concejal.

El otro factor relevante viene dado por los grupos que acordaron y dieron los 23 sufragios que obtuvo Collboni sobre Trías. El primer actor es el PSOE que logra, después de doce años, recuperar la conducción municipal, factor que cobra todavía mayor significado al ocurrir en medio de un escenario en el que el presidente de gobierno, Pedro Sánchez convocó a elecciones adelantadas luego, justamente, de unos resultados poco halagadores en los últimos comicios municipales, cuyas figuras electas están asumiendo. Lo relevante del acontecimiento es que gobernar una ciudad como Barcelona implica un empuje moral significativo y relevante.

El otro grupo que ha dado de que hablar es el Partido Popular (PP), agrupación que en la sesión de elección del burgomaestre secundó la postulación del dirigente socialista catalán. Aunque algunos hablan de un pacto al más alto nivel, desde el PSOE responden que lo ocurrido pasa por un escenario regional y que sus diferencias con Núñez Feijóo son notables y frontales. Sin embargo, más allá de eso, un acuerdo entre ambos partidos, por más básico que sea y por mínima que resulte su escala, es la prueba fehaciente de una política de estabilidad y de altura que eventualmente puede privar en la política española.

Finalmente, fue crucial el respaldo a Collboni de la agrupación de la actual alcaldesa Ada Colau quien señaló votar por el socialista sin ánimo y prácticamente por compromiso para evitar la llegada de Trías y su visión opuesta de la ciudad. De todas maneras la ahora exalcaldesa indicó que harán oposición a la nueva gestión y que no se integrarán al equipo de gobierno, aunque acompañarán al alcalde en algunas iniciativas.

Bien sea por escoger “al mal menor” –como señaló Colau- o para poner un freno al independentismo y a las apetencias de Carles Puigdemont –como señaló el líder del PP en la localidad, Daniel Sirera. El hecho es que los populares logran el gran acierto de incidir en una ciudad que les ha resultado esquiva, impiden que un independentista llegue y evitan que Colau se mantenga en la alcaldía.

Esto no es más que el preámbulo de una contienda electoral que se asoma fuerte y donde Sánchez aspira mantenerse en el cargo. Tener la alcaldía de Barcelona puede ser un gran aliciente.

Luis Daniel Álvarez V.

Internacionalista UCV, Doctor en Ciencias Sociales. Profesor en la UCV y UCAB. Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Secretario General del CODEIV

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@luisdalvarezva

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