Por Rafael Gallegos                       

Se cumplen 31 años del intento de derrocamiento contra el presidente democrático Carlos Andrés Pérez. A corto plazo una derrota militar, a mediano plazo una victoria política para los golpistas, y a largo plazo la destrucción (estratégica) de Venezuela.

En ese entonces, yo trabajaba en Corpoven Barinas. No tenía teléfono en mi casa, así que debí ser uno de los pocos venezolanos que durmió completo esa noche. Al despertarme encendí el televisor como de costumbre. El periodista Carlos Fernandes mostraba la famosa foto de la tanqueta subiendo las escaleras de Miraflores. Fernandes dijo: aquí tienen una foto del golpe de estado.

–      ¿Un golpe? –  me dije en un ejercicio de inocencia – debe ser en Argentina o en Haití…

Cuando llegué a la empresa encontré a tres gerentes viendo los acontecimientos por TV.

–      Aquí todos estamos con el golpe- me dijo bromeando y buscándome la lengua uno de ellos.

–      El que esté con el golpe es un traidor a la patria – me salió del alma.

Yo no podía comprender la existencia de golpistas luego de treinta y cuatro años continuos de democracia y menos en las puertas del siglo XXI. Para mí, eso era prueba superada. Pensaba que esa intentona era un regreso a las cavernas de Trucutrú.

Cierto que Venezuela tenía problemas muy serios. La administración de los cuantiosos ingresos petroleros de los setenta había resultado un fracaso. Devaluación, inflación, el 60% de pobreza, aflojamiento de los resortes morales, cuantiosa deuda. Sin embargo, la superación de esta problemática debía ser por la vía democrática. La perfectibilidad de la democracia, como decía el presidente Herrera Campins.

Además, el actual gobierno de CAP mostraba buenos indicadores. El llamado paquete económico comenzaba a dar resultados. Bajaban la pobreza y la inflación, aumentaban las inversiones, la empresa petrolera se abría al capital privado, el estado privatizaba empresas como Cantv, las de Guayana, etc. … el país comenzaba a revertir lo que Pérez Alfonzo llamó “el desastre”. Al decir de Miguel Rodríguez, estábamos en la ruta de un Qatar, o algo así.

Me sorprendió el apoyo que tenía Hugo Chávez en Barinas. Mucha gente lo conocía y había jugado pelota con él, o cantado serenatas. El apoyo era general. En Caracas – y en Venezuela – los padres disfrazaron de Chávez a sus niños ese carnaval. La gente vio a los golpistas como unos simpáticos muchachones, no como los responsables de decenas de muertos y heridos, y sobre todo de una fractura hasta ahora irrecuperable, de la república civil.

Un joven, hoy de unos 35 años, me contó la pena que sentía al verse disfrazado de esa manera en una foto de la época.

Chávez y otros militares fueron apresados, con unas libertades y publicidad que ni sueñan los presos políticos de hoy. Para muchos, los jóvenes militares habían hecho una travesura.

La travesura más cara de la historia de Venezuela.

UN GOLPE CON VEINTE AÑOS DE GESTACIÓN

Los “muchachos” eran el producto de una estrategia elaborada entre Fidel Castro (siempre Fidel, el Lex Luthor latinoamericano) y comandantes guerrilleros derrotados en el proceso subversivo de los sesenta. Consistía en penetrar las escuelas militares para tomar el poder.  Luego de varias generaciones de oficiales, maduraron las condiciones…  y vino el 4F.

Por eso Chávez al salir de la cárcel, sobreseído por el presidente Caldera, fue invitado por Fidel Castro a Cuba. Mayúscula sorpresa la de Chávez al asomarse por la ventanilla y ver al mismísimo “caballo” esperándolo al pie de la escalerilla. No podía creerlo.  Al comandante del 4F le dieron tratamiento de jefe de Estado. El plan cubano estaba en camino. Castro alucinó a Chávez.

–      Dios mío yo no creo en ti, Tú sabes que yo soy ateo – y que rezó el dictador cubano – pero gracias, mil gracias por mandarme este muchachote. “

Luego de más de treinta años, Castro estaba en vías de lograr lo que no pudo con el presidente electo Rómulo Betancourt en 1959, cuando le pidió dinero “para echarle una vaina a los gringos”.

–      El tesoro está en la inopia -le respondió de malas pulgas y con su voz chillona, el venezolano.

Años después en un “Aló presidente”, Castro recordaría a Betancourt como un individuo muy antipático. Gracias a Dios, agregamos nosotros. 

Como sabemos, en 1998, la masiva votación de este mismo pueblo que hoy pasa hambre con salarios y pensiones de indigentes, llevó a Hugo Chávez a la presidencia de la República.

Entonces, Fidel Castro comenzó a ejecutar su plan: 1.- “Echarles una vaina a los gringos” … con el petróleo venezolano, 2.- Mejorar significativamente las finanzas de la revolución cubana … con el petróleo venezolano y 3.- Iniciar la destrucción estratégica de Venezuela (copiar el modelo comunista habanero), para gobernarla forever.

Para mantener su dominio sicológico, Castro alababa a Chávez con frases como: tú manejas mal; pero eres un conductor de pueblos.

Cuando visitaron la casa natal de Chávez en Sabaneta, el jefe cubano le dijo: serás tan grande, que en el futuro tendrán que hacer una autopista de seis canales para que venga la gente a visitar tu casa.

Al montarse en el carro para regresar, el inusual silencio del comandante presidente Chávez por muchos minutos, asombró al mismo Fidel Castro y a los otros pasajeros, nada menos que Luís Miquilena y JV Rangel.  

Fidel le había dado a Chávez en todo el centro de su ego.

4F, ANTÍPODA DEL 23E

El 23E fue para restaurar la democracia… el 4F para derrocar un gobierno democrático.

El 23E implantó un proceso democrático de 40 años… el 4F inició la destrucción de la democracia.

Los gobiernos producto  del 23E construyeron Pdvsa… los gobiernos producto del 4F, la destruyeron.

Los gobiernos surgidos del 23E construyeron la siderúrgica, las empresas de aluminio, las eléctricas, las de agua, el Metro de Caracas… los gobiernos surgidos del 4F, las acabaron.

Los gobiernos emanados del 23E construyeron Guri, el puente sobre el Lago, el puente sobre el Rio Orinoco, el sureste de Caracas, miles de escuelas que funcionaban, universidades, hospitales y centros de salud, parques nacionales. Crecieron significativamente las ciudades del interior de Venezuela… los gobiernos emanados del 4F, gastaron un billón de dólares sin que se vea contraprestación, tan solo viviendas (falta contraloría que verifique), el segundo puente sobre el Río Orinoco, algunas estaciones del Metro (hoy colapsado), ¡ah! y el Arco Minero, entre otros…

El 23E construyó un país de inmigrantes… el 4F ha devenido en esta vergonzosa diáspora.

La destrucción de la “revolución” no tiene parangón. Los sueldos y pensiones más bajos del mundo… y no hay dinero para aumentarlas sin generar hiperinflación. Y de las libertades democráticas: medios clausurados y elecciones opacas. 

4F, ¿algo qué celebrar? Por favor…

Rafael Gallegos

Ingeniero Petrolero. Ex-gerente en PDVSA. Profesor del IESA. Miembro de Gente del Petróleo. Coordinador Académico del Diplomado de “Diplomacia Petrolera y otras Energías” del CODEIV

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