Por Rafael Gallegos                             

La historia reciente nos demuestra que en lo único que estamos de acuerdo los venezolanos es en … que no estamos de acuerdo. Y esa es una falla fundamental que nos impide abordar con éxito el futuro. Se cansa uno de observar cómo cada político anda por su lado.

Esta circunstancia se agrava porque la política de permanencia forever del gobierno, se alimenta de la división de los opositores. Ante la derrota electoral que se les viene encima para el 2024 – si la oposición trabaja bien- crean post verdades y muchas estratagemas. En esto son coherentes con la estrategia “revolucionaria” de destrucción made in La Habana, origen de aspectos como que los opositores pasaran a ser enemigos, y que en la Asamblea Nacional acabaran con la tradición de repartirse la directiva entre los partidos.

Entendieron a la polarización como su negocio, y más que paradoja es estrategia que cuando hablan de diálogo es para utilizarlo como bandera …  para no dialogar.

El resultado ha sido este marasmo nacional. Un país derrotado en medio de una “revolución” triunfante. La frase del apreciado economista José Toro Hardy, describe de manera dramática la situación nacional: “Acabaron con el 75% del PIB, le quitaron 14 ceros al bolívar, provocaron que el 25% de los venezolanos migraran, más del 50% de la población vive en pobreza extrema, destruyeron a Pdvsa, acabaron con los servicios públicos, ¿qué más quieren?”

Y los líderes de oposición, actúan cada uno por su lado como si estuviéramos en un proceso electoral de Europa y no en un evento álgido donde la meta es rescatar la democracia y se requiere lo mejor de cada líder político.

En este escenario, la elección Primaria es la única salida posible que se vislumbra.  

Para superar este caos, es imperativo que los precandidatos conversen. Que lleguen a acuerdos que le hagan sentir a la población que forman parte del mismo equipo que tiene como meta muy plausible la reconstrucción de Venezuela.

Pero resulta que a veces, ni se hablan.

Los precandidatos están obligados a sentarse alrededor de una mesa y determinar una Visión de Venezuela, que inspire a los ciudadanos, que los movilice hacia el recate del país. Que inspire, como Kennedy cuando emocionó a los norteamericanos – que perdían su carrera del espacio con la URSS – con el difícil reto de la llegada a la Luna antes de 1970… ¡Y llegaron!

 Una visión que refleje cómo nos queremos ver los venezolanos … el país que ambicionamos, democrático, con libertades económicas, alternabilidad, libertad de prensa, instituciones sólidas, con trabajo, empresas petroleras, de servicios, de producción, escuelas, universidades… comida.

Parece de Perogrullo, pero ¿algún precandidato ha mostrado un programa de gobierno?, Conti menos una visión conjunta que compartamos los venezolanos.

Es… indispensable.

Como paso previo a un apabullante triunfo electoral que sea la base para rescatar a Venezuela, los precandidatos están obligados a llegar a acuerdos de:

–      Respeto entre ellos.

–      Apoyo – con toda el alma – al candidato (ta) que resulte ganador de la Primaria, en la campaña presidencial.

–      Gobernabilidad.

Ya basta de tanto archipiélago que sólo conduce a la derrota.

Capitalizar el descontento

Las encuestas serias reflejan que al gobierno no lo quiere nadie. Y es lógico, con esta hambrazón, ¿quién puede querer al gobierno?

Sin embargo, la oposición dividida corre el riesgo de darle un triunfo – limpio- a la “revolución” … tres o cuatro candidatos anti gobierno darían como resultado un triunfo de la “revolución” con un 25 o 30% de los votos.

Y si a esto aunamos la falta de mensaje –  más allá de sacar a Maduro –  no es de extrañar que buena parte del pueblo se pregunte: ¿cambiar… para qué?  O que haga suya la derrotista frase: más vale malo conocido que bueno por conocer.

A los venezolanos nos urge que los precandidatos transmitan mensajes que motiven y movilicen a esa mayoría tan desencantada.  Y que pongan a vibrar a la sociedad tras un cambio posible y necesario.

Urgente… pueblo en marasmo solicita líder unitario que lo haga vibrar hacia una nueva Venezuela.

El 31 de enero de 2025 nuestras generaciones pasarían por la vergüenza de que la “revolución” iguale el récord de permanencia de Juan Vicente Gómez en el país. Y que sume y siga. ¿Eso es lo que usted quiere para Venezuela?

La fuerza de la Primaria

La Primaria es una gran oportunidad para generar una gran fuerza popular. Y el gobierno lo sabe, por ello intenta desvirtuarla de mil maneras.

Precandidatos, unidad y propósito, y vibración popular… de lo contrario quedaría asfaltado el camino a la continuación de la “revolución”. ¿No retorno? Remember Cuba… o Nicaragua.

Todos los demócratas debemos salir a votar en la Primaria del 22 de octubre. Más que elegir a un candidato, elegir al líder unitario que nos conduzca al triunfo en el 2024. A provocar un sunami… de democracia.

Ya basta de tanto marasmo. A lo Kennedy (otra vez), cada uno de nosotros debe dejar de preguntar que hará Venezuela por mí, y salir a la arena política preguntando qué puedo hacer yo por mi país.

Ya basta de contemplar este espectáculo.

Rafael Gallegos Castro

Ingeniero Petrolero. Ex-gerente en PDVSA. Profesor del IESA. Miembro de Gente del Petróleo. Coordinador Académico del Diplomado de “Diplomacia Petrolera y otras Energías” del CODEIV

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